El gobierno neoliberal del presidente Ollanta Humala en Perú
ha ordenado que el proyecto minero aurífero de Conga se ejecute, sin ningún tipo
de restricciones.
Esto es terrible, porque significa una traición descarada de Ollanta Humala y su gobierno a los pueblos de Perú que no votaron por el continuismo neoliberal, pero sobretodo porque esto ocasionará asesinatos y violencia en la región norteña de Cajamarca y posiblemente el resto del país.
Después de meses de campañas de distracción masiva y manipulación mediática, intimidación de activistas en Cajamarca, reportes y peritajes simulados de estudios ambientales y demás mentiras, el gobierno de Humala ha dado su aprobación al proyecto de oro más grande y más destructivo del planeta.
Esto es terrible, porque significa una traición descarada de Ollanta Humala y su gobierno a los pueblos de Perú que no votaron por el continuismo neoliberal, pero sobretodo porque esto ocasionará asesinatos y violencia en la región norteña de Cajamarca y posiblemente el resto del país.
Después de meses de campañas de distracción masiva y manipulación mediática, intimidación de activistas en Cajamarca, reportes y peritajes simulados de estudios ambientales y demás mentiras, el gobierno de Humala ha dado su aprobación al proyecto de oro más grande y más destructivo del planeta.
Con esta orden torpe, suicida y completamente forzada por
los poderes económicos que controlan Perú, el traidor Humala acaba de sembrar
las semillas de la división, la inestabilidad y la represión estatal de los
pueblos andinos en Perú.
Y como siempre, la minería destruye y mata. Conga es un
proyecto minero privado, propiedad de la minera Yanachocha un conglomerado de la destructiva y corrupta minera
estadounidense Newmont, de la destructiva y corrupta Buenaventura, y del neo
colonialista Banco Mundial, un acreedor internacional controlado por el
gobierno EE.UU.
Los pueblos de Cajamarca en Perú deben estar en alerta
máxima porque las fuerzas represivas del gobierno de Lima tienen orden del arrogante
presidente de reprimirlos violentamente. Ya han enviado más de mil soldados y agentes
de policía militarizada, y cientos de mercenarios vestidos de civil, muchos de
los cuales están pagados por las mineras privadas.
Lo más probable: vienen protestas violentas en Cajamarca y
la represión militar-policial del gobierno de Lima. Esto causará muertes de
uniformados y de civiles, sobretodo indígenas. La prensa de Lima acusará a los
pobladores cajamarquinos de terrorismo, encarcelara a dirigentes, desplazaran a
indígenas de sus tierras a la fuerza, será una lucha de mucho tiempo. Tiempos difíciles
esperan a los peruanos.
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| Mapa via Peruanista |
El proyecto aurífero de Conga no debe realizarse.
Este es un proyecto inminentemente destructivo que no traerá
progreso a Perú. Por más restricciones que pongan, no hay forma de evitar que
la minería –formal o informal- destruya la cuenca acuífera de los Andes de
Cajamarca. Las limosnas que la minera Yanacocha dejará a los cajamarquinos, no compensarán
los daños humanos y ecológicos permanentes e irremediables que se ocurrirán si
se realiza este proyecto.
Primero, el gobierno de Lima no tiene la capacidad moral,
tecnológica ni logística para hacer respetar sus acuerdos con las mafias de
gran minería. Ni siquiera pueden controlar el crimen en Lima, ni evitar que
unas 20 corporaciones de EE.UU. estén ahora mismo saqueando las maderas de la
selva amazónica, talando árboles indiscriminadamente. No pueden siquiera evitar
que las mineras envenenen los pulmones de los peruanos de La Oroya o el puerto
de Callao. No pueden, ni les interesa.
Segundo, al gobierno de Ollanta Humala solo le interesa el
maldito dinero, no los derechos de los ciudadanos que los pusieron en el poder
Ejecutivo. Lo que ha ocurrido ayer es una vil traición de un gobierno que está
secuestrado por mafias y grupos de interés económico y político. Las monarquías,
sectas y mafias económicas de EE.UU. y Europa se han instalado en el Palacio de
Gobierno de Lima. Es hora de expulsarlos.
Tercero, los "inversionistas" de industrias
extractivas de todo el mundo solo destruyen, nunca respetan a sus trabajadores
ni al medio ambiente, nunca. Ni en EE.UU. ni Europa, muchos menos en Perú. La
única forma de que la gran minería respete el medio ambiente, los derechos
humanos y el bienestar de los peruanos y sobre todo los andinos, es
manteniéndose bien pero bien lejos de las zonas ecológicas frágiles y
vulnerables, como los cauces de los ríos, los nacimiento de lagunas, las
montanas sagradas, los valles intocables. Lejos.
Cuarto, el Estado peruano y centralista NUNCA ha
representado a todos los peruanos y sobre todo a las regiones de provincias. El
caso de Conga refleja la arrogante, estúpida, ingenua y soberbia actitud del
gobierno de Lima, que pretende decidir sobre los destinos, la vida y la
propiedad de las comunidades indígenas de Cajamarca. “No somos un país federal,”
dicen los centralistas. No somos una colonia tampoco, deben responder los
cajamarquinos.
Quinto, el proyecto minero Conga fue firmado por el mafioso
y ladrón Alan García. Ningún acuerdo firmado por ese criminal debería tener
validez legal, incluyendo los tratados de “libre” comercio, las concesiones petrolíferas,
gasíferas, de agro industria, madereras y de minería. García robó las
elecciones de 2006, ha sido un presidente ilegitimo.
Sexto, la minería tanto formal como informal en Perú y el
mundo, solo destruye. Es cierto que crea empleos, lo sé yo que nací y crecí en
pueblos mineros, mi familia pudo subsistir en base al trabajo de mi padre en la
minería. Pero nosotros fuimos afortunados de que mi padre trabajara en un
empleo de oficina. Los empleos en las minas son inhumanos, tóxicos, abusivos.
Los indígenas andinos que trabajan como esclavos casi en la gran minería, se
mueren antes de cumplir 60 y sus familias nunca salen de la pobreza en
realidad. No hay limosna que compense la destrucción de comunidades enteras y
el único planeta que tenemos.
Finalmente, hoy es más obvio que nunca que el Estado peruano
funciona en beneficio de las mafias extranjeras que controlan las naciones más
adineradas y más armadas del planeta. Es difícil luchar contra estos poderes,
pero no imposible. Perú necesita liberarse.
No habrá en Perú un gobierno popular del pueblo y para el
pueblo, a menos que haya un cambio radical de gobierno, de leyes y de personas.
Se puede lograr ese cambio. Hay que erradicar el modelo económico neoliberal
que está saqueando el país y explotando a los peruanos. Se debe derogar la Constitución
fujimorista impuesta por Wall Street en 1993. Se debe enjuiciar a los
vende-patrias que saquearon el país con las privatizaciones de los 1990 y 2000,
y exigir que devuelvan los ingresos de esas subastas. Se debe instalar un
gobierno socialista y solidario donde la vida humana sea la prioridad, no el
capital ni los privilegios de una minoría diminuta.
Ante la traición de Humala, los pueblos de Cajamarca y el
resto de Perú pueden y deben usar el derecho a la insurrección y la
desobediencia civil pacífica. Los hermanos Humala utilizaron este derecho –y deber-
cuando los gobiernos neoliberales de Fujimori y Toledo desconocieron las leyes
peruanas y la soberanía nacional, para entregar los recursos de los peruanos a
mafias extranjeras. Ahora Humala está repitiendo ese modelo fallido que está
disfrazado con cifras de un ficticio “crecimiento” económico de una minoría,
mientras que la gran mayoría de peruanos viven en la miseria.
Si se permite que Conga se realice los peruanos habrán
perdido su patria, sus tierras y sus derechos ciudadanos para siempre. Conga no
debe ir, de ninguna manera.
En la lucha.






