Hoy es día nacional de Perú, y publico unas notas sacadas de la blogósfera peruana acerca de la bandera peruana, la calata sentada en un caballo, el racista y criollazo ministro de defensa peruano y la oligarquía corrupta que todavía controla ese Perú que amo tanto, pero que aun está lejos de ser la nación que deseo para mi futuro y el de mi familia. Celebremos con la esperanza que otro Perú es posible.
Ministro de defensa peruano Ántero Florez Aráoz en cuerpo de Leysi Suárez. Adaptación: autor anónimo.Valiente contra la bailarina, cobarde contra los asesinos de niñosPablo Pueblo de PerúPasado lo central del escándalo impulsado por el ministro de Defensa Ántero Florez Araoz, podemos resaltar el contraste entre su oportuna y atenta reacción en defensa de la Patria, denunciando a la bailarina, y su displicencia en facilitar el procesamiento de los autores del crimen múltiple de Putis y otros.
Valiente contra la bailarina, cobarde contra los asesinos de niños, mujeres gestantes, dirigentes comunales engañados. Tan locuaz él cuando se trata de comunicar porqué ataca judicialmente a una ciudadana que usa la bandera indebidamente, como silencioso para comunicar qué hará su ministerio para que crímenes enormes que implicaron un uso indebido de las armas y el uniforme estatales no queden impunes.
Qué ese contraste no pase desapercibido. Que el Ministerio de Defensa de este gobierno no sea un signo de las prioridades de la actual conducción del Estado. Y si sí lo es, que podamos cambiar pronto esta conducción, que la promesa de la vida peruana aún puede cumplirse.
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Leysi TownJorge BruceQuienes tengan hijos chicos o nietos reconocerán el programa infantil al que alude el título de esta nota: Lazy Town (Pueblo Perezoso). Pero todos los demás, sin necesidad de estar familiarizados con el hiperactivo Sportacus, la dulce Stephanie o el villano Robbie Rotten, habrán evocado la imagen de nuestra Lady Godiva –que no Bardales– a horcajadas en su corcel, teniendo como montura los sagrados pliegues de la blanquirroja. A lo que el cazurro, dicharachero y picarón ministro de Defensa ha respondido con una denuncia, agravada por unas declaraciones infamantes en CPN radio: "¿Puede considerarse que no es una ofensa utilizar la bandera nacional para tapar un caballo y sentarse en ella para que, un poco más, la bandera peruana sea calzón o Tampax?" Tomemos a la letra el discurso del ministro: la frase "un poco más", en ese contexto, significaría que la bandera nacional ya es una prenda íntima femenina o un tampón menstrual.
Lo que aflora no es el inconsciente de la bailarina, del fotógrafo o de la producción de la revista D'Farándula, sino el del portador del fajín. No contento con hacer el ridículo y ofender a las mujeres, pone en evidencia esa identificación compulsiva que suele apoderarse de los ministros que ocupan ese mismo cargo. Concedámosle a don Ántero el beneficio de la duda y pensemos que él no es, en la vida civil, tan machista, grosero y burdo. Ocurre que quien asume esa responsabilidad de inmediato se siente, como dijo Sánchez-Cerro en un célebre lapsus, "el miembro viril del Ejército peruano" (en vez de miembro del viril Ejército peruano). Y ya que estamos en el ámbito de las connotaciones fálicas, reparemos en cómo la representación de la bandera en contacto con la entrepierna de una bailarina causa escándalo, mientras que, por el otro lado, (por así decirlo) se nos exige colgarla de la punta de un asta para conmemorar las Fiestas Patrias, so pena de multa.
¿En qué quedamos? La bandera tiene que ser obligatoriamente exhibida en el extremo de una figura erecta, pero está prohibido hacerlo en la íntima protección –para mantener la elegante metáfora ministerial– de una figura tibia y blanda. Quizás esto nos permita entender mejor la expresión Ministerio de Defensa. ¿Defensa de qué? De la representación homoerótica (homo significa "igual") del estandarte. Sí señores, la envergadura de la bandera solo puede flamear lanza en ristre. Todo esto podría parecer insignificante y sospechosamente utilizado por el Gobierno para llamar la atención del toro, mediante un trapo rojo y blanco. Mientras tanto, la conducción del Congreso se decide en la Diroes, adonde han acudido tanto los dirigentes fujimoristas como el ministro del Interior, a fin de consultar con un acusado de crímenes gravísimos de corrupción y asesinato, acerca de la nueva Mesa Directiva del Parlamento: ese es el nivel en el que discurre la representatividad política del país, cuyo honor dice defender AFA. No sabemos si es una maniobra de distracción o el socio de Fujimori nos ha dejado paranoicos con su compulsiva manipulación de la opinión, mediante sus obsesivos operativos psicosociales.
Pero esto no es insignificante. La cultura es un ingrediente esencial en la vida de una colectividad. La modernidad no es tan solo cuestión de dinero y tecnología. Las mentalidades no solo deciden los destinos del capital. El subdesarrollo mental debe ser combatido en todas sus facetas. Tal como lo demuestra el caso Putis o la barbarie senderista, las ideologías retrógradas no solo frenan la inversión: atacan el tejido social.
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La bandera ultrajadaNelson ManriqueSi –como dicen– Alan García esperaba subir algunos puntos en las encuestas con el juicio que Ántero Flores-Aráoz le ha abierto a Leysi Suárez, por fotografiarse calata, montada en un corcel, posando sus generosas nalgas sobre la enseña bicolor (a propósito, la alusión de Flores-Aráoz a la bandera y el Támpax es bastante más vulgar que la foto que él enjuicia) la respuesta a sus plegarias han sido las caricaturas que dibujan a García calato, montado sobre un corcel, posando sus augustas etc., etc. Susy Díaz decía que la cuestión es que hablen de ti, no importa cómo, pero que hablen. Si ese era el propósito de la "Operación Juicio", habrá que reconocer que el éxito ha sido resonante.
Seguramente sin proponérselo, Flores-Aráoz ha incorporado a la señorita Suárez a un selecto club de violadores, también enjuiciados, en su momento, por ultrajar los símbolos patrios. En él figuran antipatriotas tan evidentes como Pablo Macera, que dijo: "Perú es un burdel" (excelente la apostilla de Baldomero Cáceres, que discrepaba porque un burdel es algo organizado) y Mario Vargas Llosa, que, cuando dirigió la primera versión cinematográfica de Pantaleón y las visitadoras, en la escena en que Pantaleón ofrecía un banquete a sus prostitutas, puso la bandera como mantel de mesa. Pasada la escandalina que entonces se armó, los enjuiciadores volvieron a su merecidísimo anonimato mientras que Macera y Vargas Llosa prosiguieron su vida, como es sabido.
No puede dejar de maravillar la sacra indignación –por una foto de gusto dudoso– del mismo gobierno que acaba de comprarse una Mesa Directiva para el Congreso corrompiendo a tránsfugas y aliándose con la bancada fujimorista, en un convenio suscrito en plena cárcel con el mismísimo Alberto Fujimori. Una santa alianza con un grupo cuyo único programa es tratar de asegurar la impunidad de su líder. Por otra parte, llevar a la Presidencia del Congreso a Javier Velásquez Quesquén, que acaba de ser puesto en evidencia en un negociado de influencias con personajes de la estatura moral de Torres Caro y Gustavo Espinoza, es una proeza que supera la ya abyecta forma como se constituyó la Mesa Directiva anterior, a la que el Apra llevó precisamente al malhadado Torres Caro. Pertenece a la psiquiatría explicar cómo ciertos políticos pueden escandalizarse ante una vedette en traje de faena, sentada sobre la bicolor, al mismo tiempo que arrastran por el fango la credibilidad del que, según Haya de la Torre, constituye el Primer Poder del Estado.
La majestad de la Patria no reside en sus símbolos formales sino en la conducta de sus ciudadanos, y de aquellos que han sido elegidos para representarla. Por fortuna el Perú es más que el gobierno que lo avergüenza.
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La Dama y el TartamudoGiuliano Vecco F.El orgullo criollo, esa falacia risible inventada por las clases dominantes, ha sido remecido en un solo día por dos acontecimientos: el estrepitoso moqueguazo y la rotunda goleada por 6 a 0 propinada al borrachiento equipo de fútbol que ostenta la blanquirroja hoy dulcemente humedecida por las savias de Leysi Suárez.
Estos dos acontecimientos —el moqueguazo y la goleada— han sumido en la más profunda crisis existencial al establecimiento criollo y son tema de análisis de científicos sociales y otros sesudos y tembleques humanistas por quienes guardo poco respeto. Un tercero, una hermosa potranca mestiza [indígena] y calata montada sobre un sufrido caballo, es motivo de escándalo y denuncias penales. Veamos, la imagen de una hermosa [mujer indígena] desnuda acoplada sobre un caballo, es en sí misma, una figura de desobediencia y conquista de masas, es un subliminal mensaje globalizador en pleno auge neoliberal, como bien observa César Hildebrandt.
Este estremecimiento que han ocasionado tres sucesos aparentemente desvinculados, ha sido tan fuerte que hasta uno de los más notables miembros de la intelectualidad criolla, el poeta, columnista principal de Perú 21/El Comercio y coordinador de la especialidad de periodismo de La Católica, Abelardo Sánchez León (El Tartamudo), se ha visto obligado a reconocer anteladamente que “…quizá sea tiempo de considerar que la bandera del arco iris puede reemplazar a la blanquirroja, símbolo oficial de la gente criolla como yo, concebida a espaldas de la población indígena que no ha sentido suya la independencia…” (Banderas detrás de la niebla, El Comercio, 18 de junio del 2008)
Esta evidencia palmaria del resquebrajamiento moral del pro-extranjero criollismo peruano, y nada menos que desde su prensa misma, desde el buque insignia del clan familiar Miró Quesada y más aún en pluma de uno de sus intelectuales más notables, es por demás sintomático.
Por otro lado, en esta última semana dos sucesos más han remecido a la opinión pública. El circo montado por los delincuentes Carlos Torres Caro (tránsfuga político, maleante en ciernes y novel paparazzo filmador de la cuchipanda en un viaje a Brasil en el que participó el congresista Velásquez Quesquén), el pillo pseudonacionalista Gustavo Espinoza (autor de un proyecto de ley para amnistiar a Antauro Humala y Alberto Kenya Fujimori), amistados dizque por Velásquez Quesquén, alias La [indígena] Quesquén (corrupto congresista candidato por el APRA a la Presidencia del Congreso). Pero no contaban con la astucia del retorcido Gustavo Espinoza, este jíbaro con terno (con perdón de los jíbaros), alumno aplicado de la rata Montesinos, filmó a todos en su miseria al mejor estilo de su maestro. Entonces, la contundencia de este vídeo tiene el efecto de una potentísima enzima, si las palabras con las que el cholo infecto Torres Caro insta a su colega moral Espinoza, no hacen madurar a la fuerza al pueblo peruano, pues la calateada de Leysi merece flores, aplausos y poemas. Leamos la arenga del infecto Torres Caro al jíbaro Espinoza: "Aquí es el bienestar de nosotros primero, eso es lo primero, antes que trabajar por el país tiene que estar el bienestar tuyo".
Y ahora viene lo rico, el día de hoy el señor Ministro de Defensa, Antero Florez-Araoz (sí, el mismo que dijo “qué saben las llamas del TLC”) ha dispuesto que los fiscales ignorantes inicien una investigación preliminar de oficio a Leysi Suárez por supuesto "ultraje" a un símbolo patrio. Además, la graciosa ministra de Justicia, Rosario Fernández ha afirmado que "posar desnuda sobre el pabellón nacional linda con lo ilícito".
Realmente hay que tener una concha de vieja tortuga galápagos para hacer semejantes afirmaciones y rasgarse las vestiduras, actitud comprensible tal vez en una anciana beata, pero en un viejo pajero y carcamán como el Ministro de Defensa... vésteconc…!
Entonces, el singular poeta Abelardo Sánchez León tiene razón cuando se pregunta, esclarecido él, “¿Podemos vivir con dos banderas? ¿A cuál de ellas le debemos lealtad, afecto, reconocimiento? ¿La blanquirroja es para un tipo de peruano y la del arco iris para otro? No conozco país que tenga dos banderas. Quizá la bandera del [Tawantinsuyu] sea un símbolo transnacional y reúna toda aquella área que se asume como heredera de un antiguo imperio, unida por profundos lazos culturales”.
Un país (qué digo país, corral, establo, chiquero) como el Perú, en donde a sola firma se han perdido, donado, cedido más de 300 mil kilómetros cuadrados de territorio a través de tratados diplomáticos firmados por maricones de la Academia Diplomática, no es un país que merezca ostentar siquiera una bandera.
Un país que ha cedido a Chile aire, tierra, mar y hembras no es un país que merezca cantar el somos libres. Porque en este país de mentirillas todo es falso: comenzando por el sucio dios de los cristianos impuesto a sangre y fuego hasta la bandera bicolor con la que Leysi se ha enjugado la fuente de jade, pasando por el escudo, el himno y las fiestas patrias.
Un país cuya economía está totalmente extranjerizada y particularmente chilenizada, no es un país cuyas clases dominantes deban arañarse ante la audacia de una hermosa bailarina mestiza y cachonda que se cubre la papa con un trapo bicolor mil veces pisoteado por las clases dominantes.
Un país que construye el tercer piso del fujimorato (el segundo lo hizo Toledo) sobre montañas de cadáveres y desnutridos crónicos, un país que implementa medidas neoliberales que ni siquiera EU o Francia osarían implementar, un país que farsantea juzgando a Montesinos pero que da vivas a la Vladiconstitución espúrea, un país que firma TLCs sin más criterio que el que dicta Torres Caro (primero son mis negocios, luego los de la patria), debería aplaudir y dar vivas a Leysi Suárez.
Incoherencia total y absoluta: ¿no que ya no habían naciones, por tanto, tampoco banderas? ¿no que no había fronteras, por tanto, tampoco ejércitos ni nacionalismos? Hipócritas y mil veces hipócritas. Nacionalistas de cartón piedra. Yo le pregunto al carcamán y cobarde Ministro de Defensa, ¿oye pezuñento, cuántas pajas te has hecho pensando en la hermosa potranca que hoy condenas? ¿No que son cristianos y que quien esté libre de culpa tire la primera piedra?
El estado de amariconamiento generalizado de la sociedad peruana, particularmente la descomposición política/empresarial/militar clama ahora en voces de sus turiferarios por la condena y apedreamiento público de las camaradas cortesanas, cuando ellas les han restregado en plena cara la ruindad de su sistema neoliberal, con una ironía tan fina que tal vez ni ellas mismas son conscientes de lo sublime del mensaje globalizador que ofrecen posando desnudas sobre un trapo bicolor enmierdado mil veces por las fuerzas armadas, los empresarios, políticos, jueces, curas y demás delincuentes de saco y corbata.
Resulta muy deplorable, por otro lado, ver a muchos izquierdistas y feministas rabiosas emitiendo su opinión sobre este tema bajo la hipócrita moral pequeño-burguesa clasemediera de centro izquierda hoy llamada progresista (bajo el paradigma positivista-eurocentrista y anglosajón) y que nada tiene que ver con la mejor tradición socialista auténtica y revolucionaria. Digo clasemediera porque la gran mayoría de quienes condenan la calateada de la camarada Leisy Suárez bandera en chucha no son capaces de condenar la abyección en que ha caído el Perú por obra y gracia del liberalismo autoritario que gobierna este corral desde hace 20 años, pues esta pseudoclase mimética denominada media por lo peor de la sociología burguesa es un amasijo de gente inestable, sin verdadera ideología pues la que tienen viene impuesta desde arriba, desde sus patrones.
Hace unos meses la compañía de teléfonos celulares Claro (Méjico) bombardeó todo el territorio del Perú con un slogan que además pintaba en gigantescos murales al ingreso de las principales ciudades de la patria: TODO EL PERÚ ES TERRITORIO CLARO. ¿Alguno de estos fariseos condenó acaso a Claro por usurpar el nombre de la nación de manera tan descarada y mercantil? La cadena de farmacias chilena INKAFARMA utiliza el nombre de la cultura que nos ha parido para así lucrar engatusando al cholerío y nadie tampoco dice nada. Y podríamos seguir con mil ejemplos más, pero sería inútil.
Sus cerebros cucufatos y caducos no comprenden que exhibir o mostrar el cuerpo del mismo modo que muchos deportistas, modelos, actores y actrices venderían el suyo en numerosas escenas fingidas o no de sexo están al mismo nivel de la camarada bailarina cuando ofrece generosamente su carnalidad voluptuosa y bien peruana sobre alazán maltrecho, que eso es lo que en realidad irrita a los hipócritas que la condenan, que lo del pabellón patrio es sólo un recurso para justificar su pacatería provinciana mientras rematan la patria al mejor postor y si es chileno con más ganas.
Desde esta tribuna pública y democrática hago mi llamamiento a la solidaridad socialista para el reconocimiento de las bailarinas, vedettes, prostitutas, putos y afines, como trabajadores y contribuyentes a la riqueza nacional con el añadido de ser generadores de gratificantes e intensas horas de placer y relajo. Insto también al original poeta y columnista de los reputados diarios Perú 21 y El Comercio a actualizar el visionario artículo titulado Banderas detrás de la niebla, tomando en cuenta los últimos sucesos acaecidos en nuestra patria.
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Libertad de blasfemar: la bandera de Leysi SuárezGustavo Faverón Patriau Es curiosa la reacción del ministro de Defensa, Ántero Flores Aráoz, ante el pequeño escándalo de la bailarina Leysi Suárez y las fotografías en que aparece desnuda sobre un caballo y usando la bandera peruana como silla de montar.
Es curiosa la reacción, digo, (curiosa y estúpida) no solo por pacata, chauvinista y amarillosa, sino además porque parece delatar un viejo síntoma de nuestra clase política, y de muchos peruanos: su terror ante la posibilidad de que se mancille un símbolo patrio parece mayor que su espanto ante la perpetua mácula de incuria, incultura y degradación que ensucia a tantos compatriotas debido la estupidez moral e intelectual de esa misma clase política.
La señorita Suárez, ciertamente, no ha hecho con ese metro cuadrado de tela blanquirroja ningún mal que le pise los talones a la corrupción del Ejecutivo y a la vacancia ética del Legislativo, de los que Flores Aráoz ha formado parte no pequeña durante décadas.
También es llamativa la reacción porque es un síntoma hipertrofiado del hipócrita culto a la nacionalidad y al patriotismo que los peruanos criamos tradicionalmente: un culto vacío, hecho de símbolos que nada representan, de signos sin referente y emblemas sin trascendencia.
El Perú no es un dios y la peruanidad no es una religión, pero la veneración a la bandera parece, sin embargo, el trasunto de un fanatismo debilucho, de dientes afuera, que cuida las formas aunque los contenidos se hundan en picada día tras día. A Leisy Suárez se le quiere acusar exactamente de la misma manera en que la Inquisición acusaba a quienes blasfemaran contra los símbolos de la fe católica.
(¿Dónde estaba Ántero Flores Aráoz cuando Jaime Bayly y Pedro Pablo Kuczynski dijeron que los peruanos de la sierra son brutos porque no les llega oxígeno al cerebro? ¿O es que ofender a los peruanos en términos racistas no es infinitamente más criticable que sentarse sobre una banderita?).
El patriotismo desbocado engendra tabúes de caricatura. Ya es bastante caricaturesco que los peruanos que viven en chozas malparadas, entre esteras y pestilencia, sin ningún cuidado del Estado ni ninguna atención del gobierno, estén obligados a izar sobre sus casitas, este 28, una bandera en la que reina como símbolo cruelmente irónico la imagen de un cuerno de la abundancia, signo de una riqueza que jamás será suya.
La bandera del Perú no representa absolutamente nada más que los sueños irrealizados de una clase social egocéntrica y cegatona. Mal se puede ofender un símbolo tan cínico y vacío.
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