El presidente de Venezuela Hugo Chávez se toca el rostro durante la foto oficial de líderes de Latino América en la cumbre de Cancún el 22 de febrero de 2010. Foto Reuters
Es fácil comprender los motivos que tuvieron los presidentes de Colombia y Venezuela para perder los papeles el lunes pasado e insultarse mutuamente durante la Cumbre de Río, haciendo un papelón en Cancún mientras se buscaba la “unidad latinoamericana”, bajo la convocatoria del presidente de México. Pero no es cosa simple el justificar esas acciones lamentables.
Álvaro Uribe y Hugo Chávez son tan opuestos como la historia misma de los pueblos de Latino América, de opresores y revolucionarios, de invasores y sublevados, de derechistas e izquierdistas. Ambos son caudillos en sus países con poderes extraordinarios y a quienes el poder está cegando obviamente. Los enormes egos de estos mandatarios ya han creando tensiones que podrían traducirse en tragedias innecesarias en la región.
Durante la intervención de Hugo Chávez en la Cumbre de Rio, Uribe le increpó por “embargar a las empresas colombianas en Venezuela”, comparando esa situación con el embargo de EEUU contra Cuba. Uribe se refería al hecho que el gobierno venezolano prefiere comprar bienes a países más competitivos como Argentina y Brasil. El colombiano se olvidó del libre comercio que tanto defiende.
Entonces Chávez respondió que eso era mentira, que Uribe había enviado paramilitares para asesinarlo y que si era interrumpido otra vez, se retiraba de la sala. Uribe respondió: “Se un varón, discute cara a cara, no grites cuando estas solo…” entonces Chávez lo mandó a su sitio. “Vete al carajo” gritó el venezolano, entre otras cosas. A su regreso a Caracas, Hugo Chávez aclara en conferencia de prensa:
Las tensiones entre los presidentes de Colombia y Venezuela tienen años de antecedentes, empeoradas por la intervención de grupos conservadores de EEUU y Europa, incluyendo la invasión de militar de Colombia a Ecuador en marzo de 2008, y las siete bases militares que el Pentágono está condicionando en Colombia.
A pesar que ambos países comparten una historia común desde la invasión europea del siglo XVI, no puede haber dos presidentes más distintos en el continente. Uribe y Chávez representan dos corrientes sumamente opuestas en la política de la región, y ahora es obvio que también se detestan a nivel personal.
Por un lado Álvaro Uribe representa la derecha de Latino América, históricamente abusiva, racista y corrupta, apoyados por los conservadores de Estados Unidos y Europa. A pesar de tener un éxito relativo en asegurar la seguridad de ciudades colombianas, donde antes había un alto grado de violencia, pero Uribe es acusado de narcotráfico y de financiar a los paramilitares de ultra derecha, en parte con fondos de corporaciones privadas, del narcotráfico y del gobierno de EEUU. Algunos dicen que Uribe fue puesto en el poder por Washington, DC, para contrarrestar la influencia chavista.
Además se acusa a Uribe de ser responsable de torturas, desapariciones de líderes sindicales y el desplazamiento de millones de colombianos, quienes han perdido sus tierras en beneficio de corporaciones privadas. Uribe controla los medios de comunicación y los poderes políticos de Colombia, creando un ficticio ambiente de apoyo a su labor, gracias a las labores de “pacificación” en su lucha contra las guerrillas FARC, un grupo que conserva su poder de alguna forma y quienes aseguran tienen el control de 2/3 partes de Colombia. Con más de siete años en el poder, Uribe ha logrado que un manipulado Congreso reforme las leyes colombianas y ahora busca la reelección por tercera vez en su país.
El presidente de Brasil Luis Inacio Lula Da Silva, conversa con los presidentes de Venezuela y Ecuador, Hugo Chávez y Rafael Correa, mientras que el presidente de Colombia Álvaro Uribe dialoga con el primer ministro de Jamaica Bruce Holding, durante la foto oficial de líderes de Latino América en la cumbre de Cancún el 22 de febrero de 2010. Foto Reuters
En el otro lado de la frontera está Hugo Chávez, un socialista convencido, creador de una corriente continental que ha revivido la izquierda de Latino América, a pesar de la oposición de los mismos conservadores de EEUU y Europa que apoyan a la oligarquía de la región. Chávez ha logrado poner a Venezuela en el mapa mundial de la política y es uno de los líderes mundiales en las luchas por igualdad ante los países históricamente colonialistas; a pesar de excesos en sus discursos y acciones que podrían ser contrarias a la democracia, su liderazgo es reconocido en todo el mundo tanto postivamente como lo contrario.
Mientras que la oligarquía venezolana ha fracasado en su intento de destruir la revolución Bolivariana, basándose en mentiras y campañas de odio, en especulación y promoción del crimen y desabastecimiento de alimentos básicos, o en deserciones como la que hoy protagoniza el gobernador de Lara. Sin embargo Chávez sigue siendo un presidente popular en su país, con más de diez años en el poder. La sociedad venezolana es hoy relativamente más justa, más humana, más digna que muchos países del hemisferio occidental -- pero igualmente está más dividida. El presidente Chávez cometió un error en Cancún, igual que Uribe, y es tiempo que piense mejor en las consecuencias de sus acciones.
No se puede disculpar la falta de tino, decencia y decoro de dos líderes importantes en la región. Lo que deciden estos dos presidentes influye fuertemente en el continente, y obviamente ellos están perdiendo la brújula.
Es claro que la intención de Uribe ha sido desprestigiar a Chávez, mientras hace fracasar la intención de una unidad de las Américas, sin Estados Unidos y Canadá que son los países anglosajones del continente y responsables en gran parte de la pobreza de nuestros pueblos. El plan estaba trazado, como lo ha denunciado el presidente boliviano Evo Morales.
El derechista presidente de México, Felipe Calderón, puesto en el poder por las corporaciones de EEUU que hoy son dueñas del 50% de la economía mexicana gracias al TLCAN (NAFTA), convocó a lograr esta “unión” usando una idea que hace años vienen promoviendo los presidentes izquierdistas del continente. Era una patraña preparada para hacer creer que no podemos unirnos y necesitamos depender de los dos países del norte, que justamente son los aliados más fuertes de los presidentes Uribe, Calderón, Uribe, García, Lobo, Piñera y sus financistas al mismo tiempo. Por ahora, la unidad queda pendiente mientras grupos empresariales de EEUU, Europa, Asia están celebrando.
Este lamentable hecho de enfrentamiento verbal entre dos líderes suramericanos tan respetados y odiados al mismo tiempo, no hace bien a nuestros países. Es tiempo que los presidentes Uribe y Chávez piensen cuidadosamente sobre las consecuencias de sus acciones, más allá de quién tiene la razón ellos tienen una responsabilidad como lideres a quienes muchos miran como ejemplo, sobretodo nuestros jóvenes.
No tiene la razón el que grita o insulta más y Latino América no necesita de matones ni machones. Ojalá que ambos presidentes se disculpen públicamente y dejen los radicalismos en ambos lados, por el bien de millones de colombianos y venezolanos que solo quieren una vida digna, con paz y verdadera unidad. Los países y corporaciones que mantienen divididos a los pueblos de las Américas indígena, africana y mestiza, disfrutan porque mientras sigamos peleándonos, ellos seguirán explotándolos.
Los presidentes de Colombia y Venezuela deben aprender del ejemplo de nuestros pueblos indígenas que siguen unificándose. Este es un video de una presentación del presidente Evo Morales durante su visita a México: