El gobierno de Perú -liderado por Alan García y sus aliados de la extrema derecha peruana- viven un mundo de negación triunfalista luego de la controversial aprobación del TLC con Estados Unidos.
Manifestante chino. Foto AP / Elizabeth DalzielAhora García y sus asesores económicos se han empecinado en promover más
tratados de libre comercio -TLC- con países que no solamente tienen una ventaja abismal económicamente con Perú, sino que tienen historiales de abuso laboral y destrucción del medio ambiente. Terrible error.
El gobierno peruano logró imponer a los peruanos
el TLC con Estados Unidos, aprobado por el congreso estadounidense en diciembre de 2007, después de un controversial proceso que debería ser investigado. Ese TLC es un acuerdo comercial redactado totalmente en Washington, DC -los peruanos no pudieron incluir una sola cláusula en el documento final.
Todo esto, en tiempos en que EEUU se hunde en lo que podría convertirse en la peor crisis financiera y económica en su historia. Y donde, las protestas contra el libre comercio dominaron la reciente contienda electoral, que ganó el senador Barack Obama luego de prometer renegociar algunos de esos acuerdos comerciales.
El gobierno de García se ha propuesto firmar otros acuerdos de "libre" comercio con
China, Canadá y la Unión Europea, entre otros. No le importan las protestas sociales, el descontento general de los peruanos ni las consecuencias negativas de ese modelo comercial.
En vez de
aprender las lecciones del proceso violento y accidentado que se utilizó para aprobar a la fuerza el TLC con EEUU, el gobierno de García ahora ha decidido
ignorar totalmente a sus ciudadanos del debate de los mismos. Ni siquiera se está compartiendo la información referente a estos tratados comerciales que no beneficiarán a la mayoría de peruanos.
Así es que García ha firmado un TLC con el gobierno más derechista y neoliberal de la historia de
Canadá, del primer ministro Stephen Harper: un ultra conservador y amigo cercano de Bush. La semana pasada en Lima, Harper se ha permitido "advertir" -junto al fracasado presidente mexicano Felipe Calderón- al presidente electo Barack Obama, que no se atreva a cumplir con su promesa electoral de renegociar el TLCAN o
NAFTA, el acuerdo comercial promovido por un inexperto Bill Clinton y sus amigos Republicanos.
El TLC con Canadá –país con inversiones en la
minería peruana- entraría en efecto en 2009, después que el parlamento canadiense lo apruebe. No existe una fecha todavía para implementar el TLC con EEUU, a pesar de que ya ha sido aprobado por los congresos de ambos países. García también ha negociado un TLC con
Singapur, Tailandia, Chile y México sin dar informaciones detalladas de sus contenidos. Además García se ha acercado al gobierno de
Brasil para un acuerdo comercial, sin recibir respuesta definitiva.
NAFTA ha sido un éxito para las
corporaciones estadounidenses, canadienses y mexicanas, pero ha sido un
desastre para millones de trabajadores, agricultores y sus familias en los tres países involucrados, pero sobretodo en México, el más pobre. Desde 1994 cuando fue firmado ese acuerdo, la migración ilegal de mexicanos a EEUU aumentó
10 veces, y la diferencia entre los ricos y pobres se ha multiplicado. El TLC con Perú es una
copia casi idéntica del NAFTA.
Eso lo saben muy bien los empresarios que están detrás de las políticas económicas de Perú, y eso lo sabe Alan García que es un
títere de las políticas internacionales diseñadas en los países ricos. A ellos no les interesa el futuro de los peruanos, solo les importa hacer negocios, bastante lucrativos por cierto.
Ahora, con la misma mentalidad
dictatorial comercial –presentada sutilmente por la atractiva y
manipulable ministra
Mercedes Aráoz- se está presionado un
TLC con China, un país con un gobierno abusivo y dictatorial, donde las libertades humanas no se respetan, los derechos laborales casi no existen y con un alarmante historial de destrucción del medio ambiente.
China es de hecho un mercado importante para todo el mundo, una economía emergente con la población más grande del mundo, y una agresividad comercial que lo ha convertido en el segundo acreedor más grande de EEUU después de Japón. Pero los empresarios y gobernantes chinos no son mayormente un ejemplo de honestidad, ni respeto a la dignidad humana, ni al respeto de los derechos humanos.
Las
empresas chinas en Perú que han invertido en la
minería, son un ejemplo del peligroso futuro que espera a los peruanos si abre totalmente sus mercados y recursos a las corporaciones chinas.
El gobierno de Alan García
debe informar a los peruanos acerca de los detalles del TLC con China, algo que hasta los congresistas peruanos desconocen. Hasta entonces, no se debe aprobar ese acuerdo comercial.
Así mismo, Perú debería
suspender conversaciones con la
Unión Europea, hasta lograr un acuerdo con sus vecinos más cercanos: Bolivia y Ecuador, quienes se oponen a las políticas de libre comercio. Perú no puede darle la espalda a sus vecinos para venderse a potencias mundiales, porque esos países hermanos serán también afectados.
Contrario a lo que el gobierno peruano y sus medios de comunicación sumisos proclaman, los
TLC no son buenas herramientas de desarrollo para los países pobres. Son recetas
abusivas que promueven el enriquecimiento de las elites de los países de economías más pequeñas -como es Perú con todos sus socios comerciales mencionados aquí- y el aumento de la dependencia comercial hacia los países desarrollados.
Así mismo los TLC promueven la violación de los derechos civiles y laborales de las mayorías, la explotación humana, la destrucción del planeta, la continuación del colonialismo disfrazado de “libre” mercado, y el abuso de las corporaciones multinacionales, en beneficio de los países industrializados.
En vez del libre comercio,
existen otras alternativas de promoción del comercio -una herramienta vital del progreso- a través de normas que compensen las diferencias entre los países involucrados, para asegurar el beneficio de todas las partes involucradas y promover el desarrollo justo y equilibrado. Se trata del
comercio justo.Pero la realidad es que
ningún TLC firmado por Perú -por los gobiernos de Toledo y García- contienen medidas que aseguren que en el futuro, los peruanos no se verán afectados por las decisiones de golosos y egoístas empresarios y sus abusivos gobiernos. No existen formas de
protección ni garantía contra esos empresarios -que nunca se preocupan por la justicia social, la pobreza humana, ni por conservar el ecosistema, sino por sus ganancias exclusivamente.
Eso lo saben muy bien García y sus socios.
Los peruanos deben levantarse en protesta contra los acuerdos de libre comercio, hasta que el gobierno peruano convoque a
un referéndum nacional acerca de los mismos, informando a la población acerca de los detalles de sus acuerdos con Canadá, China y la Unión Europea.
Seamos los peruanos quienes finalmente decidamos si queremos hipotecar nuestro futuro y el de nuestros hijos, en manos del
mercantilismo más salvaje y despiadado que la humanidad jamás ha experimentado, representado en la reciente cumbre APEC de Lima por su más acérrimo defensor: el genocida de guerra George W. Bush, el apóstol del neoliberalismo.
Los acuerdos comerciales son decisiones que afectarán nuestro futuro inevitablemente. Los peruanos tenemos derecho a decidir si queremos esos acuerdos finalmente.
Es nuestro derecho inalienable..