La revista
The Economist (Reino Unido) es casi uno de los voceros oficiales de los economistas neoliberales e imperialistas. Su contenido es generalmente usado como referencia por bancarios, prestamistas, inversionistas y todo tipo de mercader capitalista. Y por sus admiradores sumisos. Para que una revista como tal dedique su primera plana a un pais de Sur America y lo haga denunciando la pobreza que existe, algo extremo tiene que haber detras.
Acaso este es un intento de "denunciar" una realidad que ya no puede ser ocultada por mas tiempo. Ellos aparentan preocuparse, pero no por los pobres, sino por los intereses de los poderosos. Desde 1990 el neoliberalismo capitalista, un proceso de injusticia economica y social, ha sido impuesto en Peru. Pareciera que The Economist recien se dan cuenta de una verdad obvia.
Gracias al neoliberalismo, las empresas extranjeras -britanicas incluidas- se han beneficiado de los recursos naturales y la mano de obra barata de los peruanos, creando un crecimiento economico ficticio en Peru, el mismo que ellos -los beneficiarios- elogian con datos optimistas, cifras impresionantes, premios y certificaciones internacionales. Todo aquello no significa absolutamente nada para los ciudadanos peruanos que aun viven en la pobreza.
Para colmo, el autor del articulo incluyen datos de la encuestadora Ipsos-Apoyo, la emprea del Grupo Apoyo cuyo dueño y fundador es el banquero, minero y actual embajador de Perú en EEUU, Felipe Ortiz de Zevallos. Ademas se incluyen opiniones de Richar Webb, otro controversial banquero que ha sido presidente del Banco Central de Reserva en el segundo gobierno de Fernando Belaunde y durante el gobierno de Alejandro Toledo, asi como presidente del defunto Banco Latino durante el gobierno de Alberto Fujimori. Para terminar la receta, se hace elogio del periodista neoliberal Jaime de Althaus quien ha llamado a este proceso injusto "la revolucion capitalista" de Peru.
He hecho la traduccion de
articulo original publicado en ingles.
Perú
Pobreza en medio del progreso______________________________
8 de Mayo de 2008 | LIMADe la edición impresa de The Economist
CorbisUna revolución en la economía de más rápido crecimiento de Sur América no estaá beneficiando a todosEdificios de apartamentos o de oficinas se construyen en casi todas las calles. Nuevos hoteles y restaurantes surgen en cada esquina, mientras que se multiplican centros comerciales en lo que alguna vez fueron barriadas. En toda la ciudad, las calles han sido demolidas para abrir paso a nuevos carriles y terminales para buses. Tanto es el anárquico volumen de tráfico que solamente el cruzar las calles se ha convertido en un largo y peligroso ejercicio. Lima, la capital de Perú de 8 millones de personas, se está deshaciendo de su anterior aire provincial de lentitud y se está convirtiendo en una bulliciosa metrópolis.
La ciudad es la cara visible de un auge que ha hecho de Perú la economía de más rápido crecimiento en América del Sur. Este desempeño se debe en gran parte a los precios récord de las exportaciones de minerales. Pero nuevos productos de exportación, desde camisetas de algodón de marcas de diseñadores hasta mangos y alcachofas, están floreciendo también. Así como el comercio, las inversiones privadas que crecen un 20% al año, y el consumo interno están ayudando la economía a avanzar a un ritmo acelerado (en febrero de este año, el PIB creció un 9,2%).
Debido a los altos precios mundiales de alimentos y combustibles, la inflación aumento al 5,5%, tras haberse mantenido baja durante años. Sin embargo, el crecimiento parece estar construido sobre bases sólidas. La tasa de ahorro nacional ha aumentado al 24% del PIB, un promedio alto para la región, y el año pasado el gobierno publicó un superávit fiscal del 3% del PIB. Un acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos está a punto de entrar en vigencia. En reconocimiento a estos logros, el mes pasado la agencia de ratings Fitch adjudicó a la deuda de Perú la calificación crediticia de grado de inversión.
Sin embargo, hay paradojas en el centro del plumero. A pesar del crecimiento, la pobreza ha disminuido muy lentamente. Y muchos peruanos están descontentos. El presidente, Alan García, fue alguna vez un populista radical que gobernó con hiperinflación y con déficit en su primer mandato de la década de 1980. Regresó al poder en el 2006 como un personaje renovado. Pero su pueblo le otorga poco reconocimiento por la economía estable. Es uno de los presidentes menos populares en América Latina, con una aprobación de sólo el 26% de acuerdo a una encuesta tomada en las principales ciudades [peruanas] en abril por la encuestadora Ipsos-Apoyo.
Hay varias razones para la relativamente lenta disminución de la pobreza. Aunque el número de empleos en el sector formal se está expandiendo a un 9% al año, muchos peruanos todavía trabajan en el sector informal de las empresas no registradas, donde la productividad es baja. Los salarios de los trabajadores sin entrenamiento se han tardado en aumentar.
Una razón más importante es la geografía. La capital, la franja costera del Pacífico y la mayor parte del norte del país estan properando. El problema es el sur de la región andina, donde la pobreza alcanza el 70% de la población. Gracias al turismo, la minería y el micro-crédito algunas ciudades andinas, como Cajamarca, Cusco, Huaraz y Huancayo, están prosperando. El gran divorcio ocurre con el entorno, a menudo zonas montañosas, rurales, donde muchos indígenas andinos siguen estancados en una agricultura de subsistencia con pequeñas parcelas. Considerando que el 60% de la fuerza laboral de Lima son trabajadores remunerados, sólo el 27% lo son en Apurímac, señala Efraín González, un economista de la Universidad Católica en Lima.
Estas personas no remuneradas están a menudo un tanto aisladas de la economía de mercado. Y es el mercado de las conexiones lo que hace que el crecimiento económico "se infiltre" a los pobres, señala Richard Webb, un investigador social y ex-presidente del Banco Central de Reserva. Permitir que esto ocurra es, pues, un trabajo para la política pública. Son necesarias mejores carreteras, educación y una política social.
Al menos en teoría, el gobierno del señor García reconoce esto. Se ha fijado el ambicioso objetivo de reducir la pobreza al 30% al final de su mandato, en el 2011. Por primera vez en tres décadas el Estado tiene dinero para invertir -pero se les esta poniendo difícil hacerlo.
Con la ayuda del Banco Mundial, el gobierno ha elaborado una nueva estrategia contra la pobreza que se concentra en eliminar la desnutrición que afecta a un 30% de los niños peruanos, la mayoría de ellos en los Andes del sur. Ha aumentado el gasto social al mismo tiempo que trata de atacar directamente ese problema en las zonas más pobres. Pero Iván Hidalgo, el funcionario a cargo, acepta que la falta de buenos funcionarios, especialmente en los gobiernos locales, debilita este esfuerzo. Él añade que, en un gesto equivocado, el señor García recortó los sueldos de los funcionarios mas importantes del sector público.
Del mismo modo, los fondos para la inversión pública en carreteras o para ayudar a los agricultores se encuentran sin ser utilizados en todos los niveles de gobierno, en parte debido a los temores de corrupción. En otra paradoja, Perú ha creado "una cultura de propiedad fiscal", cuyo efecto colateral es que los funcionarios están ignorando la emergencia social de los Andes, dice el señor Webb.
Luchar contra esto de manera eficaz incluye la reforma de los ministerios de educación y salud, así como de los gobiernos locales. El gobierno del señor García ha hecho algunos esfuerzos para mejorar el rendimiento de los profesores, pero ha hecho muy poco en general. "Es un gobierno que insiste en la inversión y no en las reformas", dice Julio Cotler, sociólogo del Instituto de Estudios Peruanos en Lima.
Al igual que su predecesor Alejandro Toledo, el señor García está debilitado por su impopularidad y por la falta de una mayoría en el congreso. En las elecciones presidenciales, los Andes del sur votaron abrumadoramente por Ollanta Humala, un populista ex oficial del ejército. De acuerdo a Ipsos-Apoyo, el señor Humala es hoy más popular que el mismo presidente. "Para ser popular en el Perú se necesita un discurso populista", dice el señor Cotler. "Esto no saca a nadie de la pobreza pero alivia el rencor y los resentimientos de la gente".
Sin embargo, el auge económico vá acompañado de un profundo cambio cultural. En los años 1970 y 1980, el Perú era un país colectivista: primero un gobierno militar nacionalizó gran parte de la economía y, luego el señor García, en su primer mandato, se hizo cargo de otro pedazo más, acosado por un poderosa oposición de izquierda. Desde entonces Perú ha experimentado una "revolución capitalista", como Jaime de Althaus, un periodista [neo] liberal, sostiene en un reciente libro. Esta revolución se basa no sólo en las grandes empresas mineras, sino en miles de pequeños agricultores en la costa, quienes convirtieron sus cooperativas estatales en terrenos cultivados con fines comerciales, y en los pequeños empresarios de los barrios pobres, que son exportadores de todo, desde ropa hasta componentes eléctricos.
Cuando los izquierdistas se quejan que el capitalismo es "salvaje" ellos a veces tienen razón: mientras que algunas empresas registran records de ganancias, muchos peruanos trabajan largas horas por salarios bajos y con pocos derechos laborales. Fuera de Lima y de la costa norte, donde se han unido a la globalización, muchos peruanos se aferran a las tendencias nacionalistas y estatistas, dice Alfredo Torres de Apoyo-Ipsos. A menos que los políticos hagan un mejor trabajo en defensa de la revolución capitalista y difundan sus beneficios, esta será amenazada por el rencor de aquellos que se sienten dejados de lado.
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