Aurelio Loret de Mola es un abogado y político peruano de centro-derecha. Como Ministro de Defensa durante el gobierno de Alejandro Toledo, inició el proceso de reforma de las fuerzas armadas peruanas, antes de renunciar a su cargo.
Foto BBCLoret de Mola ha sido co-fundador del partido político SODE, junto a derechistas como Javier Silva Ruete, Manuel Moreyra Loredo, y Raúl Salazar. El SODE participó en la lista parlamentaria del APRA en 1985 (primer gobierno de Alan García) y en las listas del FREDEMO (fallida candidatura de Mario Vargas) en
1990, y con listas propias en la
Constituyente de 1992. En el
Referéndum de 1993, el SODE apoyó el NO contra la Constitución de Fujimori, la cual
sigue vigente hoy en Perú.
Durante su gestión en el
Ministerio de Defensa, "se destinó más de 200,000 soles para pagar a los abogados de los soldados que mataron al estudiante Edy Quilca en Puno, en lugar de indemnizar a las víctimas."
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Perú Caviar
Para abandonar la derecha
Aurelio Loret de Mola / Le Monde diplomatique Perú Enero 2008Pagina 1Pagina 2Cayó el Muro de Berlín y con él se desvaneció en el mundo la pugna entre convicciones ideológicas profundas. Un sistema -el liberal- se impuso al otro -el socialista- cuando este último abandonó “sus pretensiones ideológicas de representar una forma distinta y superior de la sociedad humana”
1. El socialismo había fracasado y reconocido públicamente su derrota; el liberalismo económico y político había triunfado en toda la línea; se había acabado la bipolaridad, la guerra fría, la planificación centralizada, el colectivismo, el Estado policíaco, el monopartidismo, la ausencia de libertad política, económica, cultural y religiosa. Había muerto, en suma, la concepción misma de una forma de organización política -no interesa si pensada como fin o como medio- para alcanzar el “paraíso comunista”. La democracia y el mercado se habían impuesto a nivel planetario. Y entonces aparecieron los caviares.
A falta de ideas, en el Perú solemos acuñar o copiar de otros lares términos para descalificarnos entre nosotros. Izquierda caviar es uno de esos términos con intención peyorativa utilizados por la derecha para referirse a los políticos que, en su concepto, viven bien mientras pregonan que
se preocupan por los que viven mal.
Si eres enemigo de cualquier dictadura, sea de derecha o de izquierda, eres caviar; si defiendes los derechos humanos de todos, civiles, militares y policías, ricos -aunque no lo necesiten- y pobres, costeños, serranos y amazónicos, eres caviar; si opinas que la igualdad ante la ley no existe cuando hay un inmenso sector de la población en extrema pobreza, eres caviar; si te parece importante el informe de la Comisión de la Verdad, eres caviar; si consideras que hay que suscribir la Convención del Mar, eres caviar; si crees en una profunda reestructuración militar, policial y judicial, eres caviar; si te preocupas por el ambiente o por mantener la riqueza de nuestra diversidad, eres caviar; si sostienes que es imprescindible llevar a cabo reformas sociales de fondo, en nutrición, salud y educación, por ejemplo, y no sólo para elevar el nivel de vida de los más pobres sino también para incrementar la eficiencia y la eficacia económica, eres caviar; si abogas por que haya más trabajo y, paulatinamente, más derechos y más dignidad para los trabajadores, eres caviar, y si se te ocurre -¡pobre de ti!- que el Estado debe invertir consistentemente en poner a los ciudadanos en situación de igualdad para competir por las oportunidades, también eres caviar.
Yo quiero ser caviar. ¡Qué culpa tienen esos deliciosos huevecillos!
Como podrá comprobarse, ya ni siquiera se dice izquierda caviar. De tanto usarlo, el nombre se ha perdido en el camino, quedando sólo el apellido que, por cierto, no tiene nada de original. Es fácil confirmar en diversas fuentes que fue copiado para uso local de gauché caviar y gauché champagne (izquierda caviar e izquierda champán), términos con los que se referían en los años 80 sus detractores a Francois Mitterrand y la posición política que representaba. Aunque pueden encontrarse referencias anteriores con un par de clicks en la computadora. Es el caso de Alexander Herzen: Son ellos, nadie más, los que se están muriendo de frío y de hambre
en tanto tú y yo estamos en nuestras habitaciones del primer piso conversando sobre el socialismo mientras comemos pasteles y tomamos champán
2.
No considero ofensivo el término caviar. Es, además, tan relativo como son hoy socialismo, izquierda o centro; continentes a los que se ha vaciado de viejos contenidos para sustituirlos por los verdaderos retos del momento y la búsqueda genuina de respuestas para enfrentarlos. Debido a ello no me preocuparé de calificar a nadie de derecha foie-gras ni de diferenciar a los que tienen trufa de los que carecen de ella.
A éstos sólo les recomendaré la rápida lectura de una obra fundamental de Norberto Bobbio
3 para permitirles comprobar que
el criterio más frecuentemente adoptado para distinguir la derecha de la izquierda es el de la diferente actitud que asumen los hombres que viven en sociedad frente al ideal de la igualdad, que es, junto al de la libertad y al de la paz, uno de los fines últimos que se proponen alcanzar y por los cuales están dispuestos a luchar (página 135). A ello habría que agregar dos citas indispensables: ni el ideal de la libertad ni el de la igualdad
se pueden llevar a cabo hasta sus extremas consecuencias sin que la puesta en práctica de uno limite la del otro. El ejemplo más evidente es el contraste entre el ideal de la libertad y el del orden (página 157); los
conceptos de libertad y de igualdad no son simétricos. Mientras la libertad es un status de la persona, la igualdad indica una relación entre dos o más entidades
la libertad se puede considerar un bien individual, diversamente de la igualdad, que es siempre sólo un bien social (página 160).
Es de derecha, por ejemplo, aquel que está dispuesto a justificar y sostener una dictadura -sacrificando la libertad- en la medida en que sus negocios y propiedades le sean respetados, y aquel que consideraque el gasto social es necesario pero improductivo y que lo único eficaz son las medidas que liberan al capital de trabas
4, en virtud de lo cual contribuye a que la igualdad sea inalcanzable.
En la derecha, la de Riva Agüero, hoy agrupada en lo que a nivel internacional se denomina neoconservadores o neocons, están aquellos que curiosamente ahora no sólo desprecian el paradigma del equilibrio presupuestario sino que recuperan el mayor símbolo del intervencionismo, la guerra, para apropiarse de las riquezas ajenas, puesto en palabras del economista Ignacio Muro, cuyo artículo he vuelvo a citar.
Los caviares, por el contrario, sea que nos consideremos de centro, porque creemos en los procesos, o de izquierda, estamos en la otra orilla. Creemos en la democracia y en el Estado de Derecho y no estamos dispuestos a justificar ninguna dictadura; estamos convencidos de que hoy
el medio de producción por excelencia es el conocimiento y que éste resulta inexpropiable; sostenemos la estabilidad en las reglas de juego; reconocemos al mercado como el mejor asignador de los recursos; afirmamos que es indispensable el crecimiento económico, con acumulación de reservas, sin déficit fiscal y sin inflación; pero también apuntamos a lograr el ideal de la igualdad, que se materializa únicamente con inversión social eficaz, bien administrada, que tiene por virtud alimentar y acrecer el mercado, y que garantiza la gobernabilidad.
Para ello hay que repensar el Perú y despedirse -que al decir de José Ignacio López Soria
5 no significa olvidar- de Mariátegui y de tantos otros pensadores
6 peruanos; no sólo por el largo tiempo transcurrido sino porque ha aparecido una innumerable cantidad de variables que no existían cuando dichos pensadores realizaron sus importantes aportes intelectuales, entre otras, el tema de la mujer, el calentamiento global, el narcotráfico, los mercados abiertos y la increíble revolución de las comunicaciones.
El Perú que ellos idearon, el proyecto de país que imaginaron era uniforme, homogéneo y si se hubiera realizado habría destruido nuestra rica diversidad cultural. Es esta última la base sobre la que hay que construir no un Estado-Nación, que engloba y aplasta, sino un Estado-Naciones. López Soria sueña con un país inclusivo; uno en el que las diversidades puedan dialogar entre ellas. A eso podríamos llamarlo Estado, porque en realidad las naciones en el Perú son muchas. De lo que se trata es de articular las diversidades para que puedan dialogar entre ellas, con la misma dignidad y reconocimiento, unas con respecto a las otras. Ese es el Perú al que aspiramos los caviares.
1 Dicho bien por Francis Fukuyama en el célebre artículo que publicó en “The National Interest” (tercer trimestre de 1989), más allá de su nada original anuncio del fin de la Historia y de la polémica que con él desató, aún cuando Hegel hubiera hecho antes tal afirmación y Marx no hubiera negado nunca que la Historia terminaría.
2 “It is they, none other, who are dying of cold and hunger… while you and I in our rooms on the first floor are chatting about socialism ‘over pastry and champagne”, escrito en “From the other shore” (1855).
3 “Derecha e Izquierda”, 2ª edición, Santillana S.A. Taurus, 1995.
4 Ignacio Muro Benayas (economista español): “Eficacia económica y complejos de izquierda”, artículo publicado en “El País” OP Editorial, 02 de Enero de 2008.
5 “Adiós a Mariátegui (Pensar el Perú en perspectiva postmoderna)”, Fondo Editorial del Congreso del Perú, Lima, 2007.
6 En la obra citada en la nota anterior López Soria recomienda también despedir sin olvidar a Gonzáles Prada, Víctor Andrés Belaúnde, Haya de la Torre, Arguedas, Valcárcel, Basadre, Vallejo, Ciro Alegría, Salazar Bondy y muchos otros más.
Discreto encantoHarold Forsyth (Director)
Contrariando el objeto de quienes la utilizan, la palabra caviar tiende a convertirse en un original timbre de orgullo para los acusados de serlo. Y es normal que eso suceda en política: los epítetos, cuando no destruyen, fortalecen, y le facilitan a la supuesta víctima una personificación novedosa y económica, porque es el acusador el que hace el gasto.
Caviar, en el Perú, es algo más que la “izquierda caviar” francesa. Para quienes han hecho una
adaptación vernácula del término, se trata de un sucesor de la palabra “cívicos”, que tuvo muy corta duración y que fue acuñada, en el año 2000, por políticos y periodistas de encumbradas posiciones en la década pasada, en el preciso instante en que se derrumbaba su torre de marfil. Cívico era cualquiera que tuviera la osadía de referirse a la legalidad, a los derechos humanos, a la democracia, en fin, a toda esa sarta de estupideces mayúsculas, ¿no? Allí, el binomio en juego era autoritarismo-democracia. Se trataba –entonces- de un concepto desprovisto de ideología.
A partir de 2006, cuando el autoritarismo ya no tenía la menor viabilidad, los mismos autores hacen nacer aquí la palabra caviar, dotada, esta vez sí, de un profundo contenido ideológico derecha-izquierda, ciertamente estimulado por la severa polarización del país en el proceso electoral de ese año, y con el evidente propósito de sepultar, de una vez y para siempre, conceptos tan incómodos como la justicia social que, en sociedades más avanzadas, se da indistintamente en contextos de derecha o de izquierda.
Y como debatir ideas es muy aburrido y, además, la unanimidad lo torna innecesario, se trata de aplicar el remoquete a diestra y siniestra –o, mejor dicho, sólo a siniestra– con lo cual el “Partido de los Caviares” empieza a tomar forma en el tiempo y en el espacio. Y es que el caviar se asocia a la exquisitez y es mejor ser un supuesto “izquierdista” exquisito que un supuesto “derechista” sin un centavo en el banco.
En París, la izquierda caviar puede –qué duda cabe- desayunar en el Café de la Paix o cenar en Le Procope. Aquí, los caviares están obligados a degustar manjares nativos, y lo hacen con exquisito agrado, porque el buen gusto, al igual que el amor, no conoce de ideologías. (hf)
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