Cholo fue inventado por los invasores hispanos para clasificar a los esclavos que eran hijos de los mulatos es decir la mezcla de nativos y africanos.
Este insulto se refiere a la raza y clase de las personas, la apariencia física y ausencia de pelos corporales en los indígenas y los africanos, y sus descendientes.
Hasta la actualidad, cholo es utilizado como un insulto racista, desde Chile hasta Canadá.
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La palabra Cholo deriva de Xoloitzcuintli del idioma Nahuatl de la civilización Azteca, que se habla hasta hoy en México, Centro América y Estados Unidos.
Xoloitzcuintli se pronuncia sholoitscuintli y es el nombre de los "perros sin pelo" originarios de México, un animal considerado medicinal por los indígenas. Ellos son parientes de los perros Chimor que existen en la costa norte de Perú.
En los primeros años de la invasión europea, los hispanos, anglos, franceses y otros comerciantes de esclavos, crearon clasificaciones de raza o castas para separar a los esclavos en base a la pureza de raza, para el control y venta de los mismos.
Los esclavistas españoles crearon palabras como cholo, mulato, lobo, mestizo, castizo, criollo, cuatralbos, tresalbos, etc. El diminutivo cholo describe a la segunda generación de mulatos. Con el tiempo la palabra castellanizada "cholo" se esparció por las rutas de navegación del Caribe y de Sur América.
Así lo registra el cronista andino Inca Garcilaso de la Vega en su libro "Los Comentarios Reales" publicado entre 1609 y 1616. En el Capitulo XXXI del libro Nueve, se describen algunos nombres creados (leer pag. 504 de Los Comentarios Reales):
Nombres nuevos para nombrar diversas generaciones
[...] Al hijo de negro y de india -o de indio y de negra- dicen mulato y mulata. A los hijos de estos llaman cholo. Es vocablo de las islas Barlovento. Quiere decir "perro", no de los castizos sino de los muy bellacos gozcones. Y los españoles usan de él por infamia y vituperio.Las islas Barlovento son las islas del Caribe entre lo que hoy es Venezuela y Puerto Rico.
El término cholo se usaba para despreciar a los esclavos mezclados de negros con nativos, como si fueran perros chuscos, sin pureza de raza y sin cabellos. Los españoles se habían olvidado que ellos mismos son producto de mestizajes de ibericos, celtas, árabes, fenicios, africanos, musulmanes, judíos y otros.
Cuando los españoles llegaron a lo que hoy es Tumbes, ya había una generación de "cholos" adultos, nacidos en México y el Caribe cuarenta años antes. Los pueblos Muchik y otros del norte de lo que hoy es Perú, adoptaron esa palabra para decribir a los hombres jóvenes. Algunos linguistas e historiadores peruanos creen erróneamente que cholo es una palabra original Muchik.
En la actualidad, el diccionario europeo de la Real Academia Española (RAE) dice que cholo significa
cholo, la.1. adj. Am. Mestizo de sangre europea e indígena. U. t. c. s.Como todos sabemos, el castellano de los europeos es diferente a los que se hablan en las Américas. Lo cierto es que hoy en día la palabra cholo se usa en casi todas desde Chile hasta Canadá como una expresión despectiva.
2. adj. Am. Dicho de un indio: Que adopta los usos occidentales.
Se utiliza cholo para describir u ofender a alguien con desprecio racista. Se refiere a la apariencia o costumbres de una persona, usualmente de origen indígena y/o afro descendiente. Los diminutivos cholito y cholita son usados en forma ambivalente.
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| Cholo en EE.UU. Foto Robert Yager |
Cholo en las Américas
En la costa este de Estados Unidos, en México y Centro América cholo es un término usado para describir a una subcultura delincuencial originada en las prisiones, los cholos son matones de barrios marginales, sea hombre o mujer, son miembros de pandillas usualmente de origen mexicano. Es una palabra racista en cierta forma similar al insulto naco.
Ser cholo se relaciona personajes clandestinos de las cárceles de California de los 1960. Para muchos jóvenes involucrados en las pandillas, ser cholo es importante para que los demás les tengan respeto o miedo en todo caso. Hay ahora es una moda de vestir, de hablar, de comportarse. Ser cholo es ser un gángster, un vato, un pandillero. A veces también es ser un galán, un gigoló y un tipo violento.
Algunos jóvenes mexicanos y chicanos en EE.UU. (descendientes de mexicanos estadounidenses) utilizan cholo para definir su masculinidad o matonería, imitando como un paralelo a los afro estadounidenses que usan el insulto nigga, derivado de nigger que quiere decir esclavo.
En Perú se ha intentado usar cholo como definición de la identidad nacional, como sinónimo de peruanidad, de homogeneidad cultural y racial. Es un intento de convertir el racismo en algo positivo, pero es una tarea imposible.
El cholo es también un indígena o indio que migra a la ciudad, intenta adaptarse y camuflarse en la vida urbana, alejándose de sus costumbres originales, a veces menospreciando a sus parientes tradicionalistas.
Los peruanos elitistas usan cholo para describir lo "popular", lo chabacano, que no es refinado, lo marginal, folklórico, de un nivel inferior. Al ex-presidente Alejandro Toledo lo llamaban "Choledo" con desprecio, haciendo burla de su herencia andina.
En la música peruana, algunos se refieren a cholo como una descripción del peruano indígena. Luis Abanto Morales canta "cholo soy y no me compadezcas", una expresión que muchos peruanos consideramos comformista y resignada. El jugador peruano de futbol Hugo Sotil, fué obligado por los periodistas deportivos de Lima a renunciar a su primer nombre para ser llamado simplemente el cholo debido a su raza.
En cualquier discusión o disputa violenta entre peruanos, quien quiera "ofender" al rival utiliza cholo como un insulto racista y clasista. La choledad o cholería es un grupo de cholos o la cultura de los cholos; y cholear o hacer el cholito es una acción de ofender, burlarse o engañar a alguien.
En Bolivia se llama cholitas a las mujeres de los valles interandinos, y a personajes de bailes andinos.
En Sur América se usa cholo para describir a las personas del campo, los paisanos, los campesinos, los de piel oscura. En varios paises como Chile, Argentina, Colombia y Ecuador los peruanos migrantes son insultados como cholos, con desprecio a nuestras herencias nativa y africana.
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| Cholo. Foto La Repúblics |
Los peruanos no somos cholos
El adjetivo insultativo cholo se origina en la esclavitud y el racismo, en el abuso de nuestros antepasados nativos y africanos. El insulto cholo es uno de los errores que cometieron nuestros antepasados esclavistas.
No es nada para enorgullecerse, es un insulto que no define nada positivo, es producto de la falta de respeto a la diversidad humana, promueve la desigualdad, ofende la autoestima, justifica la esclavitud y el clasismo.
Por eso cholo nunca debe ser sinónimo de peruanidad.
No importa que se intente dar a este insulto un sentido positivo, amigable o gracioso. Lo cierto es que los peruanos sabemos que cholo es un insulto racista y esclavista, dirigido sobretodo a los indígenas y afro descendientes.
Debemos recordar que existe una relación directa entre el orgullo nacional y la autoestima de los pueblos con el progreso y ambición de las naciones. Por eso no podemos fomentar un nacionalismo constructivo usando un insulto racista destructivo.
Perú es una sociedad diversa, de muchas culturas. No es una nación homogénea. Por eso se debe evitar usar insultos racistas en todo momento, porque destruye el respeto mutuo y la co-existencia.
Por supuesto, es difícil es controlar el uso de las palabras, porque es parte del lingo común, sobretodo entre los jóvenes sin autoestima, los auto marginados y pesimistas. Pero los peruanos no deben promover la ofensa disimulada en las culturas, los medios, libros, películas, música, como si cholo no fuera un insulto.
De hecho cada quien puede dar el significado que quiera a las palabras, como opción individual. Pero parte de esa opción es no ofender el derecho de otros, el uso de las palabras se ajusta al sentido de convivencia de las comunidades, al respeto por otros.
Para crecer como nación, país y sociedad, Perú necesita promover la autoestima entre sus ciudadanos, el respeto a nuestra diversidad racial y cultural. Necesitamos re-educarnos y apostar por una sociedad progresista, pero sin perder la perspectiva de nuestros dignos orígenes.
El uso del insulto cholo debe ser evitado por los peruanos, por ser una palabra que simboliza la opresión y la ignorancia racista de nuestros ancestros. Si promovemos el uso de cholo estamos promoviendo el conformismo derrotista de algunos peruanos, y de paso ese racismo disimulado que todavía existe en Perú como en el resto de las Américas.
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"Las islas Barlovento son islas ubicadas en el Caribe. El termino se usaba para despreciar a los mestizos como perros chuscos, sin pureza de raza. Parece que los espanoles se habian olvidado que ellos eran mezcla de arabes, africanos y europeos."
ReplyDeleteNo necesariamente para despreciar sino diferenciar,los indígenas no tiene pelos faciales o en el brazo tampoco en el pecho. Si sigues la lógica de que el término proviene del nombre de un perro "desnudo", no necesariamente tiene que ser peyorativo aunque ahora si lo es y muy especialmente entre los mestizos.
Saludos,
Pedro
Your defenition of cholo, describes it all!!!
ReplyDeletePedro, existe una necesidad de diferenciar a los peruanos por nuestro aspecto fisico? es natural fijarse en la apariencia de la persona, en ese sentido todos somos racistas pero no deberiamos dejar que ello influya en nuestro trato hacia otros.
ReplyDeleteThomas, no quize incluir la definicion de la Real Academia porque son "politicamente correctos" y enfocados en el significado linguistico solamente. Ambas definiciones son complementarias de lo escrito en el blog. Aunque es cierto que muchos llaman cholo al indigena urbano.
ReplyDelete"...en ese sentido TODOS SOMOS RACISTAS pero no deberiamos dejar que ello influya en nuestro trato hacia otros."
ReplyDeleteAnte todo quisiera decirte que encuentro informativo tu blog. Vengo porque dejaste un comentario en otro blog sobre el racismo, sin embargo leo tu frase un tanto infeliz en donde declaras que todos somos racistas, sin embargo cuando alguien lo demuestra o lanza un comentario racista inmediatamente lo condenas. mmmmmm.... ¿hipocresía?, ¿falta de tolerancia? ¿anti-anti-racismo? ¿que hace a tu opinion mejor? ¿la mayoria? mmmm.... pienso que el mundo está como está por que la gente no se dice las cosas a la cara.
Vicente
ReplyDeleteDigo que todos somos racistas porque es parte de la naturaleza humana observar y resaltar la apariencia de todo lo que vemos. Es dificil y casi imposible no darse cuenta de la raza de las personas. A eso me refiero y quizas no sea el termino adecuado.
Pero queria resaltar que el problema no es darse cuenta de la raza de las personas, sino cuando tomamos la raza como un indicador que influya en la forma de tratar a otros, en decisiones diarias de la vida, en acciones que benefician o perjudican a grupos raciales. En todo caso mi afirmacion es que aun asi somos concientes de las razas, estas no deberian definir quienes somos.
Hay una diferencia entre prestar atencion al aspecto fisico de una persona, lo cual hacemos casi todos excepto por los ciegos, y pensar que ese aspecto influye en el caracter de esa persona, o hacer que su raza nos indique ciertos valores o estereotipos.
Gracias por leer.
como no enojarse cuando vienen los serranos (gente de la sierra), alquilan un depa muy cerca de tu jato y de inmediato los fines de semana sacan su radio afuera a todo volumen y se sientan en la vereda y chupan y chupan.
ReplyDeletecarajo no hay derecho. ya les he mandado al serenazgo pero estos brutos siguen!
no hay respeto!
Yo soy serrana del Cusco, es cierto que la palabra "cholo" es usado en una forma derrogativa, como un insulto de desprecio a los que son nativos de nuestro Peru.
ReplyDeleteAl mismo tiempo tambien lo usan en forma de confraternidad y carino.
Aqui esta el dilema.. como deshacerse de ese vocabulario que en realidad es degradante y amoroso?
Yo vivo en USA y cuando me preguntan de donde soy? respondo, soy Del Cusco, chola serrana de pura sepa y me siento orgullosa de serlo!!
Aqui en USA. la palabra NEGRO es derrogativo, es un gran insulto para cualquier persona que tenga facciones africanas, sin embargo alli en nuestra tierra NEGRITO es una palabra carinosa.. y muy enardesedora cuando llaman "mi negrita en las canciones andina"
Mi opinion? educar a nuestra gente que no usen esa palabra en forma ofensiva, mas bien en forma positiva... depues de tantos cientos de anos... sera dificil erradicar el sentido que tiene... pero si nos proponemos... quiza no sea una palabra de doble filo...
Pedro, no creo que ser consciente de las diferencias físicas signifique ser racista.
ReplyDeleteRacista es quien privilegia o desestima a una persona por su condición racial.
Jorge Luis:
ReplyDeleteEL RACISMO ES UNA DE LAS MAYORES MENTIRAS DE LA HUMANIDAD PARA QUE SIGA EXISTIENDO LA EXPLOTACION DEL HOMBRE SOBRE EL HOMBRE
POR ESO EXISTE RACISMO POR EJEMPLO EN LA PLAYA ASIA DE CAÑETE DONDE SE VE LA CULTURA MAS DECADENTE Y ALIENADA DE LA CLASE ALTA PERUANA
¡NO AL RACISMO!
NO A LAS MALAS COSTUMBRES DE LA ATRASADA CLASE ALTA PERUANA
bueno SI LA PALABRA CHOLO denota mas un insulto y se aplica a gente con rasgos indigenas q se adoptan el vivir costeño o gente que es de descendenica anidna indigena y q aun conserva esas facciones, si esta persona se pule o se refina como TULA RODRIGUEZ o KAREN DEJO son llamados CHOLAS(os) POWER y si aun se quedan con gustos y no se amoldan a lo costeño limeño original y por lo tanto se aferran a sus origenes y cultura chicha como los q gustan del ritmo chicha y los ritmos de las folkloristas como las de sonia morales o dina paucar son llamados cholos cholos, o CHOLOS BAGRES. A lo cholo aparte del protipo fisico se añade modismos o formas de actuar y cultura q es propio de ellos como son la falta de elegancia y poca importancia en su aspecto fisico rechazo por la modernidad por el pop rock la lirica la vida culta y lo original del buen costeño o limeño por lo general son resentidos frente a peruanos q no tienen rasgos indigenas es decir mestizos como gianela neyra, susan leon, guisella valcarcel, jessica tapia, monica sanchez, anjie jibaja,la chica portocarrero jacqeline beltran, y logicamente contra blancos como vanessa saba, maju mantilla, jaime bayli, gian marco, virna flores, renato rossini, nuestro tenista horna, diego bertti, cristhina torsen, rosa maria palacios, viviana rivasplata, por citar a algunos blancos peruanos.
ReplyDeleteppor todo esto jamas permitamos caer enla CHOLEDAD si queremos q no nos traten de CHOLOS pues adoptemos la costumbres de lo costeño seamos mas cultos invirtamos en nuestra imagen y presentacion personal, refinamos nuestro estilo y gustos para hacer de la ciudad donde residimos mas bella, porque no solo un pais es bello por su riquezas, un pais es bello o se HAce mas bello cuando la gente es y luce bonita y queremos q en nuestro pais se multiplique mas la gente bonita y se disminuya lo feo, LO ACEPTEN O NO a todos nos gusta ver gente bonita y nbo nos gusta ver lo cholo a nosotros mismos, Y Q HACEMOS PARA HACER DE NUETSRA CIUDAD MAS BELLA ?
la palabra CHOLO q como ya saben usada en el peru, mas se usa para referirise a la cultura chicha y a la gente con rasgos andinos y con cultura de los CHOLAE OSEA ALA CHAMPA quiere imponerse en nuestro pais y eso no debemos aceptar, por ejemplo hasta en nuestra TV se hace mencion como lo hace MAGALY MEDINA en su programa basura ella dice a los artistas peruanso q son cholos
ReplyDeletedice q los artistas peruanos( musicos, comicos, cantantes actrices y actores, gionistas, productores de peliculas) pertenecen a CHOLLIWOOD, se dan cuenta como ¿se pèude permitir tal maltrato?
esta bien q MAGALY MEDINA sea tb una chola aunque fisicamente limita entre lo chola y lo mestiza pero....... se siente ella mas choLA q mestiza, ella puede decir o defenderse como pùeda pero SUS hechos, sus acciones demuestran lo contrario aun con la plata q ha ganado (bajando la autoestima de los peruanos y creando una cultura de morbo y de bajeza) se siente chola yyyyyyy por sentirse chola no deberia meter a todos nuestros artisas nacionales en la CHOLEDAD dire algo nadie es perfecto todos cometemos errores y nos arerpentimnos pero ella jamaas deberia maltratar a un artista mucho menos, meterlos en el circulos de CHOLLIWOOD porfavor recuerden hermanos peruanos el peru no es cholo no todo los peruanos somos cholos y recuerden en el peru aprox los inidegnas representan el 25% de la poblacion peruana actual el 25% los cholos el 30% es mestizo un 18% es blanco y un 1% de chino y 1% de negros y mulatos
pero todos al margen de esta diversidad todos somos peruanos y queremos a todos, y hagamos que la cultura de la choledad q hace q uno se vuelva cholo se erradique de nuestro PERU.
JAMAS VI ESTO SOLO EN PERU, EN NI UN PAIS DE AMERICA LATINA NI UN PROGRAMA TELEVISIVO Q USE LA PALABRA LA CHOLO Y DENIGRE UN PERIIODISTA A SUS PROIPIOS COMPATRIOTAS (ARTISTAS) CON TAL TERMINO (CHOLO). EN OTROS `PAISES A LOS ARTISTAS LOS ENDIOSAN AL MARGEN DE SUS ERRORES,Y LOS QUIEREN PERO ACA PORFAVOR q la ministra de turismo haga algo por el bien del peru de nuestra autoestima y q se deje ya de usar la palabra CHOLO.
hola!!
ReplyDeleteoye disculpame cuanto lo siento, publique tu articulo hace unos meses y no te avise ni te dije nada..
disculpame de verdad no habia ni visto tu comentario hasta ahorita, pero ya creo que lo arregle un poco mas jeje :$
si quieres dejarme algun comentario aqui www.metroflog.com/mamyninasky y mi MySpace es www.myspace.com/lababydegus
espero que me visites y no te hayas molestado
un abrazo y gracias :$
EN PRIMER LUGAR DEBEMOS DE TENER EN CUENTA EL ORIGEN DE LA PALABRA CHOLO, CREO Q YA LO DEFINIERON MUCHAS PERSONAS, A MI PARECER EN SU MAYORIA LO UTILIZAN PARA DESPRECIAR A LA GENTE: ERES CHOLO, SINONIMO DE SERRANO, INCLUSIVE DE TRABAJADORA DEL HOGAR, ETC. ETC. BUENO SINONIMO ENTRE COMILLAS, EN EL PERU VA SER MUY DIFICIL ERRADICAR ESTA PALABRA PORQUE LAMENTABLEMENTE NUESTROS ANTEPASADOS NOS ENSEÑARON A SEGUIR PRONUNCIANDOLO, SOY PERUANO Y ME SIENTO ORGULLOSO DE SERLO Y DE HABER TENIDO ANTEPASADOS QUE FUERON LOS MAS INTELIGENTES EN SU EPOCA, PORQUE FUERON CAPACES DE HACER COSAS IMAGINABLES, Y FUERON LOS INCAS, LAMENTABLEMENTE CUANDO NOS INVADIERON LOS ESPAÑOLES TRAJERON MUCHAS COSAS NEGATIVAS HACIA EL PERU, CLARO ESTA QUE ESTOS ESPAÑOLES FUERON LOS QUE NO HACIAN NADA ALLA, ERAN LADRONES, VAGOS, ESO FUE EL GRAN PROBLEMA DE NUESTROS INVASORES, Y CON ELLO TRAJERON EL DESPRECIAR CON LA PALABRA CHOLO, SABEN MUCHAS VECES ESCUCHE A VECINOS Q CUANDO LLAMABAN POR TELEFONO DECIAN, PUCHA NO ESTA ME CONTESTO LA CHOLA, CON DESPRECIO POR EL HECHO DE SER TRABAJADORA DEL HOGAR, PERO DE ESAS MISMAS PERSONAS SUS FAMILIARES SE FUERON A TRABAJAR AL EXTRANJERO PERO ADIVINEN DE QUE, BUENO SE IMAGINARAN, ME PREGUNTO SI LES LLAMARN CHOLAS A SUS FAMILIARES, EN FIN, EL PERUANO ES PERUANO VIVA EN DONDE VIVA, VENGA DE DONDE VENGA, TRABAJE EN DONDE TRABAJE, SOMOS PERUANOS CARAJO Y DEBEMOS SENTIRNOS ORGULLOSOS DE SERLOS Y HABER TENIDO UNA CULTURA MUY GRANDIOSA SOMOS INCAICOS Y PUNTO, OLVIDEMONOS DE LAS DESCRIMINACIONES.
ReplyDeleteEs un problema cuando el discurso sobre el significado de una palabra como cholo esta monopolizado por aquellos que lo usan como insulto para diferenciarse del "pueblo que viaja en combi" esto es, la elite intelectual y social de apariencia fisica generalmente caucasoide que domina al pais desde hace mas de 5 siglos. Yo les sugiero a estos engendros abstenerse de opinar sobre un tema que no les concierne.
ReplyDeleteEn primer lugar diré que las "razas" de seres humanos no existen, mas indicado sería hablar de raza humana en todo caso, lo que acabo de comentar está científicamente demostrado. En el Perú somos un 50% de nativos peruanos, un 30% de mestizos, 15% de personas con rasgos europeos y el resto otros. La palabra 'cholo' es denigrante y prefiero no usarla, asi como la palabra "indio" producto de la ignorancia de los idiotas que nos invadieron (los indios están en la India), asimismo la palabra "indigena" me suena a indigente y es muy usada en términos peyorativos. Para terminar mi opinión solo quiero agregar que a aquel blancoide que no le guste nuestro aspecto ya se puede ir yendo de aquí porque este es NUESTRO PAíS construido con nuestra sangre y esfuerzo, personas asi sobran y son la basura del mundo asi que de esos NO QUEREMOS por aqui. Ah y me olvidaba de la "originalidad limeña" ¿desde cuando han sido originales? si siempre han querido ser un remedo de los "desarrollados occidentales",jejejej. Joc punchay tupasunchis.
ReplyDelete"En el Perú somos un 50% de nativos peruanos, un 30% de mestizos, 15% de personas con rasgos europeos y el resto otros."
ReplyDeleteESAS CIFRAS SON ERRONEAS AMIGO. Seguro que has leido en el libro de la CIA Facts, que es la version "gringa" del mundo. No dicen por ejemplo que hay negros peruanos, quienes son entre 10-15% de la poblacion. Tampoco consideran que muchos mestizos nos consideramos indigenas pues es nuestra cultura principal.
Wayke Francisco:
ReplyDelete¿Estas seguro de lo que dices?. Ademas lo mencionas como si fuera una 'verguenza' que la mayoría seamos nativos Americanos, te puedo asegurar que si la mayoría de los peruanos reinvindican sus raíces nativas y la defienden tomando el poder político otro será el futuro; ya basta de estar mirando a otro lado pensando que los extranjeros son mejores que uno sabiendo que somos herederos de una de las mas ejemplares culturas que haya existido en el mundo, deberíamos dejar la mente alienada que tanto daño nos hace. Finalmente acerca de la palabra 'indígena' son numerosos los ejemplos reales, en la historia universal, del uso de esta palabra para despojar a grupos humanos de sus derechos y tratarlos como si fueran niños y esclavos socavando sus derechos fundamentales como por ejemplo su territorio, cultura, libertad, etc. Joc punchay tupasunchis.
Jallalla Tahuantinsuyo.
http://www.bolpress.com/art.php?Cod=2006020325
ReplyDeleteA me parece que he leido en otro lugar que los españoles llamaban cholos a los adolecentes hijos de indios porque no tenian bellos como los perros peruanos. Pero no logro encontrar ese articulo mas bien en este sitio se muestran las diferentes posibilidades del origen de esta palabra. Creo que nadie eta seguro del origen de esta palabra.
La verdad que a mi no me molesta para nada que me llamen cholo o sentirme "Cholo". Para mi la palabra cholo fue usada por españoles despectivamente contra los indios. Pero ya que los peruanos somos mucho mas Indios que Españoles (por ejemplo digamos que un 70% indios 20% españoles, 10% otros), el hecho de usar la palabra cholo me hace sentir de aceptar lo que soy y de esa manera aceptar a mi pueblo tal como es y acordarme que mis ancestros fueron discriminados y esclavizados. En ese sentido me siento identificado con la palabra Cholo. Sea como sea, yo creo que siempre hay una tendencia a creer que somos tan Españoles como Indios, pero en realidad nuestra cultura derrepente tiene mucho de Española pero no nuestra sangre (hubieron muy pocos Españoles en America en comparacion a la poblacion Indigena) aun teniendo en cuenta el masacre contra los Indigenas.
Creo que el dia que los Peruanos usemos la palabra "Cholo" sin sentirnos ni mas ni menos (ojala que en las proximas generaciones), sera un signo que esa palabra no tendra algun efecto. Sera probablemente cuando los Peruanos estaremos mas unidos y cuando creamos que somos capaces de salir adelante. Derrepente sera el comienzo del fin de la pobreza en el Peru. :)
ReplyDeletePero para pasar a otro tema. Muchas felicitaciones por este blog. Te agradezco de tomarte el tiempo de difundir la cultura Peruana y de tocar temas tabues con sinceridad y realismo. Creo que hay mcuhos tabues en el Peru y mucha desinformacion por los medios de comunicacion. Mucha suerte con tu blog, siempre ando leyendo algunos de tus articulos.
Percy (un Arequipeño desde Canada)
Yo tambien quiero llamar cholitos a mis hijitos. Y les voy a tirar huesos para su desayuno.
ReplyDeletePerritos chuscos seremos pues. Ay la indiferencia, el conformismo y cobardia! por eso tenemos el pais que tenemos.
Donde se fue nuestra dignidad peruanos?
Acerca de los rastros que ha dejado la cultura árabe en la hispana son múltiples los ejemplos, tenemos muchas palabras en castellano que vienen del árabe ('almohada' por ej.). En España hay numerosas construcciones arabes especialmente en Andalucía (caso de la 'Alhambra' que España presentó como candidata a las siete maravillas modernas del mundo). Si te vas al sur de España veras la similitud y rasgos que comparten con los árabes, su forma de hablar tambien los delata, si pones un velo o pañoleta en la cabeza a una mujer de allí la puedes confundir con una musulmana. Hay apellidos de antaño que vienen de ascendencia árabe (por ej. Berber que viene de los bereberes). En la actualidad con la tragedia de la inmigración que viene de Africa hacia Europa mucha gente de Marruecos y resto de Africa emigran a España (donde son la mayor comunidad extranjera seguidos por los europeos de este), y allí se pueden ver parejas mixtas de marroquies y españoles o moren@s africanos y español@s, etc. Asi que al que opinó de manera distinta le recomendaría viajar un poco por el mundo, no se puede negar una verdad tan palpable como lógica. Dejémonos de encerrarnos en integrismos y abramos un poco la mente.
ReplyDeleteJallalla Tahuantisuyu.
Amaru Uscamaita
Cada grupo cultural tiene una terminologia propia y la nuestra no es segun lo que tu dices, se mas abierto a otras opciones e informate un poco mas antes de llamarnos perros.
ReplyDeleteDe acuerdo a María Rostworowski, internacionalmente reconocida historidora peruana, al arribo de los conquistadores iberos a las costas del norte peruano encontraron pueblos Moche-hablantes, idioma dominante en aquella region. De acuerdo a la Dra Rostworowski estan equivocados quienes "piensan que la palabra "cholo" es de origen quechua o aimara, pero no es así. Porque las crónicas narran que los españoles entraron por el norte y se encontraron primero con los moches, ..quienes en su lengua tienen la palabra "cholu", que significa muchacho. Tal vez ellos por llamar a los chicos usaron cholu y de ahí pasó a cholo.."
La Dra. Rostworowski no puede negar que cholo es un insulto. Fue creado como tal en Mexico, antes de la invasion del Tawantinsuyu. Cuando los hispanos llegaron a Tumbes, ya conocian de esa palabra. Hoy mas que nunca, cholo es un insulto y aquellos que aceptan un insulto para auto describirse, tienen un gran problema de identidad y auto estima.
ReplyDeleteCholo se refiere al mestizo, se generaliza porque quienes llevan esta corriente lexica son los europeos americanos. Pero si los Indígenas americanos no hubieran demostrado indiferencia ante sus decendientes hijos de Europeos americanos, esta "palabra : cholo" se hubiese suprimido con el tiempo. Pero como no sucedio el caso, se jodieron solitos...jojo"
ReplyDeleteAl que me diga cholo en mi cara, le meto una patada en los webos o las tetas. No xodan pues, bien sabemos que es un insulto no se hagan los tercios. Los peruanos somos peruanos y punto, marrones, negros, amarillos, blancos del color que sea. Pero no vengan con choleadas aqui caraju!
ReplyDeleteHola.
ReplyDeleteMe parece muy interesante esta pàgina porque no tenìa claro de donde provenìa la palabra "cholo".
Me parece que no deberìa ser eliminada, sino al contrario realzada y fomentar que tenga un significado postivo. Yo soy muy blanca y me da còlera que otras personas se insulten porque son oscuras. Yo no lo hago, y me siento contenta de ser chola porque soy peruana y creo que es muy bueno tener una mezcla en general, aprovechar todo lo bueno que nos da nuestro paìs. Creo que no estamos unidos debido a estas tonterias de insultarse y no identificarse con lo que somos, por eso no avanzamos.
No importa que tanto se intente dar a esa palabra un sentido positivo, amigable o gracioso, la mayoría de los peruanos sabemos que es un insulto racista.....
ReplyDeleteNo importa que tanto intentes dale a esta palabra un sentido negativo, malbado y despectivo, la mayoria de los peruanos sabemos que el lenguaje como todo en el mundo esta sujeto a cambios, a evolución, tu discurso entero se dedica a minimisar una palabra que ahora significa tambien otra cosa... muestra las dos caras de la moneda Psss no solo una. No seas Parcial.
Buena cholo!
ReplyDeleteY si reivindicamos la noción de lo cholo como algo identitario, más allá de su origen, su uso o cualquier de nuestras miradas subjetivas? Y si empezamos a mirarnos como cholos en tanto mezcla, en tanto mestizos, en tanto peculiares? Visiten http://www.choledadprivada.com
ReplyDeleteCreo que eres un acomplejado compadre. En el Perú la gente ha cambiado el sentiudo inicial de cholo por otro que nos define como una poderosa raza frente al mundo. Cholea sin complejos. Lo cholo es bonito.
ReplyDeletepara ser sincero jamas me gusto la chicha ni la musica vernácula (digo vernácula porque se escribe asi y no como la mayoria de la gente dice osea vernácular)no entiendo tampoco porque la mayoria de la gente entiende serrano por un insulto si citando al diccionario se refiere a :
ReplyDeleteserrano, na. adj. Que habita en una sierra o ha nacido en ella. U. t. c. s. || 2. Perteneciente o relativo a las sierras o serranías, o a sus moradores. || 3. Natural de Lavalleja. U. t. c. s. || 4. Perteneciente o relativo a este departamento del Uruguay. || 5. f. Composición poética parecida a la serranilla. || 6. Canción andaluza, variedad del cante hondo. □ V. caracol ~, chile ~, jamón ~, partida ~, tordo ~.
alguno de uds ve algun tipo de insulto ?
bueno en todo caso lo unico que queria decir es que me parece que la musica que actualmente tocan los folcloristas (creo que asi se escribe)no es pues de lo mejor y por eso prefiero algo más clasico como una saya o un tinkus , sikuris... no se pero algo más edificante ... recalco que esa es una opinion propia! sin querer ofender ...
=disculpen las criminales faltas ortograficas pero es que recien voy en secundaria y me he dado un tiempo para hacer esto a la volada=
massivegenocide@hotmail.com
Ocurre algo similar con el término "serrano". En el Perú, dicho término es usado despectivamente, este debe ser entendido como gente de la sierra, así como a los de la costa se les llama "costeños" y a los de la selva "selváticos".
ReplyDeleteCreo que son muy pocos los que responderían: "soy serrano". Pero muchos, y con orgullo dirían "soy costeño" o "soy selvático".
**Pamela**
Decir que a los Inkas los exterminaron, es un despropósito nihilista (negar una verdad).
ReplyDeleteHay muchos descendientes de las panakas reales de los Inkas en la actualidad.
La mayoría de los que han preservado nuestros apellidos nativos son descendientes de la nobleza Inka.
Y si es mejor llamarnos Inkas todos, porque el TawaIntiSuyu lo formaron la herencia y cultura de lo que es hoy Perú y Bolivia.
¡¡Jallalla TawaIntiSuyu!!
Amaru Uscamaita
QUE CHOLOSSSSS??¿¿===))^^^****¨
ReplyDeleteSON UNOS TONTOS LOS Q MIRAN LA SIGUIENTE PAGINA Y PEOR EL Q ME ESTA LEYENDO LO Q ESCRIBI ES MAS CHOLO AUN y tu q lo estas leyendo no seas mongo y no le hagas caso a la pagina q solo te mete tonterias en la mente y sÍ tu y todos los q conoces son unos CHOLOSSSSS
ME REFIERO AL INSULTO ERES BESTIA JIJIJIJIJIJILOS AMO DE YO SOY JOSE RODRIGO PELAEZ
¡¡Totalmente en contra!!
ReplyDeleteNo caigamos en hipocresías patéticas como las de la sociedad estadounidense que censuran el uso público de la palabra "nigger" alentando mas la división y doble moral que reina en aquella sociedad.
Si el origen de la palabra es despectivo esto no tiene mayor importancia. Palabras como "gentil", "pagano", etc tuvieron orígenes muchos mas negativos y sin embargo ahora bajo su evolución en la historia no significan mayor problema pronunciarlas.
Son las sociedades en el transcurso del tiempo, a través de procesos culturales quienes definen el significado y connotación de una palabra por lo tanto el lío con el origen de la palabra CHOLO carece de sustento.
Y de acuerdo a este último punto se sabe bien que la connotación racista, denigrante y excluyente de la palabra CHOLO tiene un arraigo muy poderoso en el Perú.
Pero que es del Perú actual, el que ya esta harto de mirar al pasado con sus todos sus conflictos, el que quiere redimirse y mirar al futuro, por fin.
No somos un país ni una sociedad perfecta pero hay que reconocer que estamos mas integrados que hace 50 años. Y quizás estamos aprendiendo a convivir como nación por primera vez en nuestra historia. Y como parte de ese aprendizaje ha surgido el fenómeno de la revaloración de la palabra CHOLO como elemento INEGABLE en la reafirmación de una parte de nuestra cultura y convergente en la aspiración de una identidad MESTIZA para el Perú.
Es decir el Perú se esta reconciliando con esta palabra y todo lo que significa para darle un nuevo sentido y no tener que llegar a extremos patéticos de censura como, ya antes mencione, ocurre en los EEUU y no tiene porque ocurrir acá.
Censurar solo significaría retroceder un proceso lento, incomodo, pero al fin y al cabo sano para el futuro de la sociedad peruana.
Censurar solo alimentaría mas la baja autoestima y el complejo de inferioridad de una sociedad que no sabe reconocerse a si misma con virtudes y defectos, que prefiere negar un pasado vergonzoso en vez de afrontarlo y cambiarlo sabia e inteligentemente.
Censurar solo daría pie a mas hipocresías, odios, racismos asolapados y doble moral, donde nadie dice lo que piensa. “Prefiero mil veces que me digan CHOLO en la cara a que lo piensen hipócritamente” Con tal, si la sociedad esta llegando a madurar y esta dispuesta a reconciliarse y aceptarse tal como es, esa persona que utiliza la palabra CHOLO como un insulto solo será la excepción, un enajenado que no aprende a convivir en sociedad.
Censurar la palabra CHOLO como remedio seria mucho peor que la enfermedad.
Lo mismo para palabras como SERRANO e INDIO, tenemos que darles valoraciones neutras; tristemente hay una cultura de tolerancia hacia el uso despectivo de estas palabras, por ejemplo, si Carlos Álvarez utiliza la palabra SERRANO para insultar a otro personaje en su programa cómico, es motivo de burla y por lo tanto de aceptación social, sin embargo, como vuelvo a repetir, la palabra en sí no tiene la culpa del uso que se le de, mas aún si esta tiene un acepción ambivalente, tanto positiva como negativa. Lo mas lógico y saludable que debemos hacer es RECRIMINAR el mal uso de la palabra, discriminando a las personas que caigan en falta, no como alguien polémico (sería mucho favor) sino como alguien simple y llanamente IGNORANTE Y ATRASADO EN SUS IDEAS.
Y SEÑORES (O NIÑOS INBERBES) NO NOS HAGAMOS FAMA DE COBARDES, AFRONTEMOS LO QUE SOMOS, PORQUE AUNQUE ALGUNOS NO LO QUIERAN ACEPTAR ASÍ ES NUESTRO PAÍS Y AQUÍ NOS TOCÓ NACER CON SUS MUCHAS CULTURAS Y SUB CULTURAS Y ANTI CULTURAS.
SER COBARDE IMPLICA NEGAR UNA PARTE DE LA REALIDAD, VER SOLO QUE QUEREMOS VER, NO AFRONTAR EL PROBLEMA, CENSURAR Y PROHIBIR PACATEMENTE PALABRAS POR LA COBARDIA, MIOPIA Y POCA VOLUNTAD DE NO ASUMIR VERDADEROS PROCESOS QUE LLEVEN A UNA SOCIEDAD PERUANA MUCHO MAS MADURA Y SEGURA DE SÍ MISMA.
Saludos desde el Cusco.
PD:
Y PARA ALGUNOS DE LOS QUE COMENTARON ACÁ: ¡¡DEJEN DE ESCRIBIR EN LENGUAJE DE CHAT!!! RESULTA MUY IRRTANTE.
ES UNA PENA REALMENTE, SABER CUAN JODIDA ESTA NUESTRA EDUCACIÓN, GENTE LIMITADA, QUE NI SIQUIERA SABE COORDINAR SUS IDEAS, NO SABEN ESCRIBIR, DESTRUYEN EL LENGUAJE CON SUS FALTAS ORTOGRÁFICAS, MAL USO DE CONJUGACIONES VERBALES, PREPOSICIONES, ADVERVIOS Y HASTA SUSTANTIVOS, Y PARA COLMO ALGUNOS ESCRIBEN PURAS IDIOTECES, TOMAN DE REFERENCIA A LA TELEVISIÓN COMO SI EL PERU SOLO FUERA LA CAJA BOBA, POR FAVOR, ANTES DE INTENTAR ESCRIBIR AL MENOS PIENSEN QUE NOS PUEDEN LEER EXTRANJEROS, NO NOS HAGAN QUEDAR MAL A TODOS.
SI HAY QUE TENER VERGÜENZA DE ALGO QUE SEA DE SER LADRONES E IGNORANTES.
como puede existir gente intolerante a la diversidad, gente ignorante; como leí por ahí las palabras van adoptando significado a corde al contexto social, si en un primer momento cholo tuvo un significado relacionado a "perro" en la actualidad tiene otro completamente diferente, de identificación nacional, dentro de todos los comentarios, el más atinado y real es el de Jimm, no creo tener ojo clínico ni biónico para identificar "razas", eso es absolutmente absurdo.
ReplyDeleteEs una palabra enraizada en nuestra sociedad, y como algunos deben saber, las estructuras mentales son las más difíciles de modificar, pero hagamos un intento por disminuir el racismo, y porque cholo deje de tener significaciones peyorativas negativas, porque la realidad nos da muestra de lo pujante y positivo de la expresión peruana, es decir "chola".
NO TIENE NADA DE OFENSIVO. Creo que el articulo está equivocado, es posible que en el idioma nativo de México la palabra "cholo" sea apócope de otra que designa a los perros nativos sin pelo (en Quechua al perro peruano sin pelo se le llama "alko"), pero en el Perú, la palabra "cholo" viene del idioma nativo que usaron nuestros antepasados y que se sigue usando por un gran sector de nuestra población, el Quechua. En este idioma la palabra "cholo" viene de "chulu", que significa en Quechua: mezclado, osea la mezcla del español con el aborigen, también se aplica a los vegetales, por ejemplo una especie de maiz producto de la mezcla de otras dos. NO TIENE NADA DE OFENSIVO. Recomiendo a revisar el "Diccionario Ladrón de Guevara de la lengua Quechua" . Este diccionario lo escribió mi querida abuela, de quien estoy muy orgulloso.
ReplyDeleteMuchas Gracias. espero haber contribuido con algo a la cultura. Luis Guzmán a sus órdenes
Justamente la palabra cholo se agrega al idioma runasimi (quechua) cuando los hispanos llegan a Tawantinsuyu. Los invasores trajeron consigo esa palabra, porque recuerda que todos llegaban via Panama, donde ya habian asentamientos europeos 3 decadas antes que se refundara Lima.
ReplyDeleteLa palabra cholo es un insulto racista que se debe evitar. Muchas personas podran seguir usandolo porque no tienen la educacion adecuada, o porque tienen poca autoestima. Pero aun asi, debemos evitar su uso aquellos que sabemos que es un insulto.
El origen etnico de los peruanos es indigena mayoritariamente. Ademas de otros grupos raciales por supuesto. Por eso los peruanos somos nativos americanos, tambien llamados runas, amerindios, indios, etc. No somos cholos.
Es tiempo de desterrar una palabra que significa racismo, esclavitud, division, odio, desprecio, vulgaridad, conformismo.
Los peruanos no seremos jamas conformes con la palabra cholo.
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Estimado Amigo, no comprendo porque una palabra pueda tener un valor tan negativo para alguien , Decir "cholo" es lo mismo que decir "mestizo", no tiene nada de ofensivo, es verdad que todos somos iguales, con igualdad de derechos y deberes, el color de nuestra piel no nos quita ni nos aumenta dignidad. es lo que llevamos dentro lo que nos hace mejores.
ReplyDeleteYo estoy en desacuerdo con que la palabra "cholo" venga como usted dice del idioma nativo de los mexicanos, y que de allí pasa al Runasimi, el Runasimi o Quechua desciende del Aymara. Lo más probable es que la palabra "cholo" o "chulu" también descienda del Aymara.
Por eso no le demos un valor peyorativo a una palabra tan "inocente" con "cholo". hasta había una artista criolla que se hacía llamar "la Cholita linda del Perú".
Luchemos por una igualdad de derechos y de oportunidades, y no nos estemos fijando si uno es mestizo o "cholo" y el otro es europeo o asiático, todos tenemos cosas buenas y malas, eso no depende del color de piel. Si uno va a estar pensando en ese asunto, creo que se vuelve mas racista que el que discrimina.
Imagínese que usted está presenciando un conjunto de cantantes, todos vestidos del mismo modo, pero uno es mestizo, el otro es oriental, el otro es blanco y el otro es negro. ¿cómo usted se referiria a alguno de ellos si no sabe su nombre y todos son de las mismas estaturas, edades y contexturas?
Atentamente Luis Francisco.
Envio uno de los libros mas importantes escritos en el Peru, se llama "Los Cholos y el Poder", tiene una edicion quechua tambien pero que yo no la tengo. Este libro reinvindica la palabra "cholo", como una categoria en torno a la cual debe fundarse la identidad nacional y el poder en el Peru y en Americalatina. Lean a este verdadero y genial filosofo, un abrazo cordial, Pedro Ñaque.
ReplyDeleteRicardo Paredes Vassallo
Los Cholos y el Poder
15 ava. Edición bilingüe
(Kechua - Español)
Un Cholo en el poder, que en extraordinaria circunstancia le toque gobernar al estado colonial peruano, pero sin la convicción que el poder corresponde a la mayoría nacional a la cual (él o ella) pertenece, poco, casi nada tiene que ver con el verdadero Poder de todos los Cholos.
En el futuro, debido a que los acontecimientos mismos así lo definen, el peruano medio estará apto para separar al interés de “un cholo” por el poder de aquél interés nacional de “todos los cholos” por el poder.
El núcleo trágico, patético y más real ¿no es, acaso, la comprobación que los cholos, dueños indiscutibles de esta parte del mundo, hasta hoy, no gobiernan a su patria?
En el Perú, en los países más míseros de la tierra, el atractivo mayor del poder no es el honor ni el deber, no es la brega que supone la lucha contra la pobreza y el subdesarrollo, es ése de los millones de dólares que pueden hurtarse con impunidad.
Los políticos, porque ningún serio compromiso racial o cultural los coacta, no van al poder impulsados por su amor y su afinidad histórica con el pueblo, o por el convencimiento que su inteligencia y voluntad son indispensables para su transformación. Aquéllos, desgraciadamente, van al poder seguros que en esa "chacra de camotes" que se llama Perú, todavía hay mucho oro y plata para saquear.
4. He comprendido que la riqueza y honra de una Nación están ligadas a la unidad racial y al poder que la misma ha alcanzado armar en el tiempo.
Contrariamente, como el Perú no logró forjar esta unidad nacional ni su poder total consiguiente, se comprenderá porqué la pobreza y el caos que nos dominan, tras 200 años de ensayos y fracasos, tienen base en la exclusión de los cholos (raza cuya potencia y unidad natural será determinante para ese poder y ese orden que no existen).
5. Nuestro deber, y el deber que nuestra nación debe irradiar, será inculcar honor en cada uno de los ciudadanos y dar con esa voluntad que nunca pudo obtenerse de ningún gobierno: Alcanzar el poder político, la dirección social del poder, la dirección moral de la nación será el paso más justo y trascendental que se haya dado desde la independencia.
El consiguiente y próximo reto, quizá el más artero que se presenta en el panorama político del Perú, será competir y conseguir aquella grandeza alcanzada por el mundo desarrollado y emular con creces la gloria de nuestros antepasados: Los cholos deben pugnar por la organización de redes de poder duraderas y efectivas, beneficiosas para ellos mismos y para todos. Esta necesidad tiene que sobrepasar cualquier ideología, sobrepasar el interés personal por el poder. La población mestiza, los cholos todos, debe prepararse para gobernar.
6. El Perú, como ensayo de nación, nunca encontró una dirección apropiada y carece de fuerza; el poder criollo (de los partidos nuevos y tradicionales, de blancos japoneses y títeres), arrinconado por los acontecimientos y por el apabullante empuje y presencia de los cholos, avizora su fin en medio del epicentro de una crisis que comenzó hace dos siglos y que ya arribó a la cúspide de su decadencia. O los cholos asumen el poder en su nación o ese retazo colonial, bautizado como “Pirú” por Pizarro, desaparece: (Roma, es mi ejemplo).
Un poder que funciona hace maravillas. La impotencia sólo mediocridad y desastre.
El ejército peruano, tan ineficaz y cobarde en la defensa nacional de los ataques externos (en 200 años el territorio peruano ha sido mermado en un 60%), pero tan proficuo y ubicuo en la represión popular y en el asalto al poder internamente, cuesta al erario público peruano casi el 25% de sus recursos anuales. Este ejército parásito e inútil debe ser desmantelado, los cuarteles convertidos en escuelas y fábricas. No necesitamos militares ni armas. Con una guardia nacional basta. Pues, hacer del Perú un emporio de riqueza y poder será la mejor estrategia y defensa.
Nadie, sino los cholos e indios, tienen que rehacer a la Nación, cambiar a su estado y a su poder. No tenemos que confiar más en los partidos políticos ni en los líderes carismáticos, no debemos esperar que un genio emigre de una botella para solucionar los tremendos y gratuitos problemas nacionales. No podemos esperar que los Belaunde, los Haya de la Torre, los García, los Bermúdez, los Prado o Bustamantes y sus aliados correspondientes en la prensa, en universidades, en las empresas o entornillados en la diplomacia, los órganos estatales o en el parlamento, “modernizarán” al estado y sacarán al Perú de su miseria.
Nuestro estado es aparatoso e ineficaz, burocratizado e insensible, lleno de mafias y rancias familias, una meca para los ladrones que buscan riqueza fácil e impunidad. El poder de nuestra nación, ostensible sólo para algunos, no existe como fuerza mayúscula que genera movimiento, acción coordinada, resultados positivos para todos. Nuestro poder es local, caótico y disgregado, sólo funciona como prótesis para gatear o arrastrase, pero no para que el Perú ande erguido o corra al encuentro de su desarrollo.
Los cholos que más atención merecen son aquellos que han votado, creído y defendido, a Fujimori. Estos, por haber sufrido el esquilmamiento, el racismo y el alevoso dominio de los blanquitos, indirectamente, apoyando a un “sujeto neutro”, creo yo, querían zafarse de esa casta pedante y perezosa que se
apropió del poder, de la tierra, del mar, del hombre indígena y del cholo mismo sin resultados satisfactorios. Esta es la explicación más científica posible que puede hacerse de una década de corrupción comprobada y que será como la medalla en el pecho de ese poder obsoleto (ostentado y podrido en las manos de los criollos blancos) repleto de mierda, de compadrazgos y borracheras. A Fujimori hay que eliminarlo. El peruano común tiene que eliminar la posibilidad que un japonés, chino o árabe (porque tienen pasaporte de 20 intis peruanos), le reemplace en el poder.
Es evidente, por lo planteado antes, la necesidad que el estado actual debe ser replanteado y hecho de nuevo. Pues, tal como lo es hoy (y tal como lo fue ayer), no sirve como herramienta de unidad nacional, de seguridad y bienestar. Este estado colonial obsoleto es inútilmente colosal y pretencioso. Está fundado fuera de la realidad y no tiene las mismas raíces ni fines en los que se afinca nuestra vieja nacionalidad. Este estado caótico no nos sirve para planificar en mediano ni a largo plazo ninguna de las tareas que harán del Perú a una nación poderosa.
El que dice en el Perú, con voz clara y prístina: “al racismo se combate con racismo” querrán silenciarle o neutralizarle muchos perdonavidas, acostumbrados a la servidumbre y podredumbre o porque viven y se aprovechan de ellas, así:
El que te diga “no seas racista”, lo dirá porque ha comprendido que el racismo es un problema y que llegará el extremo en que sólo deba dirimirse polícamente (con violencia o racias).
Pero el que dice a uno y a otros, en la prensa o en conversacion directa y simple: “en el Perú nadie es racista. El racismo no existe. Aquí todos somos iguales”, es porque es un ignorante (desconoce la historia patria) o es un papagayo humanista que está resguardando su desventaja social futura o cuidando su pan negro ganado a zarpazos, con rezos o viveza criolla”.
Y los arbitros morales pululan. Los académicos, esos que han sabido apagar y camuflar la confrontación racial en el Perú: cholos contra blanquitos, chinos y árabes. Estos parásitos viven de esta mayúscula desigualdad social y hasta tienen réditos académicos internos y externos: expertos y panelistas, sicólogos y sociólogos, antropólogos y psiquiatras, periodistas y politicólogos, artistas y payasos, etc.
Cuando volví al Perú, mi amigo Eloy Jauregui, poeta él y escéptico de la contundencia de mis teorías políticas, me preguntó un día: “porque, crees tú, nadie en el Perú habla de ti?”
Su pregunta (mitad cuestionamiento y mitad respuesta) implicaba a dos hechos que no necesariamente son correspondientes y a una cuestión que al parecer no es obvia. Me explico:
Quería decirme, así lo interpreté en dos días, lo siguiente: “Los diarios y medios hablan de mí y de otros, de los que triunfan en fútbol, en literatura o en comercio, aquí o afuera. No hablan de los que no han conseguido nada, de los que no son famosos, ricos o goliadores.
Todos, en esta chacra de camotes (llamada patria), sabemos quíen es quién. Sabemos quién eres tú, pero no sabemos qué quieres. Me entiendes?
Es decir, decía él, en silencio: Sabemos quién eres tú, sabemos lo que quieres, pero lo que tú quieres nadie quiere.
salimos de una guerra inútil y nadie quiere mas incomodidad. Tus teorías déjalas en tu cerebro. Queremos vivir en paz s libros no pero que no conmueven en nada a esta chacra de camotes. y son buenos. 2. Tu crees haber triunfado pero ellos te consideran malo” los que trabajan en la prensa, es decir a aquellos que escriben lo que el peruano medio debe o no leer.
El Cholo y el Poder
(I Parte)
Introducción:
Al volver a Perú, después de casi 18 años de ausencia, compruebo con sorpresa que los cholos peruanos, antes menospreciados y relegados, están a un paso del poder político, aunque este no pueda darse en un año o dos, quizá no en cinco, estoy seguro, sin embargo, que no pasarán décadas para que este hecho de extrema importancia nacional, de absoluta necesidad histórica, sea real para siempre.
Lentamente los cholos de Perú y los cholos latinoamericanos lo han logrado: arrastrando carretillas con frutas, chatarra y cemento; construyendo ladrillo a ladrillo ciudades enteras; acumulando centavo a centavo los bienes de sus naciones han demostrado ser el núcleo más intenso de la vida económica y que pertenecen a la raza más pujante, idónea y autónoma, para gobernar todos los aspectos de la vida social, cultural, económica o política, de su patria.
Los cholos tienen en su favor a aquellos siglos de vergonzoso e ineficaz dominio que han pasado, a esas centurias en las que la aristocracia política "blanca" demostró ser inepta (moralmente decadente, intelectualmente errática y retrograda) para gobernar este país. Cinco siglos en que la miseria fue propagada por los malos, desordenados, manejos de la aristocracia criolla, cinco siglos en los que la aristocracia, enriquecida a costa de la pauperización de los campesinos y trabajadores de las ciudades,
acrecentó su poder de modo tan perverso que el cholo llegó a ser escarnecido, explotado y menospreciado, en su propio territorio.
Al volver al Perú, digo, deslumbrado por esta certeza, he transcrito una serie de pensamientos que los traía rumiando y que serán el fundamento de la Teoría Política Nacional, necesaria, para hacer ese definitivo, radical y correcto enfoque del Problema Nacional del Poder y la vía más directa para consolidar en el futuro cercano un único, hacedor, espíritu nacional.
Identidad Nacional: (Solución de un viejo problema)
La identidad de los objetos A y B queda establecida en el caso y sólo en el caso de que todas las propiedades (también sus relaciones) que caracterizan a A caractericen a B. Entonces, tal valor categórico de identidad, llevado en igual concepto al terreno de la abstracción sociológica, o puramente política, debe proveernos de similares resultados que los obtenidos de comparar a objetos y a sus relaciones concretas. Aunque, obviamente, la identidad que se quisiera alcanzar de comparar una nación con otra, una raza con otra, no será la misma que a la que accedamos cuando comparamos dos manzanas, porque aquella identidad no se alcanza por cotejar la raza de un hombre con la de otro, sino también esa correlativa a sus antecedentes históricos, a su pertenencia a la tierra, a sus costumbres, a su común tradición y a aquellas de sus relaciones alcanzadas con respecto al poder.
La Identidad Nacional en el Perú que tanto requerimos puntualizar y convertir en concepto manejable, supone un análisis objetivo de nuestra realidad nacional con otras realidades nacionales y de ese análisis que hagamos de la historia política (del poder) y de su trascendencia.
La raza, en efecto, y más específicamente la raza indígena y su posterior mestizaje (el cholo), será el punto de partida y la base cierta en que debemos fundar cualquier unidad política futura. Porque una vez definida la composición humana, llano será establecer quién es qué respeco a su natural relación con la tierra, qué es quién respecto al poder y, desde allí, sin errar, delimitar específicamente qué debe concebirse por Identidad Nacional y cuáles serán las premisas determinantes para desarrollar con propiedad este concepto básico del poder y que parece indefinible.
Determinado de esta manera, sólo puede entenderse como Identidad Nacional (de peruanos entre peruanos y de peruanos con latinoamericanos) como al predominio de los meztizos (de los cholos) en nuestras sociedades, como al derecho de determinar el futuro político y económico de sus naciones.
Historia del Poder en el Perú
Constato con asombro, a la luz de los acontecimientos que suscitan todo tipo de tumbos y recomposiciones políticas, que el Perú siempre fue gobernado con violencia y al azar, que nunca antecedió a su manejo un desciframiento correcto de su realidad y que se obvió la necesidad de esclarecer la composición racial, real, de las fuerzas sociales que al país lo movilizan y conforman:
Nunca, ningún gobernante o partido que llegó al poder, centró su objetivo en establecer esas coordenadas ideológicas que sirvieran, en todos los contextos históricos, de base para fundar nuestra Identidad Nacional y para lograr que aquella identidad no sea un concepto maniqueo y vacío, un concepto irreal (esta afirmación, que proviene de la historia misma y de la que partimos para hacer el veredicto correspondiente, nos
llevará a esbozar, al mismo tiempo, esa ideología idónea para manejar con eficiencia la reconstrucción política, económica y social del Perú).
La prueba más contundente que tenemos a mano para aseverar que no existió el interés de analizar correctamente la realidad nacional, vale subrayar esta cuestión, y que es antecedente de la imposibilidad de definir la Identidad Nacional, es aquel relativo y desigual progreso alcanzado por el Perú, por la mayoría de los peruanos, en estos últimos 500 años de inestable vida colonial y republicana.
¿Acaso los partidos políticos, para no hablar de las dictaduras militares, entendieron que el análisis correcto de la realidad nacional era la clave para el desarrollo integral del país? Aquellos despreciaron esta condicional urgencia porque afectaba sus prerrogativas de dominio; porque entendieron que llegar a definir con claridad la real composición humana del Perú, a deslindar los intereses de las razas, supondría su propia marginación del poder.
Por este hecho, de pura conveniencia política, la clase dominante se aferró al erróneo y metafísico planteamiento que Perú estaba conformado por una mixtura heterogénea de razas y que poseía una composición social indefinible y difícilmente unificable; desconociendo expresamente, aplazando truculentamente, el derecho de aquella mayoría absoluta de cholos a gobernar su país (basta caminar en cualquier calle de una ciudad para ver que de 100 personas que por ella transitan 90 son mestizas, cholos propiamente dicho).
La aristocracia primero, luego la burguesía, pues, gobernaron doscientos años inconsultamente y parapetados en leyes, en mandatos y constituciones que ellos copiaron de otras naciones. Pero, finalmente (la experiencia diaria resuma este hecho), el pueblo peruano ya entendió que el FRACASO de hacer del Perú un país consolidado y desarrollado se debe principalmente a que es gobernando al tuntún ya caballo, a espaldas y en contra de la voluntad de la mayoría nacional.
Este error mayúsculo, producto de una interpretación antojadiza de la realidad y llevado a la práctica, hecho política, fue fatal de varias maneras. Principalmente porque perpetró la exclusión de la mayoría del poder, desconociendo su derecho natural y democrático del mismo. En consecuencia, cualquier proyecto moral o material, de índole nacional, estaba destinado al fracaso.
¿No fue así cómo quedó truncado el sueño de dar forma a un estado unitario y de fortalecer el espíritu nacional en su perspectiva mayúscula de democracia interna?
¿Y los alcances más concretos de ese error histórico no los hallamos claramente definidos en la composición humana y política de los todos los regímenes?: Todos los ministros y las autoridades (civiles, eclesiasticas o militares) han sido y serán “blancos”, nunca o escazamente cholos, sólo los descendientes de esa línea de poder que ininterrumpidamente ha gobernado mal al Perú goza de este fatal privilegio.
Irónicamente, empero, para minimizar esa tradición de exclusión del cholo, y para mostrar que algo "democrático" se hace para camuflar esa errónea actitud histórica, algunos cholos son convocados para "reforzar" el poder. Aunque la escasa participación del cholo, en completa contradicción con su número en la sociedad, es otra evidencia que en el Perú es viable una flagrante aberración política. Porque, aunque no se quiera hacer esta lectura feraz que ofrece la realidad, no es posible desconocer que la tragedia nacional, palpable en su reducido crecimiento moral, en su liliputiense estatura política y en su lento desarrollo económico, fruto es de esa artificial e irreal estructura de poder que
se ha implementado en el estado, pero sin consolidarse, desde tiempo de la colonia.:
* ¿Ignorar, por ejemplo, que el poder naturalmente debía pertenecer a los mestizos, ignorar que los mestizos constituyen la amplia mayoría nacional, no fue el primer acto consciente y doloso de aquellos que heredaron y ejercitaron el poder político?
* ¿Ignorar el hecho llano que el gobierno, que las políticas de ese gobierno deben corresponderle al cholo, no a otro, no trajo como directa consecuencia que el país no fuera monolítico y homogéneo y que no se pudiera construir un espíritu nacional articulado?
* ¿Excluir a la mayoría del poder no supuso un desarrollo parcial y lento; un desarrollo desigual y localizado solamente en un sector del territorio y de la sociedad?
Excluir a los cholos del poder trajo consigo políticas económicas y sociales que no fueran suficientemente democráticas y que el estado apareciera como enemigo del pueblo; que el estado confundiera su función de administrador con esa represiva y en continua oposición a la mayoría (una directa consecuencia de aquello que se plantea aquí es, por ejemplo, que en el Perú republicano solamente han habido unos 40 años de gobiernos civiles a lo sumo y, que, los otros, fueran dictaduras o matices de aquellas):
El cholo, entonces, como es evidente, ha sido víctima histórica, consciente e indebida, del poder político.
El cholo, pues, ha sido considerado en su propia patria como ciudadano de segunda categoría y obligado a ser agente pasivo, a acatar antidemocráticas decisiones de las minorías.
El cholo aun, propiamente, nunca gobernó su país. El cholo, aun, no ha impuesto su voluntad racional, legitimada y convertida en acción política (el cholo estuvo en palacio, ciertamente, pero para servir las copas o para barrer los restos de los banquetes de aquellos padres de una patria inconclusa, en proyecto de ejecutarse, aunque inejecutable).
Ineludible resulta, entonces, afianzándome en la tendencia de los últimos cincuenta años, que el cholo revertirá ese hecho infeliz, el más grave de toda la historia peruana y, que lentamente, irremisiblemente, irá retomando y apoderándose de ese poder que en completa legitimidad le pertenece.
En el futuro ya no será concebible (tampoco viable), un estado de blancos para cholos, o de algún engendro racial (del tipo Fujimori) que pretenda gobernar a los cholos en beneficio propio o de una casta. En el futuro, para que este país alcance su apogeo moral, su apogeo democrático y económico, la mayoría chola deberá asumir el control del estado y de todas sus políticas sociales.
El Indio
El indio, que construyó un enorme imperio con su sangre, inteligencia y duro trabajo, obviamente nunca se ha recuperado del hecho que su glorioso y sagrado territorio fuera desmembrado.
Los españoles, ensoberbecidos pero temerosos del enorme poder de este imperio organizado, trataron de desmembrarlo y de destruirlo en poco tiempo. Las primeras décadas de su dominio dedicaron a desmontar esa enorme y poderosa estructura económica y política que costó a Pre-incas e Incas 2,500 años de guerras, de procesos de pacificación, de consolidación y defensa de los territorios conquistados. Para lograr aniquilar ese vasto imperio, los territorios fueron distribuidos en encomiendas(1), las
(1) Cuenta Guamán Poma de Ayala que el virrey Toledo (cuyo nombre estará ligado a las peores injusticias cometidas en contra de nuestros antepasados, pues creó las encomiendas, los repartos, el trabajo en la minas, los impuestos y limosnas, etc.) tras su desastroso gobierno en el Perú, murió sentado en una silla, en su mansión de Madrid, esperando que el Rey le perdonara.
gentes esclavizadas en las minas de plata o exterminadas por la miseria. También, claro está, se ocuparon de catequilizarlos y de ganarlos a la religión católica con fines de dócil vasallaje y de larga esclavitud en el agro (desde entonces, el virreinato de Perú aniquiló a 15 millones de aquellos 17 millones de habitantes dejados por el Imperio Inca).
Las comunidades de indios fueron divididas, sus organizaciones civiles y religiosas, los Ayllus y las familias nucleares fueron desechos y rotos; los hombres y mujeres en estado de trabajo fueron entregados "de por vida", como propiedad y como parte de la tierra, a los encomenderos y a las reparticiones, minas y haciendas. Los indios, lógicamente, auspiciados por estos desastrosos acontecimientos, nunca hicieron unidad y fueron enemigos naturales de los españoles. Este divorcio (el odio resultante de un racismo gratuito, más la imposibilidad de hacer una alianza política y social con todas la fuerzas) probará tener funestas consecuencias para el futuro del estado y de la nación peruana.
Los blancos criollos, herederos del poder y de los privilegios de sus antecesores defenestrados reyes y virreyes, y en concordancia con esa vieja y ventajosa segregación y exclusión política del indio, jamás pensaron que en el futuro sería útil hacer una alianza democrática y, en consecuencia, armar un poder con todos los ciudadanos y con todas las fuerzas dispersas que quedaban de 300 años de colonialismo.
Por el contrario, el poder republicano que se erigía sobre base de esclavizar y explotar al indio y sobre el control absoluto de sus tierras, nunca pudo cambiar nada y sí empeorar su relación con éste, agrandando esa brecha racista de poder y de control esclavista sobre aquél. La independencia pues, claramente, fue independencia sólo porque los enclaves americanos (de españoles criollos) se deshicieron de esa incómoda intermediación del distante y voraz poder colonial de su corona. Pero la independencia misma no significó inmediatamente, como esforzadamente se insinúa en los textos escolares, la independencia y asunción del poder por los indios y mestizos. Contrariamente, aquellos continuaron perteneciendo al sector empobrecido, marginal, y menospreciado de la sociedad.
La Situación del Mestizo en la Independencia
El indio que todo lo había perdido, que su humanidad era cuestionada y que su valor era comparado por las cúpulas eclesiásticas y por los intelectuales de Europa al de un mono o perro, para justificar su esclavitud y para anticipar su exterminio, al finalizar la colonia, quedó diezmado, vituperada y menospreciada su civilización, destruida su grandeza (ostensiblemente manifiesta en la construcción de iglesias y comandancias encima de sus palacios y templos).
El Runa Simic, el Kechua, la lengua vernácula y sacra, abjurada y sacada de circulación con decretos y a costa de persecución y muerte dejó de ser un idioma de reyes y sacerdotes, dejó de ser un idioma imperial, de dominio, y pasó a ser un lenguaje menoscabado y que se hablaba en los montes, a escondidas, entre dos o en los pináculos de anónimos templos.
Ese glorioso lenguaje se retrajo y corrompió. El indio tenía que hablar murmurando su deliciosa lengua y esconder su pensamiento. Entonces fue cuando la sabiduría incomparable de nuestro pueblo sufrió un traspié que duró cinco siglos; entonces el orgullo de ese pueblo imperial, la potencia de su glorioso pasado empezó a decaer, a degenerarse.
El indio, en consecuencia, para sobrevivir, para que no prosiguieran con su exterminio, tuvo que adoptar al catolicismo como a su credo propio y, como parte de su estrategia de subsistencia diaria, hablar el español ladino.
Los indios (mis abuelos y los tuyos), es trascendental no olvidar esta cuestión, 500 años fueron siervos de gleba, adscritos como pongos y sirvientes en las haciendas. Y un siglo y medio (hasta Velasco) fueron ciudadanos de tercera categoría al servicio de terratenientes y latifundistas que nunca hicieron nada por el Perú, salvo enriquecerse, asfaltar y llenar de flores su paraíso miraflorino.
¿Quién olvida esos cruciales momentos del Perú republicano, patético aun por el nacimiento de casi todos los partidos políticos de la derecha y de la izquierda, por la abundancia de dictaduras y generalcitos que no sabían dónde estaba su naríz, dónde quedaba su culo? Y un agravio mayor, nunca comentado, siempre soterrado y siniestramente olvidado: no es aquel del hacendado o gamonal, del bancario o político, ¿que cuándo quería fungir de demócrata y de padre de la patria o de diputado, convertía en elector al cholo analfabeto dotándole de voto pero vetando su voz y a su poder? (2)
Al indio, en efecto, y no es apresurada ni gratuita esta afirmación, se le vio con desconfianza y en siglos se indujo la creencia en América Ltina que él, por haber estado subsumido y exceptuado de las tareas de gobernar, inepto era y poco idóneo para asumir eficientemente un cargo de responsabilidad política y que nunca podría desempeñarse y ser solvente como autoridad (la alfabetización de los indios en este continente empieza en el siglo XX).
(2) No olvidaré al diputado Zúñiga, de Pallasca, aprista consumado y una verdadera y estúpida vaca lechera. Mi sapiente padre le bautizó como “el diputado “boñiga”; o sea, el diputado: “ mierda de vaca” . Por eso hoy resulta coherente, y casi natural, que un cholo desconfíe de otro cholo y que un cholo aparezca como torpe y feo a los ojos de otro cholo; que un cholo no vote por otro, que en la televisión y en las páginas sociales de revistas y diarios no aparezcan los cholos.
El Indio actual, "el cholo":
Todo lo grandioso inca, todo lo español, todo lo americano e indígena, todo lo occidental y europeo (religión, política y costumbres de ambos continentes, de ambas civilizaciones), en 500 años, ha formado en América, con toda certeza, a aquel sujeto potente, autónomo y seguro, que hoy llamamos CHOLO y que puebla mayoritarimante las naciones del sur y norte América . Un cholo (es ese ser tradicional y moderno, mitad indio y mitad ladino), plasmado en casi todas las mujeres y los hombres de este país y que será para siempre, inmodificablemente, el núcleo más dinámico de su sociedad.
Sin embargo, es inocultable hoy y con el paso del tiempo se convertirá en una injuria mayor, que los cholos poca presencia o solamente una muy marginal tengan en la composición política del poder y poco valor, o casi ninguno, ha tenido su voz y su voluntad en la toma de decisiones políticas del estado y que son de singular importancia para el desarrollo y su futuro. Igualmente, no es ocultable ya que los cholos, silenciosamente, con tesón y mucho trabajo hayan recuperado su predominio en la economía y que asumirán el poder de su sociedad cuando sepan imponer su voluntad y cuando entiendan que su nación merece una unidad política, una dirección y una sóla potencia, como el derecho de rehacerse, de salir de las cenizas. Los cholos, únicamente ellos, en el futuro próximo, pasarán a ser los ejecutores de ese proyecto de modernidad y de progreso que nunca pudo consolidarse ni con la aristocracia terrateniente y rentista ni con la oligarquía criolla.
Varios siglos han transcurrido para que la esencia del trabajo de los cholos y su existencia moral y preeminente sean insoslayables; para que ya no pueda ser ocultado su predominio, ni retrasado ni desvirtuado su derecho perpetuo a gobernar su tierra y su gente.
Ya no puede esconderse el hecho simple que los cholos, además de ser dueños naturales de estas tierras, es la única unidad racial posible que se puede considerar homogénea y victoriosa y que, en el futuro, será la única base de unidad que podamos alcanzar.
El Perú actual ha vuelto a ser andino y, básicamente, serrana ha vuelto a ser su población y la cultura que domina la actividad nacional es más andina, chola, que criolla y blanca, indudablemente. Este fenómeno trascendental está plasmado en todas las esferas de la actividad social. Solamente el poder político, la dirección social del poder, la dirección moral de la nación, está concentrado en las manos de aquellos cuya riqueza fue acumulada en cinco siglos. El poder del estado, las estructuras básicas del gobierno aún no han sido conquistados por los cholos, todavía no son definitivamente conquistados por los cholos.
Este es el reto próximo más justo y más real que se presenta en el panorama político peruano.
Breve análisis racial:
La mayoría mestiza de América proviene del abuso sexual, del dominio impositivo, de la prerrogativa de la fuerza que el macho español, conquistador, tuvo sobre nuestras maternas antepasadas. Esta verdad, que nunca fue planteada tan crudamente, irrecusable es cuando todos los mestizos americanos somos producto del cruce de europeo conquistador y hembra indígena. Aquel cruce, obviamente, además de justificarse con la violencia que supuso la conquista, es precedente de otra clase de ignominias que, como veremos, también se cernieron en el ámbito político y social de la vida cotidiana en el tiempo colonial, en la república, y actualmente.
El colonialismo, como no ignoramos, trató de desintegrar el imperio atacando primeramente a la familia, al Ayllu tradicional, y a su jerarquía religiosa y política. La moral del imperio fue arrasada al perpetrarse un régimen de desigualdad y al desconocerse el derecho de sus habitantes a organizarse, a pertenecer como unidad individual a una raza homogénea; las organizaciones religiosas y civiles fueron desconocidas y duramente castigados sus cultos y sus festividades.
Con el paso del tiempo, luego de algunas generaciones, tuvieron que ser palpables los productos no deseados de esta violencia. Uno de ellos, el más vivo, tuvo que ser el mestizo mismo. Porque, entonces, el mestizo tuvo que ser ante los ojos de los indígenas un bastardo despreciable; igualmente, ante los ojos de los inquisidores españoles, un media sangre inaceptable que contradecía su moral católica.
Al comienzo (debieron haber sido muchas décadas), según el cronista cholo Guamán Poma de Ayala, los españoles evitaron contraer matrimonio con las indígenas y negaban a sus engendros la cristiana y natural relación padre-hijo, negaban a sus hijos putativos el derecho a adoptar sus apellidos y nombres cristianos. Por lo demás, bien es cierto, sucedió así hasta que las ciudades y los templos coloniales comenzaron a poblarse de media sangres (cholos) y hasta que resultaba evidente y doloroso seguir negando este producto netamente colonial de la violencia, abuso, y dominio (el machismo americano, y específicamente ése muy peruano y muy mexicano, tiene este patán origen y que luego se consolidará en la república con visos políticos y morales y culturales).
Obviamente, con los siglos, los mestizos, producto de esta verticalidad e irracionalidad social, se casaban entre ellos y seguían mancebándose con los españoles, de esta forma dinámica y arrolladora, llegaron a constituir hasta los albores de la república el número más representativo de habitantes de las ciudades
coloniales. Aquellos, que inicialmente realizaban labores secundarias y que dependientes eran de la administración colonial (tinterillos, mediadores, comerciantes, secunderos, barrenderos, pregones y militares subalternos y clérigos de tercera), pasaron a formar el sector más radical, dinámico y contrario a la permanencia española en estos territorios americanos (de este contexto racial y de esta dinámica social nacieron los abuelos nuestros y aparecieron nuestros héroes de la independencia: Morelos, en México; el padre Vizcardo y Guzmán, Melgar, Bolívar, San Martín en América del Sur y los demás precursores).
A esa raza mestiza (bastarda en el pasado) pertenecemos; pertenecemos a esa raza que es más india que española; pertenecemos a esa raza que hoy habita mayoritariamente las ciudades de América y que ayer se impuso al colonialismo: Basadre nos dice que cuando los españoles dejaron estas tierras americanas los mestizos sobrepujaban en número a los indios y sobrepasaban infinidad de veces a los bolsones de puros españoles que se resguardaban del mestizaje trayendo sus propias mujeres.
Política y sociedad:
Pero los mestizos, los cholos, aunque eran directos herederos de ese poder que abandonaban los españoles, al cual habían combatido y expulsado como guerreros abanderados de estas tierras, no heredaron siquiera la parte subsidiaria de la administración de ese poder, ni se posesionaron de las tierras que les correspondía naturalmente por su ascendencia materna. Los mestizos e indios permanecieron neutralizados por la riqueza y poder de los grandes terratenientes (encomenderos antiguos y aristócratas latifundistas o modernos hacendados), inmovilizados de la dinámica propia que debía tener la historia con respecto a sus reales agentes y componentes directos. Los mestizos e indios fueron sobrepasados por los criollos blancos que, absusivamente, después de la guerra de independencia se apropiaron del estado para servirse de los beneficios que les dejaba esa estructura feudal, muy colonial, del uso de la tierra y de las prerrogativas de explotación gratuita del indio y del mestizo.
A pesar que con la independencia mestizos e indios pasaban a ser ciudadanos libres y legítimos de la patria, en la práctica, continuaban siendo ciudadanos de segunda categoría y esclavos de la gleba. La dura situación de mestizos e indios no la cambia espontáneamente el estado criollo ni el tiempo, la fuerzan ellos mismos; ellos mismos van modificando en su beneficio esa agraviosa contingencia histórica (notable es la ceguera y la inercia política de la clase dominante hasta la llegada de Mariátegui, cuatro siglos más tarde).
Mariátegui analiza la realidad peruana y da los primeros pasos teóricos y de práctica política para enfrentar esta grave encrucijada del poder en el Perú, pero fracasa al centrar "en la lucha de clases" al eje del problema nacional del poder (para contradecir una parte del valor de esas teorías baste incidir sobre el hecho, gravitante, que hasta entonces el Perú tenía una industria incipiente y, por consiguiente, un proletariado agrario e industrial insignificantes). Mariátegui no pudo ver que el problema mayúsculo que emanaba de la realidad nacional era aquél del poder mismo, de a quién debería corresponderle el poder; cuál raza era dominante; quiénes, legítimamente, eran dueños de este país. Mariátegui no entendió que la composición del poder era equivocada; es decir, no localizó al problema en el hecho que la mayoría chola tenía un rol marginal en el poder. Mariátegui no comprendió que marginar al los cholos del poder era frenar la dinámica racional de la sociedad, que tiene que propiciar una natural inclinación por aquél común denominador.
Por su lado, con otra perspectiva y potencia, Haya de la Torre, se da cuenta que la composición del poder es el asunto más
problemático y que requiere de una solución práctica (Haya de la Torre no se preocupa mucho del origen del poder, ni de a quiénes debe pertenecer el poder, sino del uso del poder mismo). Sin embargo, Haya de la Torre, aunque era más político que teórico, en las bases de su partido, anuncia la necesidad de conformar un Frente Unico con la concurrencia de todos los sectores sociales y fuerzas económicas y políticas.
De esta manera Haya de la Torre tratará, en lo sucesivo, de romper con la tradicional marginalización de los cholos del poder, pero no prevé ni plantea la idea y la necesidad que será a aquél, específicamente, al que debe corresponder el poder y el control del estado. Haya de la Torre, a la par que Mariátegui, no logrará discernir que el epicentro de todos los conflictos y la fuente de donde emanan los principales yerros y desaciertos políticos es ese racial, aquél que queda perpetrado en la nula presencia de los cholos en el poder. La idea del Frente Unico, pues, no podía prosperar, si no se reconocía previamente la preeminencia que el cholo debía tener en el control del poder.
Pero, aún cuando las raíces de este problema ya se vienen avizorando, los partidos políticos, los intelectuales, no incluyen en sus perspectivas programáticas, ni en sus teorías ideológicas, esta certeza, esta necesidad irrecusable. Todavía no reconocemos con humildad, en honor a la verdad, en el interés de defender y desarrollar al país, que los cholos constituimos la amplia mayoría y que, por elemental democracia, a ellos corresponde legítimamente el poder.
A grandes rasgos he hecho objetivo la trayectoria del estado y el desenvolvimiento de la historia, a la par, la situación social y la perspectiva política del poder para los cholos. Ahora, en correspondencia a este somero análisis, propondré las tendencias y las acciones de esas mismas situaciones y agentes, con respecto, al futuro.
La globalización económica, "el cholo":
El cholo, en el tercer milenio, como hemos visto arriba, tiene ante sí satisfactorias, promisorias, perspectivas.
Primero, el cholo ya no tiene que campear con esa total marginación social: para el mundo, el Perú es un país poblado de mestizos, de cholos. Perú no está poblado de blancos, Perú no es una nación blanca.
Segundo, las clases tradicionales que gobernaban Perú se han desmoronado ante la arremetida de la población autóctona, los partidos tradicionales casi han desaparecido por iguales causas (aveces, el ruido de las urnas electorales, los hace despertar y aspirar a ese poder metafísico que sólo irrealmente les pertenece).
Tercero, el cholo ya se ha definido e impuesto como el elemento más dinámico, trabajador y mayoritario, en la economía y en la sociedad.
El cholo, lentamente, como fue apoderándose de las ciudades, como fue tomando control de la vida material y cultural, pronto, quizá en los próximos diez años, debe apoderarse (para siempre) del estado y de las riendas de su gobierno.
Cuarto: Pero, claro, el control de ambos aspectos predominantes que mueven a la sociedad afectará directamente las formas ancestrales que aglutinaron a las comunidades de indios y que aún hoy son determinantes en la aglutinación del cholo en las ciudades. La sociedad del futuro, según nos muestra su trascendencia, tenderá a englobar, a absorber, y a destruir culturas, lenguas, religiones y costumbres ancestrales en esos países decadentes y sin hegemonía, sin identidad nacional. La sociedad del futuro, para allanar el terreno de su acción económica, no reparará en etnias ni detendrá sus límites ante culturas antiguas; ésa avanzará y será insensible ante cualquier resistencia u opción de marginalidad. La economía mundial exigirá que cada pueblo se deshaga de sus
costumbres y de su ritmo social y adopte las reglas de juego del capitalismo. Exigirá, igualmente, que cada ciudadano se integre y no escape a su influencia. Ello, obviamente, requerirá como respuesta que cada país esté consolidado y que eduque y capacite técnicamente a su gente. El cholo, que ahora en masa puebla las universidades, centros de educación, centros laborales y sindicales, está ante inmejorables condiciones para asumir la construcción de ese gran proyecto nacional de transformar la composición del poder y de asumir en el presente milenio la función central y que nadie más puede realizar, de liderar provechosamente (gobernar) el rumbo de su país ante el mundo.
Por una sociedad abierta y democrática:
El cholo, y todos aquellos de otras razas que habitan esta nación, deben considerar que rehacer las estructuras del poder a partir del predominio de la raza chola, mayoritaria, éticamente idónea, es de vital importancia para el desarrollo integral del país. Todos tenemos que aceptar autocríticamente que marginar al cholo de las políticas de control de su país, no obstante su masiva mayoría, acarrearon efectos durables, negativos, y palmables ahora, como ayer, en la miseria material y en su inmoralidad declarada.
El cholo deberá considerar como al punto central de su agenda, y como su directa responsabilidad, el mejoramiento sustancial de la calidad de la vida del pueblo peruano.
El cholo tiene como deber sacar al país de la inercia y el pesimismo, irrogarse la tarea racional y planificada de dirigir la trayectoria política de su país.
El cholo deberá comprometerse a realizar este sueño nacional, insatisfecho, en el futuro más inmediato y empeñando su sacrificio.
El cholo debe centrar su trabajo en unificar esfuerzos para democratizar al país, para convertir a la democracia en una realidad social y que sea producto directo de la participación proporcional en la composición social.
La democracia por eso, repito, será el elemento central donde nuestro pueblo mestizo vértebra su acción política de justicia.
El cholo, en consecuencia, trabajará para hacer factible y fiable para el individuo, para que la sociedad toda, asuma la democracia como sistema político de identidad, como recurso para armar ese necesitado espíritu nacional, apropiado para transformar el país y concordante con el desarrollo mental y material del mundo.
La democracia será, en un estado peruano de democracia chola, la asunción de una ética, de una visión de libertad y de igualdad; de una obligación de respeto y responsabilidad ante todos aquellos ciudadanos (cholos o no) que conforman la nación.
La democracia será un medio transparente y justo de gobierno, el objetivo central de todo su programa político, de su filosofía básica.
La democracia será un objetivo en sí mismo; porque la manera democrática como deben considerarse las relaciones de poder, la esencia democrática que debemos exigir como resultado de nuestras actividades, nos situará en posición de comprometer y de englobar a todas las fuerzas que mueven a nuestra sociedad en igualdad de derechos.
Una democracia chola será tolerante y respetuosa, respetará que cada demócrata hombre o mujer, que cada partido democrático y cada institución democrática participen en igualdad de condiciones, con derecho real en la política nacional y que no sea excluido o menospreciado su contribución política por el hecho que la contienda le fue adversa o porque su potencia no alcanzó suficiencia.
La democracia chola, asumirá la diferencia de opinión y verá con beneplácito a la oposición por creer que sin la opinión múltiple, sin los necesarios cuestionamientos, la democracia no podría
construirse y que la libertad tampoco podría ejercerse y consolidarse.
No será, entonces, la asunción de la democracia por el gobierno de los cholos, parte teórica, únicamente, de su voluntad política; será, sobre todo, el reconocimiento que el manejo de una realidad común tiene que ser sujeta a juicio común, a la participación de todos los miembros que integran esa realidad. Porque del mismo modo como el trabajo de todos revierte sus beneficios materiales a toda la sociedad, de la misma suerte cada individuo estará comprometido a vigilar que el estado y la legitimidad de la democracia funcionen.
El cholo, su gobierno democrático se compromete, por lo tanto, a realizar esos objetivos sin perder de vista el análisis realista de la composición de todas las fuerzas que concurren y de todas las opiniones que el libre juego de la política ponga a disposición. Porque la democracia, al mismo tiempo de recoger la exigencia de la voluntad parcial y mayoritaria, implica, igualmente, asunción de compromisos nuevos, riesgosos, pero responsables.
El cholo no rehuirá guiar a su pueblo hacia nuevos retos y no rehusará asumir riesgos comunes; consecuentemente, no dudará en respetar el consenso y emplear todo su poder para cumplir la voluntad general (la democracia comenzó, no debe olvidarse este punto de partida, cuando el individuo empezó a objetivizar su propia independencia y asumió la tarea racional de oponerse y cuestionar la existencia del feudalismo paternalista y de la oligárquica, tiránica, tradición política).
En ese momento el individuo avizoró un estado a la medida de su voluntad, un estado que respetara su voluntad. En el Perú, la conclusión es evidente, la democracia fue incierta e indeseada; la democracia permaneció en estado latente y nunca progresó más allá de su estadio infantil. Las sucesivas dictaduras no permitieron que creciera y que diera sus primeros frutos duraderos.
Los partidos políticos tradicionales sólo asumieron por temporadas cortas y nunca sucesivas la voluntad política del pueblo (cuando alguna elección estaba a las puertas o cuando había que medrar el poder recurrían a las inmensas mayorías, pero cuando había que repartir el poder huían de las mayorías). Aquellos dirigentes nacionales, connotados oradores y sofisticados juristas, poco trabajaron para desarrollar y cuidar el crecimiento en humanidad de su pueblo.
El cholo, porque no desconoce esta parte esencial, pero trágica del desarrollo peruano, debe comprometerse al ejercicio real de la democracia y a que los partidos políticos, parcialmente, se consoliden. El cholo peruano, los cholos latinoamericanos al asumir las tareas de gobernar su país, tiene que comprometerse a contribuir con el esfuerzo mundial de humanizar e independizar al hombre.
Porque democracia, en su sentido amplio, no es el mejoramiento parcial de las condiciones jurídicas del estado o la alternativa rotativa y periódica de los partidos en el poder. No solamente ello. Políticamente, la democracia debe ser constatada en el progreso de las libertades y en las responsabilidades asumidas por cada individuo. El individuo debe ser capaz, por ejemplo, porque su espíritu democrático ha sido potenciado, porque su ámbito de libertad fue definido, de asumir por propio convencimiento la solidaridad de ser ético y justo, e ir contra cualquier clase de discriminación.
En este particular sentido el cholo deberá reconocer que la composición humana del Perú es multiétnica pero asumir que él pertenece a esa mayoría racial que debe conducir y controlar las políticas de igualdad del estado.
El cholo deberá demostrar que a pesar que su predominio en la composición social, de su contribución masiva en la construcción material y moral del Perú, fue negado del poder y que, por lo
mismo, no subyugará ni excluirá a los otros de su derecho porcentual en la toma de decisiones generales.
El cholo pues, debe confiar que con la reversión de esta equivocación histórica, de esta omisión grave, el Perú ha de volver a causes naturales de la política, del sentido común, para dirigir correctamente y con la anuencia de todos ese gran destino futuro.
El cholo, sin embargo, no debe propugnar al predominio violento o legalizado de una etnia sobre otra ni excluir a ninguna; la democracia chola no debe erigirse sobre nada que no sea recto y sólido.
El cholo por haber visto con claridad que la primera traba para edificar la democracia en Perú fue, precisamente, haber sido desconocida su prerrogativa mayoritaria en la vida social y política, no tiene que vengarse del pasado recurriendo a las mismas armas y artes.
El cholo deberá centrar su trabajo en objetar cualquier tipo de exclusión y en asumir que la fragilidad de la democracia y la inestabilidad política han nacido de estas incongruencias.
En virtud a ello, el cholo, tiene que confiar que esa situación será cambiada, que las fuerzas que concurren en la política deben ser de la misma composición que aquellas que obran sobre la economía y sobre el resto de las actividades sociales.
Libertad y Democracia:
Un gobierno de cholos no deberá concebir a la libertad política en el sentido de la visión liberal, autodenominada "libertad formal". La libertad deberá concebirse como posibilidad real que el individuo, el peruano común y corriente, llegue en un tiempo razonable a trocar esa "libertad formal", dada por la jurisprudencia y vigilada por el estado, por una libertad real, por una libertad que pueda ser manifiesta en la directa injerencia de cada uno en el estado, en la toma de decisiones del estado, y en la calidad material y moral de su vida.
Porque la real libertad deberá ser entendida como la asunción implícita que hay medios e instrumentos legales que facilitan el acceso de todos al trabajo, a una equitativa educación, derecho a salud y seguridad social, a vivienda digna e ingresos honrosos.
Sólo esa clase de libertad será garantía y condición democrática para orientar a toda la sociedad hacia una libertad real.
Un gobierno de los cholos deberá partir del hecho que la libertad, esencia de la democracia, es fundamental para el desarrollo cualitativo del individuo y base del desarrollo objetivo de la sociedad. Pero, al mismo tiempo, ello no significará inmolar la vieja y rica tradición de unión en arras de una perfomance económica, en arras de los beneficios materiales que pueda extraerse de una economía deshumanizada y globalizada.
Un gobierno democrático del cholo peruano deberá emprender la creación y desarrollo de un espíritu capaz de conseguir la alianza de esa tradicional mancomunidad con el deseo individual de progreso; que Perú debe llegar a ser capaz de conjugar progreso técnico, progreso material, con el cuidado de su legado natural, de su legado moral.
Perú será grande cuando sepamos unir ambas corrientes y cuando esas perspectivas corran paralelas en el horizonte de humanidad política.
Perú será una gran nación recién cuando el predominio cholo sea completo, cuando las tareas principales de gobierno estén en sus manos, cuando las leyes y el sentido de aquellas provengan, enteramente, de su voluntad.
Conclusiones:
Las últimas elecciones, a la luz del somero, anterior, análisis, me llevan a hacer varias clases de consideraciones morales y a asumir teóricamente un sinfín de premisas críticas de modo concluyente:
Una.- La primera, importante, conclusión proviene de la comprobación directa que el peruano común, que el cholo, hoy día no posee poder real alguno y que, en el Perú, la democracia no podrá ser viable mientras no sea aceptada la necesidad primordial que quién ha de asumir el poder, será ese conspicuo miembro de la mayoría racial. Es decir, la extrema necesidad que aquél tiene que ser un cholo nato y desprendido históricamente de las entrañas de la tierra y de la conciencia nacional.
Dos.- Otro punto importante que debe ser señalado como conclusión será aquél que las minorías raciales (blancos, negros, chinos, árabes y japoneses) deberán asumir su correspondiente responsabilidad política en concordancia con la cantidad de sus miembros y en función de la mecánica intrínseca de equidad de la democracia misma (lo peor que le ha sucedido a Perú fue permitir que el poder político fuera una extensión, un apéndice, de la economía y del poder económico de una minoría y que ese hecho, subrayado por un racismo inconcebible, desconociera un otro hecho mayor, aquél, que el verdadero poder, naturalmente, sólo nace y crece recio en el seno del grupo homogéneo y mayoritario, con raíces antiguas y más diseminadas en el territorio).
Tres.- Igualmente, el otro punto concluyente que debe quedar subrayado, será ese que el estado, que las castas que se sucedieron en el estado, para que su fuerza no apareciera completamente desnaturalizada y que actuaba en contra de la voluntad de la mayoría, debieron recurrir a toda clase de malabares políticos, a toda suerte de demagogia, a toda clase de arbitrariedades para subsistir en el poder y gobernar con cierta solvencia y anuencia popular. Esto explica, claro, llanamente, que "los padres de la patria", en el Perú, hayan borroneado, escrito y plagiado, infinidad de constituciones y que no se tenga definida y consolidada una única carta legal de política. Esto explica, a su vez, por qué el respeto a las leyes, a la legitimidad, es tan enclenque y por qué las leyes mismas son frágiles, contradictorias, y descartables.
¿Y no deben circunscribirse estos puntos, de esta irónica realidad, en la comprobación que una minoría aunque sea rica y poderosa, aunque se esfuerce y empecine, nunca podrá hacer un gobierno unitario, de unidad nacional?
¿No debe explicarnos aquello, también, que esos pretendidos gobiernos de unidad nacional, que sus dirigentes nacionales y regionales, contradicen la composición racial, real, del Perú?
¿Y los sucesivos fracasos, la mísera democratización del país, el exiguo desarrollo económico, no son razones suficientes y la confirmación que los gobiernos de Perú no tienen que pertenecer a inga y a mandinga, sino únicamente al cholo?
No niego, esto se debe entender de vera forma, que Perú contiene todas las sangres y todas las gamas posibles de mixtura racial pero, igualmente, no debe soslayarse el hecho real, dominante, que el grupo mayoritario auténticamente nacional, homogéneo, y de mayor empuje en la sociedad, es el cholo.
Cuatro.- En los países latinoamericanos los blancos se plantean, y quisieran resolver teóricamente el "problema" ontológico, mitológico, de la "identidad nacional". Obviamente porque necesitan resolver con una adecuada teoría la contradicción que supone ser una minoría y permanecer en el poder.
Primero cronistas, curas e historiadores antiguos, luego los modernos sociólogos, politicólogos y antropólogos trataron de
diseñar teorías creíbles y "potables" que resolvieran la cuestión "problemática", según ellos, de la "identidad nacional".
Pero todas esas teorías y propuestas ideológicas, lógicamente, estaban destinadas al chasco. Fracasaron porque en principio todas eran irreales y porque no se correspondían con la "realidad nacional". Como instrumento de política, desde luego, se ensayaron algunas y paradójicamente produjeron resultados monstruosos o detestables.
La historia patria está plagada de ejemplos: hubo democracias estériles que no produjeron un gramo de libertad real para nadie; se manejó la economía con esta clase de visión de futuro y el resultado fue democratizar la miseria. Hubo dictaduras tan fatales para el espíritu nacional que el ciudadano común se sentía humillado y gobernado como si fuera una bestia pública, un irracional animal.
En efecto, todas esas teorías, toda esa fementida "identidad nacional", no dejará de ser un duro problema para las minorías que quieren mantener inalterables su control político y económico. Para la mayoría chola, contrariamente, esta cuestión no es problemática: todos los cholos del Perú y todos los cholos de América somos intrínseca y extrínsecamente idénticos.
Los peruanos debemos asumir nuestra cholitud, simplemente. No puede haber máxima ni fraternal unión espiritual e histórica que el pasado común, que el origen común, que nuestra raza común.
La unidad nacional, la identidad nacional, la democracia y todos los problemas de orden político y social quedarán resueltos cuando los cholos peruanos, los mestizos de América asuman completamente el control de sus estados.
Cinco.- ¿No deberíamos explicar antes, a efectos de asumir la concordancia histórica mundial, nuestra búsqueda de "identidad nacional" con esa de EE.UU, por ejemplo, donde no es discutido, ni siquiera planteado "el problema" de la identidad nacional?
En EE.UU, en contraste con las naciones de Latinoamérica, el estado no se fundó en la correlación de predominio de una raza sobre otra, ni fue alcanzado por la esclavización de los indios norteamericanos. Aquél, como todos los sabemos, fue determinado por la absoluta imposición de su raza homogénea y por el completo control de la propiedad de la tierra (los colonizadores ingleses exterminaron a los indios norteamericanos pero no los incluyeron como peones de gleba o como braceros en las minas). Los colonizadores norteamericanos trabajaron la tierra con sus propias manos y no delegaron sus tareas recurriendo a la sistemática explotación de los indígenas.
En EE.UU la cuestión del poder fue resuelto y determinado en sus orígenes: primero, porque los conquistadores se impusieron a los conquistados, exterminándolos; segundo, porque los colonos tenían otra clase de moralidad que la nuestra (su moral luterana positiva contra nuestra moral negativa, católica). En Norteamérica (EU y Canadá) no se produjo el mestizaje cultural, racial, ni religioso.
En gran parte de América Latina la cuestión del poder todavía no esta resuelta:
Porque los estados, propiamente dichos, no están definidos.
Porque los estados latinoamericanos, en comparación con los estados norteamericanos o europeos, no han alcanzado a comprometer al pleno de su población; debido, particularmente, como ya lo establecí, a que el poder, por estar bajo control de las minorías, es raquítico y con temor a ampliarse.
Porque los estados Latinoamericanos han sido incapaces de sacudirse completamente de la influencia del pasado.
Porque las mayorías nacionales aún no alcanzaron la cohesión suficiente, por las imposibilidades que ya se señalaron, para organizar un poder paralelo y capaz de competir y arrasar a cualquier otro.
Seis.- Hay, obviamente, variar cuestiones subsecuentes que se desprenden de las primeras aseveraciones y que deben ser desarrolladas:
Una, por ejemplo, sería ésta: ¿si es natural que el poder corresponda a la mayoría?
Dos, ¿por qué en Perú, en México, en Bolivia, en Ecuador, donde los mestizos son el grupo racial dominante, no ostentan ya el poder?
Tres, ¿por qué no han accedido, ellos, a ése, en forma duradera y unánime?
El mestizaje en estos últimos 500 años parece no haber sido un factor determinante para diluir el predominio "blanco" del control del estado y organizar una fuerza contundente para neutralizar primeramente los efectos negativos de ese conflicto racial y para imponer luego, en la perspectiva del poder, el número y su importancia social. Al contrario, el mestizo mismo ha sido incapaz de definir su derecho de gobernar este continente y, quizá, porque su mestizaje producto es de esa violencia que supuso la conquista, difícil le resulta establecer el propio ámbito de su diferenciación. Tan grave es aquello que, incluso, para cada individuo mestizo, hoy, incómodo le es asumir su mesticidad (no será difícil encontrar a un mestizo que ningunee a sus congéneres de raza y afirme, sin ruborizarse, que sus ancestros son puramente europeos, aunque sus rasgos faciales adelanten otra cosa).
Se dice que se habla mal cuando se habla del indígena, del indio, del cholo (mestizo) propiamente. Se piensa y repiensa que deben evaluarse estos conceptos en función de la historia y no en función del individuo. Qué, como la mezcla racial no puede establecerse con exactitud, la raza en sí no puede ser el punto de partida para conjeturar la justa composición política que debería tener un estado multiracial. En consecuencia, que ningún juicio racial puede darse sobre la base de la pureza o de la común trayectoria histórica y no puede debido a que no existe una línea divisoria que funja como de muro de separación entre una y otra. Que no debe tenerse en cuenta, por otro lado, a aquella línea trazada por la riqueza y la pobreza, porque ésa también es trazada aún cuando en una nación habita una única raza.
Estas objeciones que se hacen comúnmente para detener el verdadero sentido de un juicio racial y de defensa en pro del poder para la mayoría mestiza, tienen valor sólo separadamente; particularmente, ese valor, se desfigura. Pues, si cierto es que el poder debe corresponder a la mayoría racial, ¿cómo se explica la contradicción que en Perú, en Latinoamérica, desde hace cinco siglos, los mestizos nunca accedieron naturalmente al poder?
Siete.- ¿Qué haría explicable, entonces, el hecho que los mestizos no fueran capaces de organizarse apropiadamente en torno a una fuerza hegemónica?
¿Cuáles serían los fundamentos que impidieron el natural crecimiento de una conciencia unitaria, para que sin conflictos mayores ni dilaciones, digamos, por el ejercicio de la voluntad, el poder fuera de ellos?
Obviamente, entre el pueblo y el poder siempre se interpuso una barrera militar y una elite social, politizada, ad hoc. Desde la conquista, la clase dominante se parapetó detrás de un ejército afín y comandado por una cúpula de sus propios descendientes.
Desde la conquista el estado se cuidó de destruir las comunidades y las organizaciones y se esmeró en que los cholos no tuvieran acceso a educación y a puestos de trabajo de importancia nacional.
Las instituciones, desde las eclesiásticas hasta las militares y civiles, tenían muy definida la división social de los intereses políticos y económicos, como una declarada tendencia racista (een apartheid, como dirían,delirantes, los fascistas blancos de South Africa).
Ocho.- La democracia, en consecuencia, nunca se enraizó en Latinoamérica porque había un miedo fundado de las cúpulas "blancas" a perder el poder para siempre, si se permitía el libre ejercicio de la voluntad popular.
¿No explica, ello, a su vez, el hecho que en este continente hayan habido más golpes y dictaduras que en los otros continentes y, por lo mismo, que el poder de los estados en Latinoamérica sea poco estable y sujeto a conmociones?
¿No explica diáfanamente, aquello, el porqué los gobernantes, militares y civiles, hayan sido ineptos monigotes y los más pintorescos y farsescos de la escena política mundial?
¿Este hecho fatal no nos explica por qué en el Perú, en sus dos siglos de independencia, ninguna de sus instituciones llamadas "tutelares" (iglesia, ejército, y aparatos políticos) ha realizado algo bueno y duradero?: El ejército ha perdido todas las guerras y huido con el rabo entre las piernas de los territorios que nos quitaron; la iglesia, los togados y purpurados mediadores de hombres con Dios (malos en la tierra y buenos en el infierno) no pudieron hacer potable un tipo común y normal de moral que fuera hacedora y franca (la corrupción, la inmoralidad de los países católicos es más grande que en los países calvinistas, musulmanes o budistas; la corrupción en el Perú es más grande y más pesada que todo el detritus de las cloacas de las ciudades asiáticas). Los partidos políticos tradicionales, existentes y fenecidos, no cuentan; todos nacieron muertos o desvalidos, todos fueron ideados para saquear al país y para mantener inalterable ese poder abstracto que, según ellos, nace de los votos y no de la dinámica social, de la composición real racial, de la acción y reacción de las fuerzas que mueven a la sociedad al unísono.
Ello, también, nos explica el hecho concluyente y trágico que Latinoamérica, a pesar de su enorme potencial económico, sea más pobre que otros continentes sin los mismos recursos (no debe olvidarse, además, que Inglaterra conquistó Norteamérica dos siglos más tarde que los españoles conquistaran Latinoamérica).
Los españoles y los herederos del poder español, pues, han tenido doscientos años más de tiempo para aventajar en desarrollo económico y en la construcción de naciones democráticas a Norteamérica, pero no han podido, han fracasado rotundamente.
Finalmente, como queda demostrado, el poder político (de a quién debe pertenecer el estado, de dónde debe emanar el verdadero poder), es la cuestión más central y de mayor importancia que creo haber resuelto. Mariátiegui no pudo, no pudo hacerlo Haya de la Torre, ni V.A. Belaúnde y nadie podrá hacer otra teoría capaz de contradecir ésta, definitiva; pues, no hay juicio posible que se oponga a estos ni espacio que, en el futuro, camufle a ninguna otra mentira.
Soy un cholo, mi bondad es la inteligencia; mi fe, la verdad.
Génesis del Poder y del Estado en el Perú
(Parte II)
Introducción:
Este momento, por ser el inicio del tercer milenio y habiendo (el Perú) columbrado perniciosamente los últimos 500 años, es apropiado para revisar todos los fundamentos teóricos, o solamente aquellos presupuestos, que sirvieron para que en ésta, otrora imperial nación, tan rica en tradición de grandeza, se impusiera un enclenque estado y se practicara un poder que no ha sido nunca solvente y, contrariamente, demostrado ser una traba para la prosperidad material y moral del país.
Repetido lo anterior, paso a discernir sobre la esencia de mis teorías políticas con las que creo haber resuelto lo más álgido de estos asuntos y al número de necesidades teóricas a las que, evidentemente, deben volverse con asiduidad hasta perfeccionarlas y aplicarlas. Porque nadie desconoce a esta altura, y con las evidencias que se exponen pragmáticamente en el escaso desarrollo del país, que el poder en el Perú, aquél ejercido por los Virreyes o por los sucesivos presidentes republicanos, suscitó un gran entrampamiento y causó repetidas veces la ruina moral, la pobreza extrema, y la imposibilidad de construir desde los cimientos una verdadera, definitiva, unidad nacional.
Primero: planteo que la génesis del poder y del estado peruano no fue forzada por los acontecimientos evidentemente cruentos que auspiciaron la independencia; que esta génesis no estuvo marcada por el derrocamiento de una forma de poder y por la asunción de uno otro, distinto. Más bien, muy por el contrario, que aquella génesis no se dio y que, el naciente estado republicano peruano, se gestó a efectos de un traspaso natural y de una sucesión consecuente de poderes.
La prueba está en que los cholos de ayer y de hoy, hijos todos de los indígenas, dueños legítimos de esta patria y que se desangraron para expulsar a los colonizadores, no poseyeron poder alguno y no controlan de ninguna forma las estructuras del estado.
Segundo: Como mi propósito no es hacer historiografía, aunque sí un planteamiento teórico que compromete a la historia, doy por descontado que nadie desconoce los datos que produjeron esta clase de conclusiones y que el lector maneja la información pertinente para seguir el curso de mi razonamiento sin que llegue a sorprenderse ni de las partes ni del conjunto mismo. Por ejemplo, nadie desconoce que somos parte vital de ese gran imperio Inca; tampoco, que, ahora, dentro del concierto de las naciones, Perú es, apenas, algo más que una república bananera (una chacra de camotes). Nadie desconoce que los culpables del deterioro de nuestra grandeza han sido los conquistadores españoles y, también, indirectamente, todos aquellos que asumieron el poder inmediatamente después de la derrota colonial. Porque éstos, no
otros, derrocharon la oportunidad de reconstruir la grandeza pasada y despreciaron la oportunidad de fundar un estado fuerte y de conducir a su favor los efectos de una geopolítica apropiada (Perú, entonces, perdió el Alto Perú y dejó que la naciente Brasil se metiera en la selva amazónica). Los que heredaron ese poder inmovilizante, poco visionario y traicionero, no hicieron nada; obviamente, porque debían conservar su poder malhabido y porque menospreciaron el poder de las mayorías nacionales y porque gobernaron al Perú con mentalidad, técnicas, y leyes empleadas y concebidas para los gobiernos coloniales (el estado peruano siempre usó el poder para reprimir y controlar al pueblo antes que para inducir esa potencia en cualquier proyecto nacional).
Tercero: lo sostenido inmediatamente arriba queda respaldado en la ingrata comprobación que las fuerzas que al estado conformaron no son ahora, ni lo fueron en doscientos años pasados, aquellas que se acrisolan en las inmensas mayorías nacionales. El poder, en este sentido, acudió a fuerzas postizas (llámese ejércitos, llámese decretos y descartables constituciones) para controlar con violencia y con falacias, a espaldas de cualquier magnitud de legitimidad y derecho, a un pueblo al que previamente esquilmó y negó su unidad.
Los mestizos, los cholos, siempre han sido espectadores y víctimas de un poder que afectaba sus intereses y que transcurría fuera del ejercicio de su voluntad. Los cholos, inconcebiblemente, fueron alcanzados desde el comienzo por la violencia del racismo de una minoría que, parapetados detrás de leyes y puniciones, detrás de una trayectoria de explotación feudal y rentista, de una riqueza acumulada con malas artes, persevera en el control de un estado inepto y monstruoso, incapaz de expandir su propia acción hacia terrenos propicios para la libertad y el desarrollo.
El poder en el Perú, pues, sirvió a intereses particulares de una minoría, nunca fue diseñado para que sirviera a toda la nación.
Cuarto: estas suigéneris tesis, que contienen en su seno la verdad más legítima y la contradicción más impredecible, no las saqué de la nada, provienen de mi pensamiento justo y dedicación amorosa a mi país (juntamente con los problemas actuales y coyunturales del mundo, rumio aquellos, groseros, que al Perú afectan 5 siglos).
Por un lado me he concentrado en la magnitud de sus fuerzas correlativas, intrínsecas o extrínsecas del poder mismo; por otro he estudiado su acción directa o retardada en la sociedad: latamente, en sus efectos.
Pero para entender cuáles pueden ser los pasos que nos saquen de este "empantanamiento", de esta "inercia histórica", de esta "involución moral", propugno varias medidas, entre ellas, quizá la más sagrada e inevitable, sea ésa que el cholo, nadie otro, en lo sucesivo, debe gobernar cuál fuera el área donde el requerimiento del ejercicio del poder sea necesario: el estado, las instituciones tutelares, las organizaciones de base, la actividad económica, etc., etc.
Porque el requisito sine cua non para alcanzar la democracia, la unidad nacional, el progreso material y la paz, será ese de la pertenencia del poder a la mayoría nacional.
Génesis del Estado y del Poder en el Perú:
El estado peruano no proviene de la decadencia directa del imperio Inca sino, más bien, de la decadencia distante, indirecta, del imperio español. Entonces, en este particular, importante aspecto, el nacimiento del estado peruano y el de aquellos otros de las naciones latinoamericanas, no se asemeja a los actuales estados modernos europeos, que sí tuvieron su génesis en el derrumbamiento interno de algún otro poder hegemónico y no
tiene parangón con autónomas naciones norteamericanas que, como no desconocemos, desde el principio, consolidaron su democracia y su riqueza, además del poder real de un imperio que se bifurca hoy en todas las direcciones del planeta, como es el caso de los EEUU.
Consecuente con este primer planteamiento, se debe resolver obviamente la pregunta que interroga por el génesis de nuestro estado y por el génesis del poder en el Perú.
Quiero, quizá con fines de destacar este nuevo, definitivo, análisis, desechar cualquier prognosis anterior hecha por los historiadores, ideólogos y politicólogos; ya que, desde cualquier punto de vista, no han tenido la virtud de fundar ni un nuevo pensamiento político, ni han pergueñado el esquema de un estado nuevo para el Perú; debido, seguramente, a que no entendieron la procedencia del poder y dónde el actual estado tiene sus raíces.
En Perú, indudablemente, hay un estado, pero un estado incapaz y patizambo nacido de la decadencia señalada y por la cual, por su desvalidez, nunca pudo desembarazarse de los lastres del colonialismo ni crecer y arrastrarnos hacia el desarrollo. Por eso, en adelante, por entender la concatenación que tiene las anteriores causas a estas determinantes consecuencias, propondré una serie de tesis para mantener en corriente continua y con prevista dirección a mi teoría y para demostrar que sucedánea a un correcto análisis está una práctica de política correcta.
Como dije, el estado peruano proviene indirectamente del desmoronamiento de un poder hegemónico, proviene de una contingencia histórica forzada por hechos que se gestaron fuera, aunque ocurrieron dentro del continente americano, pero de los cuales Perú, el virreinato del Perú y la aristocracia de entonces, estaba a considerable distancia. El estado peruano y la aristocracia peruana, conformada por españoles y por españoles nacidos en América, padres de los que más tarde, sin modificaciones, heredarían el poder y los métodos de gobierno, de los que tratarían de constituir y desarrollar la nación peruana inútilmente en doscientos años de vida republicana proviene, pues, de una flagrante usurpación.
Esa aristocracia comandando las huestes criollas del independentismo usurpó los restos de ese naufragio y usó las ruinas de aquella decadencia para erigir sobre ella un poder emblemático más que real, irracional más que racional; militar más que civil y feudal más que republicano y de derecho. Porque el poder, la fundación de un nuevo poder, de un nuevo estado, al ser expulsadas las huestes realistas españolas, legítimamente, le pertenecía hacer al mestizo.
El mestizo, el cholo de ahora, que por entonces ya era inobjetable mayoría, se quedó al margen del poder y a expensas de la voluntad política de una minoría criolla que, por haber comandado primero con desgano y luego, cuando ya olfateó que el poder colonial renqueaba, con ahínco se propuso la tardía tarea de dirigir la insurrección contra los españoles.
De modo “natural”, entonces, la aristocracia criolla, limeña, americanizada y blanca, hija de la aristocracia española, sin que hubiesen antes modificado su posición de clase y sus relaciones de poder con respecto a los mestizos e indígenas, pasó a gobernar el Perú con el mismo estilo, con iguales recursos de represión y con las inalterables instituciones del virreinato.
No hubo pues, como debió haber sido prudente si se quería armar un estado representativo y compuesto por todas las partes que participaron en la expulsión de los españoles, la mínima intención de armar un estado sólido y amplio que englobara principalmente a la mayoría mestiza y a las otras minorías.
Estos antecedentes, evidentemente, nos ponen en situación de varios aspectos que no han sido correctamente enjuiciados y que tampoco no han sido considerados para hacer ese necesitado
análisis del nacimiento y desarrollo del poder y del estado en el Perú, por los intereses de exclusión que después se fueron consolidando y que veremos posteriormente.
No podré, seguramente, competir en detalles con los abundantes cronistas e historiadores que han pormenorizado los sucesos de entonces y estudiado sus causas y resultados; sí, en cambio, compito en esencia, ya que, hasta hoy, nadie, ha llegado a la particular, irrecusable, conclusión que el estado en el Perú nació enfermo y que ese poder, por no haber sido engendrado por la pasión y el deseo unitario en el seno del auténtico pueblo, irremediablemente condenado era a enquistarse y favorecer a una clase y a malograr considerablemente, como detallaré en las próximas paginas, la trayectoria de progreso y democracia en la República.
No me he planteado hacer notorio el momento y las circunstancias del nacimiento del estado y del poder actual; sino, más bien, cuál es la génesis de este nacimiento, cuál la calidad de los hombres que dieron nacimiento a la nación peruana y a su estado, cuál, en consecuencia, la virtud o la desgracia de este acontecimiento.
Indudablemente, para efectos de resaltar del trasfondo histórico a aquellos datos que necesito hacer visibles, recurriré a las fuentes más fidedignas del pasado; pero no transcribiré alguna ni abundaré sobre sucesos conocidos, siendo mi deseo, únicamente, traspasar la esencia y la síntesis de mi teoría sobre el poder en el Perú, particularmente del poder de los cholos y, que, en este tratado, el lector no vea en vez de una intención conceptual de la realidad, una historicista o anecdótica. Para lograr esta propuesta y para que el lector no sienta la falta de datos y fuentes, soslayaré su uso recurriendo solamente a conceptos, a ideas y a la necesidad y al valor que hay en ellos, eludiendo sus detalles, sus fechas y su circunstancia (este libro no es un tratado de historia, es un tratado teórico (de ideas) de política, diseñado para que sea un instrumento ideológico, un fundamento metódico de pensamiento filosófico)
Sin embargo no es fácil hablar de este primordial acontecimiento despojado de la frondosidad de datos históricos; en cambio, así lo concibo, conveniente cuando se cumple mi propósito, presentar a los ojos del pueblo peruano una esencial, desnuda, verdad sobre cuáles han sido las bases para nuestro estado y cuáles las del poder en el Perú.
El valor de esta necesidad es irrenunciable: cuando sabemos a ojo limpio que el Perú está, ahora, inmovilizado y entrampado en un limbo político; cuando el Perú como nación ha perdido su dirección y cuando el poder blanco, arrinconado por los acontecimientos y por el apabullante empuje y presencia de los cholos, avizora su fin en medio del epicentro de una crisis que comenzó hace dos siglos y que ya arribó a la cúspide de su decadencia.
Virreinato y República, transición:
Se afirma (quizá porque expresamente se niega que el virreinato fuera un estado similar al actual, aunque ni su función ni sus instituciones varían de las funciones e instituciones del estado peruano, en estas dos últimas centurias), que el poder y el estado republicanos nacen en el mismo momento de la derrota colonial española. Este punto de partida, además de ser falso, resulta tremendamente pernicioso.
Primero, este equívoco supone mantener fuera de cuestión la real génesis del estado y del poder y, en consecuencia, dado que su inicio está marcado por la derrota española, señalar que el poder sintético de todas las fuerzas independentistas y el sentido nacionalista que se amalgamó al interior de aquellas fuerzas, fue el que creó los nuevos estados y los nuevos poderes en Latinoamérica.
Segundo, al proponerse un punto de partida neutro, presumiendo mal que la guerra de independencia suscitó un vacío de poder y considerando al nacimiento de los estados latinoamericanos como los fénix nacidos de las cenizas de la colonia, quiere convalidarse a esa clase que usurpó el poder de las nuevas naciones y convalidarse a todas las estructuras que actúan dentro del estado. Más bien, contrariamente, debe asumirse que no hubo parto alguno sino, que, los estados, y los poderes que lo encarnan, nacieron en el comienzo mismo de la colonización, en el momento en que Pizarro estrangula en Cajamarca a Atahuallpa. No hubo pues, no debe aceptarse este apresurado y acomodaticio planteamiento, tal parto ni tal neutro comienzo; evidentemente el estado peruano y sus poderes auxiliares, vienen de atrás, de la raíz misma del colonialismo.
Con estos falseados y truculentos razonamientos, como se verá, se prueba hacer fluida la continuidad hegemónica de los blancos criollos que, obligados por el tremendo arrastre de los frentes de combate, el independentista y el realista, tuvieron que enrolarse en uno de ambos bandos con desgano y apremiados por la inminente desintegración del imperio colonial. No debe olvidarse que la aristocracia criolla del Perú solo al final de la independencia, cuando vieron que su poder y sus riquezas eran amenazados, optan por el enfrentamiento, por que sabían que en España serían pobres y no serían bien recibidos, porque sabían que si no actuaban quedarían al margen y serían arrasados por los acontecimientos y por el empuje de los mestizos e indígenas. Solo entonces la aristocracia limeña y la aristocracia provinciana, todos descendientes en linaje y en propiedades de los colonizadores, todos con tremenda ascendencia y con mando directo sobre los indígenas, conminaron y dirigieron aquel tibio levantamiento que concluyó abruptamente, en su beneficio, en las pampas de Junín.
La transferencia de poderes, efectuado entre el virreinato decadente y la aristocracia criolla, insurgente, de las nacientes repúblicas, supuso una transición intrínseca y pactada, correspondiente con los intereses económicos (al expulsarse al colonialismo, como sabemos, no se revisan la propiedad de la tierra, los regímenes feudales de explotación del campesinado; no son revisados ni revocados los títulos nobiliarios y los ancestrales prácticas de usufructo y explotación de la mano de obra en las minas y en los servicios). El que nada tenía antes de la guerra de independencia nada obtuvo después, puesto que hasta la aspiración al poder, por lo cuál tan intensamente se luchó, quedó trunca. Tiene que revisarse la historia, la parte que le tocó al indígena y al mestizo en la lucha por la independencia, con fines de neutralizar cualquier posible falsificación y con el propósito firme de revisar la legitimidad de la pertenencia del poder, de entender y juzgar a las fuerzas auxiliares y a su papel racista dentro del estado.
Tenemos que volver los ojos al pasado cuantas veces sea necesario para encontrar explicaciones para el flagrante, inconcebible, hecho que indígenas y mestizos, a pesar de ser los que murieron en las guerras de independencia, a pesar que fueron ellos quienes con levantamientos esporádicos, a lo largo de tres centurias, minaron la presencia de ese poder avasallador que había aniquilado su imperio, convertido en añicos su glorioso pasado, y reducido a ellos, propietarios consuetudinarios de su tierra, a ciudadanos de tercera categoría.
Expresamente, sin embargo, cuando aludo a la información histórica, no considero a ésta en sí misma, sino, únicamente, a la carga deductiva que de ella se desprende y que la verdad obtiene. Digo así, porque quiero atajar a quién arguya que no uso la historia tal y como la usan los demás; sobre todo, porque quiero asentar que no desconozco que el trabajo histórico nos ha traído detalles abundantes, empero, tampoco, nos ha dejado una enseñanza
dirimente ni (que la prueba sea la realidad tangible) nos dejó en posición de ratificar esos ancestrales errores.
Por ejemplo, se escribe en nuestros textos escolares, que la transición entre el virreinato y la república fue resultado de la guerra de independencia y que se gestó a raíz que algunos criollos adinerados, que estudiaron en Francia, fueron influenciados por las ideas de los enciclopédicos y se nutrieron con la misma pasión política que desencadenó a la Revolución Francesa y que culminó con el derrocamiento de poder feudal. Además, por otro lado, se aduce que la independencia norteamericana obró de manera ejemplar en la independencia del resto de Iberoamérica. Todo aquello está sentado y archivado, pero se obviaron dos cruciales e importantes consecuencias para la historia de Perú y de Latinoamérica:
Una que el poder no pasó al control de las grandes masas de indígenas sino que ése pasó, inmodificado, a posesión de las aristocracias criollas, hijas y herederas del expulsado imperio colonial español.
Dos que el estado mismo, sobre el que inmediatamente se fundaran las nuevas repúblicas tendrían como base las antiguas estructuras, redes e instituciones, conque el poder colonial nos gobernó mal, con fines de saquearnos efectivamente, por más de tres siglos ininterrumpidos.
La iglesia:
La Iglesia cimera como ejemplo de institución virreinal y clave en la continuidad de ese inmodificado poder, que tan fecunda labor efectuó en la catequización, expansión y consolidación del imperio español, que tan abnegada labor cumplió al servicio de las dictaduras y espúreas democracias y que persistió, aun cuando el estado republicano ya se creía consolidado, en perseguir y destruir cualquiera de los cultos ancestrales, que se alió y bendijo las peores prácticas represivas de los nacientes estados, permaneció incólume, intocada en sus fines, políticas, e intereses.
En el Perú, hasta el gobierno de Velasco, nunca se cuestionó sus cuantiosas posesiones inmobiliarias y territoriales, sus oficios de control y arbitraje moral sobre la población empobrecida. La Iglesia, aún cuando las otras instituciones titulares del estado modificaron parte de su esencia pro-poder, anti-pueblo, y adecuaron su política racista, la Iglesia, salvo dignas excepciones, persistió en estar dirigida por los hijos de los criollos blancos, de esos mismos que en la transición señalada optaron continuar con ese poder ilusorio.
En el día de hoy, en el tercer milenio, la iglesia continúa medrando de la pobreza en estas latitudes de la tierra sin que se conozcan precisamente cuáles sean sus fines específicos ni su valor institucional en una sociedad moderna. La Iglesia latinoamericana, a pesar de las corrientes internas que quisieran adecuarla a la marcha real del mundo, ha sido reacia a modificar sus dogmas y sigue en su carrera pastoral como si la civilización occidental no se hubiese resarcido de las peores ataduras teológicas. Los tiempos han cambiado pero para la iglesia de estas latitudes (racialmente blanca, políticamente hablando conservadora y arraigada a un pasado impuro y catastrófico) esos cambios le son indiferentes.
La aristocracia criolla en los albores de la República:
A semejanza de hoy día, ésta era exigua pero con un gran control en la economía agraria y minera. Esta, que a raíz de la independencia saliera con el poder en las manos, con títulos nobiliarios y con ascendencia en la nobleza española, heredera de los grandes latifundios, haciendas y minas, continuó gobernando con las mismas leyes civiles y eclesiásticas. Pues esa aristocracia deforme y pedante que siempre se sirvió de la peor forma del trabajo del pueblo y que incapaz era de gobernarse así misma y
que Hegel, el idealista alemán, se preguntaba premonitoriamente: “¿Adónde, sino a la miseria, irán a parar todos los pueblos de la América española con esa aristocracia enferma y guiada por jefecitos de hamaca?”. Evidentemente la miseria ya estaba incluida en el nacimiento del estado de estas naciones; el punto de partida para el poder no fue un punto señalado por la cúspide de la voluntad nacional sino un punto neutro, continuo, de un poder colonial ininterrumpido. La génesis del estado, lo mismo que de su poder, no fue inculcada en el seno de la pasión y violencia unitaria del pueblo; más bien, la génesis fue alcanzada por la usurpación, por la expropiación de un poder que históricamente nunca fue suyo, que naturalmente era de los indígenas y mestizos, de ésos que habían muerto en los campos de batalla de la independencia, en las minas de plata y como siervos de la gleba en los repartos, haciendas y latifundios de los antecesores españoles y de los nuevos amos de la patria independiente. Por eso, el estado y el poder, no tuvieron ni comienzo nuevo, ni más tarde sería innovador. Ese estado, particularmente su poder económico, su estructura social, no fue recompuesto o reorganizado, fue asumido como continuidad del otro viejo y defenestrado poder.
De esta manera queda demostrado que tanto el estado y sus poderes correspondientes (económico y político, militar y eclesiástico) no nacieron como sectores autónomos que se desarrollaron con independencia de ésos ancestrales; queda demostrado, idénticamente, que el origen de estos sectores predeterminantes para la estructura funcional del nuevo estado republicano no fue propiciado por la dinámica interna de la guerra de independencia, entre aquellas fuerzas que expulsaron al poder español, sino que ese estado y sus poderes correspondientes fueron la continuidad del estado virreinal; ya que, al fragor de los sucesivos combates y al interior de esas décadas que dura esta guerra de independencia de América, estos poderes estructurales del estado virreinal, encabezados por criollos ricos y descendientes de españoles, se hacen con la dirección de las milicias y del clero, para no hablar de su infraestructura económica y de las políticas bajo su control. En consecuencia, compruebo que cuando se derroca al poder colonial no son derrocadas las estructuras en que éste se fundamentaba, que aquellas estructuras se camuflan en la nueva circunstancia histórica y luego pasan incólumes, rejuvenecidas, a ser fundamento del estado republicano o, en todo caso, aquéllas fueron retomadas tales y como quedaron y luego salvadas y puestas en pie de las cenizas.
También, entonces, no es llano afirmar que la derrota del imperio español implicó la derrota de todos los poderes tradicionales que se cernían sobre Hispanoamérica; no resulta cabal, tampoco, afirmar que su expulsión implicó destrozar el poder y la forma de su gobierno. Aquí, la prueba salta a los ojos, la aristocracia criolla se enquistó en el estado y trató de consolidar un poder que había expropiado a la población indígena y mestiza, que sí combatió y se desangró para liberarse de la continuidad hegemónica.
Irónicamente, en todo caso, aquel desangramiento, aquella humillación racial, moral y política, y aquel ancestral saqueo económico resultó ser, a la larga, un fiasco completo. Los indígenas y mestizos se deshicieron del colonialismo español, ciertamente, pero pasaron al dominio interno de una casta criolla igualmente ineficaz y nociva.
Organizaciones en el nuevo Estado Republicano
La estructura económica pre y post independencia:
Un grado de independencia política, obviamente, se alcanza cuando los españoles son derrocados y cuando el último Virrey se embarca en el Callao junto a los retazos de su ejército realista. Pero la independencia física, es decir la independencia material, la autonomía política y la modificación de las estructuras de poder,
nunca llegarán a ser reales ni para el indígena ni para el mestizo. Para aquellos la explotación quedará incólume, las tierras no serán devueltas y el estado y las estructuras auxiliares que lo sustentan, estarán fuera de su alcance.
Volviendo al tema estructural que anima este acápite, me toca afirmar subrepticiamente que la economía virreinal, correspondiente con las políticas regionales de saqueo y con las exigencias de la subsistencia política del imperio español era agraria y minera, básicamente. No podía ser de otro modo, por una parte, porque la economía de entonces no era de transformación a gran escala, ni industrial, sino dirigida a la manutención de una clase aristocrática ociosa y a un ejército de ocupación. De otro lado, esa economía feudal, dirigida a extraer ganancias directas de la explotación agraria o de la transformación básica de los metales, por ser puramente extractiva, suponía el empleo de fuerza de trabajo poco especializada y de técnicas rudimentarias y suponía, además, que no generaba un remanente de riquezas para el pueblo.
Iguales prácticas subsistieron, como no desconocemos, casi hasta la década de los cincuenta, en el siglo XX, cuando la economía comienza a industrializarse gracias al pequeño excedente que se logra reunir privadamente del trabajo minero y pesquero, pero no agrario.
No es tema de este tratado hacer un estudio del agro, ni de las políticas agrarias en el Perú colonial o post colonial, me bastará, sin embargo, revisar la propiedad de la tierra para entender cuál era el régimen de explotación agrícola, cuáles los grupos que se beneficiaban de ella, y quiénes eran las víctimas directas de esta clase de políticas. Para empezar, el colonialismo aniquiló la propiedad ancestral comunal: el ayllu (el ayllu como unidad de producción agraria y como unidad de cohesión política fue desintegrado expresamente). La tierra, en cuál fuera el territorio y dependiendo de cuál fuera su calidad, estaba dividida en cuatro segmentos y, que, si sopesamos su cantidad, su ubicación y su forma de explotación, puede llevarnos directamente a observar cuál era la estructura interna del poder y cuáles los mecanismos directos de su funcionamiento:
1. Latifundios de la aristocracia administrativa colonial: estas tierras, que eran adscritas a la propiedad de la corona, eran usufructuadas por el virrey y la nobleza administrativa, no estaba sujeta a gravámenes ni impuestos, eran de la mejor calidad y, en extensión, enorme. Estas posesiones estaban situadas contiguas a las ciudades y villas y eran trabajadas por los indígenas y mestizos, los cuales no recibían salario alguno y sí partes del suelo, para posibilitar su subsistencia personal y la subsistencia de este tipo de política.
Igual régimen de tenencia de tierras pasará intacto a la República: las haciendas y latifundios no desaparecerán sino en los últimos años de la década de los sesenta, en pleno siglo XX, cuando ya era descarado, insostenible, mantener un sistema que los europeos ya habían eliminado tres siglos atrás.
También, nadie lo ignora, los dueños de estos latifundios han sido los gobernantes en la República, alternadamente, etc.
2. Latifundios de la Iglesia: en cada pueblo se fundó una iglesia, detrás de la iglesia vivía el cura y sus sacristanes; pero no vivían del arte teofísico ni del aire, ni de sus letanías, vivían de administrar la explotación de los indígenas y mestizos, de los diezmos que cada campesino pagaba puntualmente, contritamente, a cambio de la metafísica "salvación de almas", "redención", "vida eterna"; "purgamiento de los pecados terrenales".
Bajo estas específicas amenazas, al amparo de las salvaciones concernientes a los atributos divinos, la iglesia logró acumular ingentes bienes que se aunaron a aquellos que los conquistadores,
desde el primer momento, les proveyó. Esa famosa ley de desposeimiento terrenal igual que gloria divina, cayó de perillas con la política de chantaje y ventaja que practicó la iglesia en todos los tiempos. Conminar, fatalizar, luego cobrar dividendos fue desde el principio una táctica religiosa que seguida a sus innegables beneficios, fue practicada por el poder civil de la república, por los presidentes de turno, con resultados persuasivos y disuasivos.
Muy entrado los años en la era republicana, la iglesia tenía un poder equiparable al del estado, similar y potenciado aún que el poder precedente; pero ese poder no provenía de afuera, de la posición histórica o de la recta heterodoxia de la iglesia, o de la dinámica utilitaria de su fe, de la trayectoria de necesidad que se había abierto la misma iglesia, sino del poder económico, intrínseco al hecho de la explotación material y espiritual de los indígenas y mestizos y similar con esa necesidad de sojuzgamiento y explotación que irradiaba esa clase de poder ilegítimo enquistado dentro del estado y del cual la minoría medraba (de mala forma) de la expoliación de la mayoría nacional.
En concordancia con lo expuesto no puede pensarse que la iglesia cumplió un rol alejado del rol del estado, mucho menos, aducirse que sus funciones estaban separadas del poder del estado. La iglesia ha sido un baluarte importante en la conservación y consecución de las prácticas, idea y presupuestos, de ese poder ancestral que nos domina hasta hoy día.
3. Minifundistas, pequeños propietarios agrícolas y criollos ricos, situados a la periferia del poder colonial: como ahora, en aquella época hubo autoridades menores, burócratas administrativos, toda suerte de comerciantes y leguleyos que intermediaban entre el poder y la inmensa población civil, entre el estado y las zonas más alejadas del Perú.
En la época colonial el virreinato poseía una estructura de poder excéntrica. El Virrey, en representación del Rey, representaba en las colonias al centro emisor de órdenes y disposiciones que eran distribuidas a todos los puntos de la periferia; allí, esas ordenanzas y disposiciones eran asumidas por las autoridades locales (algunos provenientes de los remanentes españoles puros o del mestizaje macho español - hembra indígena, pero todos minifundistas o hacendados) e impartidas para su cumplimiento a la población campesina o minera. De esta suerte, y apoyándose en su gran aparato represor, usando prebendas y concesión de tierras y ventajas de explotación, recurriendo a la esclavitud agraria y minera, el poder colonial impuso su poder de forma monolítica. Pero ese poder, necesariamente, por su misma excentricidad, no era dinámico en su carácter generativo de riquezas ni de bienestar para toda la sociedad. La economía colonial era de subsistencia política y destinada a mantener su statuquo invariable.
En la época republicana estas estructuras económicas y políticas coloniales quedarían intactas; la propiedad de las tierras no sería revisada ni redistribuidas o devueltas a sus dueños legítimos; las autoridades civiles, eclesiásticas y políticas no provendrían de un reacomodo de fuerzas ni de una democratización de la riqueza y del poder. Así, el poder del incipiente estado republicano, puesto que provenía del anterior y del mismo modo que el poder colonial, continuaría siendo excéntrico y no concéntrico (de la periferia hacia el centro), como demandaba una nueva forma de estado, como demandaba la democratización política y el impulso de una tendencia nueva en la economía. Por el contrario, aquel estado, como sus resultados son evidentes ahora, continuaría inmutable en su dinámica excéntrica. He aquí el peor y más grave problema del poder; he aquí la más grande ceguera de la aristocracia criolla que nos ha gobernado erróneamente por casi dos siglos ininterrumpidos.
4. Tierras eriazas y alejadas para el pueblo mestizo e indígena: una forma de destroncar el poder del Imperio Inca fue impedir a la población el acceso a la tierra, controlar sus bienes materiales y negar cualquier forma de organización política o económica que los pusiera en estado de conformar un poder o un bloque de influencia. Los españoles, luego de su victoria, disolvieron los Ayllus, núcleo político, económico y militar, de gran importancia en la conformación y expansión del Imperio incaico.
La creación de grandes latifundios y minifundios, de haciendas y repartos sobrepasaba la propiedad física de la tierra y comprometía, incluyéndolos, a la población indígena. No debemos olvidar que bolsones de indígenas, de esta forma, caían dentro de la jurisprudencia de la tierra, como posesión, a aquél al que ésta era adjudicada.
Pero los indígenas, que pasaban a ser propiedad de los nuevos amos de la tierra, necesitaban alimentarse y vestir para servir al terrateniente, adecuadamente, con su fuerza de trabajo. Entonces, los nuevos amos asignaban a la población indígena las tierras de menor valía, los suelos pedregosos y casi desérticos, donde fabricaban sus chozas, sembraban y criaban llamas o cabras. Pero estas tierras no eran ricas ni cuantiosas y no podían producirse excedentes para intercambiar y mejorar sus condiciones de vida. Largos siglos los indígenas primero, después los mestizos, tuvieron que alimentarse y sobrevivir de estas parcelas míseras e improductivas.
En la época republicana tampoco se mejoró sustancialmente esta aberración, justificable en la era colonial, dada que provenía de la intromisión y del pillaje. En la república los gobiernos que se sucedieron, salvo aquella valerosa Reforma Agraria de Velasco, obviaron este hecho trascendental y sobrepasaron este impedimento adecuando políticas para soslayar este central problema nacional de justicia y desarrollo. Fruto de esa injustificada postergación del campesinado, fruto de esas políticas miopes es el actual retraso económico y la imebecilización de gran parte de la población peruana. Otros países que contemplaron esta real improcedencia en su momento más oportuno, adecuaron leyes y políticas para mejorar las legislaciones agrarias, esos países nos llevan varias decenas de ventaja en desarrollo. El estado peruano actual, descontando a los muchos otros que le precedieron, no cuenta con una política agraria que replantee realistamente el problema de la tierra y que, desde la perspectiva puramente capitalista, trate de erigir con eficacia un auge económico de los campesinos y que ese auge se traduzca en acumulación sistemática de capitales para impulsar la industrialización en las ciudades, por ejemplo.
Breve balance de los gobiernos civiles y militares:
Innumerables libros se han escrito sobre este tema, hombres más avisados y juiciosos que yo han propalado sus significaciones más intrincadas; así, a mí, no me toca sino extender a otro nivel esas consideraciones y llevarlas hacia la lente bajo la cual analizo la génesis del poder y del estado peruano. Solamente me toca aseverar que, si cierto es que han habido más gobiernos militares que civiles, fue porque en Perú los civiles estuvieron equivocadamente representados y organizados deficientemente y que, su fuerza, su poder, en comparación a aquél que los militares obtuvieron a través de innúmeras concesiones y retrocesos civiles, fue exiguo, aunque legal, y bienvenido. En otro lugar he afirmado que gran parte del poder del estado peruano proviene del poder que son capaces de emitir las armas y los ejércitos, aún cuando ese poder no sea ni real, ni movilizador, y no tenga la capacidad de penetración para modificar la realidad en sus estructuras y sí, en
cambio, para congelar la historia en ámbitos que no son acordes con la inteligencia y los intereses de todos.
Esto puede probarse sencillamente al asumir que el poder poco ha obtenido y trasformado al Perú. Con respecto de otras naciones, en los últimos doscientos años, Perú no pasa de ser un territorio ubicable en el mapa geofísico de la tierra pero, en la geopolítica, en el mundo real, en el mundo donde pueblos dominan a otros pueblos y se enriquecen o pierden ante otros pueblos, Perú es una nación insignificante.
El poder que ha venido gobernando esta nación, visto unitariamente, sin divisiones y sin que se tenga que repartir el desastre en el número de gobiernos y gobernantes, pertenece a una clase perdedora y específicamente impotente de poder: la aristocracia y la burguesía blanca, sus partidos y sus instituciones obsoletas (sin raíces sostenibles, sin trayectoria ni perspectivas futuras).
Esta clase ha hecho todos los desmadres y ensayos de política pensables (leer la historia peruana, en cualesquiera de sus "sagrados" capítulos debe inducir al lector al chascarrillo o a la ira, pero no a la seriedad. Analizar a cualesquiera fuera su dirigente, civil o militar, aquél, aparecerá como un energúmeno o un fantoche que juega seriamente al poder y al manejo de una nación, pero sin respaldo ni anuencia del pueblo, sin el amparo del sentido común o de la fantasía. Y sucedió así, me atrevo a afirmar, porque todos ellos gobernaban equivocadamente a un país cuyas raíces étnicas e históricas despreciaban y no reconocían. Porque el peruano medio era escéptico de contribuir a un poder que le era ajeno e ineficaz, a una nación cuyo gobierno le era adverso.
Por eso, cuando la inteligencia sea el árbitro más neutral, debemos entender que la problemática del Perú, de su desarrollo humano y de su expansión moral, no supone el uso de tácticas complicadas o de estrategias de buen gobierno, sino, sencillamente, de la simple asunción que el cholo tiene que refundar, en América Latina, un poder aparente con su intrínseca, consolidada, idoneidad.
Estado y poder, futuros:
Los recientes acontecimientos (la descomposición del régimen mixto: civil y militar, de la última década del siglo XX), trascendentales para el futuro político del país, demuestran que se ha llegado a un punto en que no es sostenible un estado de esta naturaleza, que Perú necesita una revolución mental que anteceda la tarea física de renovar al país. Es equívoco continuar con una clase de poder que se sitúa marginalmente y a la periferia de la voluntad de la población; es erróneo proseguir con un poder que no nace de la población misma. Todos sabemos que el poder, para la mayoría de gobiernos en el Perú, de estas dos centurias, no provino de la población, que aquél estaba concentrado en el ejército, institución supuestamente sumisa y numitida a la voluntad popular y a las leyes de la República. Pero, incuestionablemente, como acontece en casi todos los países en los cuales el desarrollo social y económico son insignificantes, la presencia de los ejércitos en las actividades políticas de los estados ha sido dominante: en Perú, directa o indirectamente, el poder que movilizó o petrificó al estado provino del ejército.
Son urgentes, pues, las tareas de revisar las estructuras de poder que deben hacer funcional y autónomo al estado. Es de suma importancia trabajar para consolidar los poderes civiles, las organizaciones políticas y los partidos democráticos. Es de suma importancia reconocer que la democracia en Perú empezará por el gobierno de las mayorías nacionales, que los cholos, la auténtica población de la nación organice un estado civil, democrático, y fuerte.
Etica y Poder
(III Parte)
La esencia real de la moral es el amor,
la esencia real del poder es la moral...
aforismo MMCCI
Proemio:
EI Perú, con toda su pobreza, con todas sus deficiencias, nos ha educado obligatoriamente y con dedicación, para que en el futuro, todos, seamos "hombres de bien".
Yo, que siempre fui taimado y lerdo, pero grato, 50 años tomé para encontrar esa necesitada parte, esa mejor forma y ese preciso momento, para ser aquel hombre de bien.
Si creo que los encontré, ¿no serán en éstas, ventajosas, de la teoría?
Por suponer que así es, ahora, pretendo devolver lo que a mi país debo, antes que otros desastres morales se sucedan y antes que sea imposible aspirar a un verdadero espíritu nacional.
Este libro pequeño, que constituye la parte segunda de este tratado, pretende formar un emporio conceptual para fundamentar una teoría filosófica de política y de ética. Pues, debo decir, que he constatado que esos tumbos azarosos que da el Perú político, el Perú civil, provienen de la carencia de un definido pensamiento y de una unidad nacional no consolidada.
¿Te place ser un ácaro, un piojo cívico,
que vive de los restos del poder, de la moral?...
aforismo MCCXXV
Introducción:
De mi paso por el mundo, las esencias más genuinas a las que creo haber accedido son esas de la libertad y de la democracia como componentes de gobierno de la vida vegetativa y racional del hombre.
EI valor real de estos conceptos, productos de una sociedad funcional, me han hecho ver que un hombre que se gobierna así mismo es un humano mejor, un ser moral, que aqué1 otro que confía que esa tarea debe hacerla el estado o un poder externo. El estado, de la misma manera, es fuerte cuando su poder es respetuoso, solamente indirecto e implícito, y cuando no es atemorizante. Cuando el estado recurre a la violencia, cuando los ciudadanos recurren a la violencia, significa que el equilibrio de la justicia es oscilante, que la democracia es precaria y que el poder se inclina para favorecer a una parte más que a la otra.
Sin embargo no necesitaría hacer esta atingencia, si menester no fuera demostrar, por contradicción, que mi regreso a Perú, mi nativa patria, supuso la confrontación con una serie de aspectos decadentes y degenerativos y que me hacen concluir que aquellos no son productos de una sociedad empobrecida sino que esa degeneración, esa decadencia, son las causas de esa pobreza consuetudinaria. La pobreza mental, la escasa moralidad, la instauración de la inmoralidad como una clase corriente, "valida”, de moral, me hacen prejuiciar que esa renovada incomodidad histórica no se ha traducido en realistas posturas políticas y que la democracia, la libertad del individuo y el respeto a la persona humana, se obvian porque no se ha entendido que aquello constituye, de veras, la base para el desarrollo social, para el nacimiento de un poder real y estable.
Por oposición, entonces, la experiencia nos debe explicar por qué sociedades ricas, son más democráticas, con estados más só1idos y con libertades individuales incuestionables; también nos tiene que explicar por qué las sociedades empobrecidas son más antidemocráticas, con estados más débiles y con habitantes más desorientados moralmente. El caso peruano, patético en todos los sentidos negativos, nos tiene que impeler a meditar soluciones teóricas nuevas y agresivas. Esta segunda parte, que pretende analizar del poder su moral (la moral arraigada en la sociedad), tiene en la mira fundar una teoría ética, una filosofía moral, aplicable al individuo como a las fuerzas concurrentes en el poder del estado y desarrollar desde su base a la sociedad peruana.
Los límites de la moral:
Nadie creerá prudente hacer una redefinición de moral para su país si esa moral funciona como instrumento político, como implícito componente de su desarrollo y si sus habitantes acogidos por las bondades y por la seguridad de esa moralidad, orientan sus pasos hacia la ciencia, a la paz, y el progreso integral de la persona humana y no van pendiente abajo, como una piedra en el abismo, hacia la corrupción, el caos, y la miseria.
Nadie, creo yo, que haya intuido que el bien, como lo comprendieron los viejos fi1ósofos, es la esencia más importante a que propende la acción del hombre, puede rehusar cuestionar su moral, la moral social, si aquella no es eficiente y si su dinámica es perversa y viciosa. Lo que sucede hoy, en los albores del milenio tercero, en Latinoamérica, particularmente en el Perú, tiene que ser razón suficiente, para que cualquiera, entre el más lúcido teórico y el más opaco operario, sea capaz de levantar su dedo acusador contra los estados y sus poderes históricos auxiliares: la iglesia, sus sectas recalcitrantes, las corporaciones económicas que quisieran inmovilizar a la sociedad; los partidos políticos tradicionales recurrentes a enlazar un fracaso a otro y anquilosados en ideologías abstrusas c impracticables y las instituciones que quisieran fosilizar una moralidad perniciosa, paquidérmica e insensible a la voluntad racional individual como a los inevitables cambios que produce la inteligencia en el mundo.
El caso peruano, por ejemplo, ya que recientemente se ha concretizado una aberración política que linda con el absurdo y porque en muchos siglos la inmoralidad ha pasado a ser una
moralidad alternativa, una forma, perniciosa pero aceptada de política, tiene que ser sujeto a una especial consideración moral: la falsificación de firmas, compra y venta de parlamentarios, la cautividad de la prensa, etc., nos explica lo que el poder entiende por moralidad, lo que moralidad es para el poder y, así mismo, qué el estado entiende por democracia, por respeto a la legalidad y al espíritu nacional; pero no nos explica cómo, el estado, sin recurrir a la violencia, se aprestará a interactuar con la población y cuál será la esencia de esa política interna y externa capaz de revertir el deterioro de la imagen peruana en el mundo.
En Latinoamérica, ya que los estados parecen negados e insensibles a actuar en concordancia con la legitimidad y el orden mental del mundo, tienen que ser revisados todas las instituciones, la historia política, y los fundamentos teóricos tradicionales que han hecho posible unas sociedades tan parecidas en su escaso desarrollo político, en su insignificante y retrasado progreso material, en sus debilitados estados y en su paupérrima tradición democrática. En Perú debe revisarse el papel de la iglesia católica y la parte que le corresponde en el empobrecimiento moral de la población. En Perú debe postularse a la modernización del estado, a la implantación de una nueva moralidad cívica, al nacimiento de un ciudadano honorable y con códigos que determinen su valor de igualdad ante las leyes y ante el acceso al poder.
El deber moral del hombre:
Voy a proponer una serie de definiciones, con sus respectivos argumentos, para que sirvan como base para el análisis de la moralidad en función del poder y de la política.
¿Cuál es, en el sentido de la moralidad política, el deber individual del hombre?
Esta es la primera cuestión que debe resolverse:
EI principal deber del hombre como humano, como sujeto racional, es reconocer que no hay un solo hombre que no sea igual que otro, que no tiene que haber un solo hombre en la sociedad con más poder y privilegios que otros.
Estrictamente cuando una colectividad humana ha alcanzado en conjunto un mínimo de desarrollo cívico, lo ha logrado porque por encima del poder que es capaz de reunir la colectividad, han primado el respeto al individuo, el respeto a los derechos individuales y la honradez y moralidad que la sociedad fuera capaz de crear. Ningún estado, ningún país que no sea una caricatura de país logró su desarrollo recurriendo a la inmoralidad y al abuso de poder en contra de sus ciudadanos. Debe resaltarse a este concepto como el más importante alcanzable con la justicia, sobre todo, porque la democracia sin este principio universal, sin el reconocimiento de este básico valor, sería una farsa y una mera representación. Porque la sociedad se destruye como sociedad cuando incluye o acepta que cualquiera de sus miembros practique o propicie la inmoralidad. Saliendo de lo anterior, entonces, cuando esa igualdad moral además de reconocerse natural y ventajosa, es practicada en sus mínimas concomitancias y respetada en todos sus alcances, el deber, así mismo, será un valor ineludible y la confinación que practicar la corrección conlleva para cada hombre el beneficio de la libertad y la potestad de trasmitir y asumir el poder político. Debe entenderse, también, que el ciudadano común no debe desconocer el origen de ese poder que hace mover al conjunto de la sociedad, que no debe desconocer la parte de poder que le corresponde y que no debe desconocer cuál, por la igualdad social, será su deber moral.
La moral individual desprendida de la practica de la igualdad, en tal sentido y en los otros correspondientes con sus obligaciones, tiene que equivaler con la moral del estado, con aquella que el estado es capaz de utilizar para alcanzar esos otros bienes que el individuo
por si mismo no puede. Porque cuando no es así, cuando la moral del estado es exigua, desproporcionada o borrosa, cuando el poder se extralimita, cuando el poder se convierte en grotesco significa, directamente, que la moral individual, los valores que el hombre mismo ejerce y activa son exiguos, borrosos y desproporcionados.
Quiero decir, además, que cuando suceda todo aquello que acabo de señalar, seguramente, provendrá porque esa igualdad individual, reunida y llevada hacia adelante como voluntad grupal, difiere y es desigual ante el estado; porque mientras un sector de los individuos fuerce al estado hacia una dirección, en obediencia a una clase especifica de intereses, los intereses de la mayoría empujarán a los mismos acontecimientos en otra dirección, sin que la voluntad del pueblo, de la mayoría, coincida con la dirección que el poder del estado impone a la marcha del país. Quiere decir, igualmente, prosiguiendo este curso de entendimiento, que el deber del estado no será distinto al deber que cada individuo contraiga con su colectividad, que el valor principal obtenible de la democracia, fundada en la prerrogativa de igualdad de deberes individuales ante el estado, será idéntica que esa de la libertad obtenida por todos.
Cuando los intereses de la política del estado, por alejarse de la influencia de la voluntad individual, no coincidan con los intereses señalados por el grupo mayoritario debe suponerse que desde ese momento el interés central de los individuos con poder en el estado no es la democracia sino la suplantación de la voluntad, la compulsión política y el ejercicio del poder por la fuerza.
Claramente, aunque en gruesos conceptos, lo que sucede actualmente, y desde hace 500 años en el Perú, queda evidenciado en este somero análisis. Pero, aún, faltará que este análisis se traduzca en valores reales de moral y de política. Porque nadie, que de veras ame a este hermoso y lúdico país, desconocerá la urgente necesidad que, en el Perú, se tiene que implementar una nueva política moral estatal y social, só1idas.
La dignidad del hombre, la solidaridad humana:
Arriba, en el acápite precedente, he señalado a grandes rasgos el deber moral del hombre con otro hombre y de los hombres ante el estado. Ahora, extenderé idénticos conceptos hasta tocar la dignidad del hombre, la solidaridad humana. Mi ánimo no es hacer una prédica más, un discurso ambiguo o variopinto; mi propósito es definir una moralidad política para el ciudadano peruano y que le sirva como instrumento de su transformación, de su renacimiento, y de su auge económico.
Siglos y siglos los peruanos han marchado a la deriva; la clase dirigente, sus instruidos intelectuales no han podido arrojar en la tempestuosa historia esa ancla teórica ni esas requeridas fórmulas de legalidad para gobernar con honestidad y prudencia. En Perú, lo sabemos todos, abundan las leyes y se legisla con la convicción que el espíritu de las leyes y de su aplicación oportuna saldrá esa línea de moral cívica, ese filón de libertad y paz; pero, sin embargo, nadie que tiene uso de razón desconoce que tales leyes, porque son espurias y porque fueron promulgadas para salir de alguna clase de atolladero, no han conducido al Perú a puerto abrigado y seguro. Peor aún, Perú se debate en la debacle y en el caos histórico más singular y esa nave nacional, insignia de un desorientado dominio, de una artificial representatividad, con su emblanquecida tripulación cree que puede obligar a los cholos a remar entre la ventisca y los escollos un siglo más y soportar emocionados un otro siglo de desprestigio, de saqueo, y desorden.
Perú está a punto de encallar pero al cholo le es indiferente el derrotero trunco de esa nación que le pertenece, pero que cuyo estado fue pensado e improvisado para que lo gobiernen los blancos.
Antes de concluir secamente que es difícil recoger un solo gramo de honor en todo lo que la clase dirigente de este país, a lo largo de su historia, hizo, quiero desentrañar varios de los motivos que me empujan a hacer semejantes conclusiones:
Uno, Perú, el estado peruano, nunca pudo reducir el poder a la voluntad de cada individuo, ni convertir a cada individuo en un diminuto y activo estado, independiente y autónomo. La clase hegemónica "peruana", enquistada en el estado siempre quiso gobernar al cholo como si aquél fuera minusválido o como si ése fuera su esclavo y su enemigo (en este arte se copió directamente la tradición virreinal, los gajes de aquel poder español que tuvo que desmontar un imperio real e imponer uno extraño, hipotético).
Dos, la familia, los intereses de una sociedad defenestrada y religiosa, primó sobre la inteligencia y la experiencia del individuo. EI individuo, de la misma manera, como debía supeditarse al estado debía supeditarse a la familia religiosa, al fuero celestial.
Tres, la construcción mítica de un futuro feliz a costos de un presente infernal y doloroso no fue desechada o superada por la pragmática política. Perú, como colonia y como República, no alcanzó a hacer realidad uno solo de estos sueños utópicos:
La construcción de una nación independiente y autónoma, con un estado funcional y representativo de su composición humana, no se ha cumplido.
El bienestar económico y moral de su población están lejanos de ser objetivos y, con el tiempo, se van deteriorando, etc.
La defensa de la intangibilidad del territorio; el estado peruano en los dos siglos de república ha perdido casi una cuarta parte del suelo patrio heredado al poder virreinal y ha quedado reducido a una décima parte de lo que era el Tahuantinsuyo.
Un sin fin de otros ejemplos puedo ensartar a esta aseveración, pero, ésas manifiestas bastarán para concluir, pues, que el estado peruano dista mucho de ser un instrumento eficaz de su desarrollo y, por el contrario, parece detenerlo o llevarlo por derroteros racionalmente contraproducentes.
Cuatro, último, el peruano nunca tuvo definida la perspectiva de su nacionalidad; nunca nadie supo qué debería alcanzar en el futuro más inmediato, cuál proyecto nacional respaldaba su esfuerzo individual, cuál valor antecedía su trabajo y su necesitada preparación y entrenamiento. Las prognosis de las políticas del estado, y aquellas diseñadas para el individuo, siempre fueron recurrentes, del peor nacionalismo y materialmente impracticables.
El estado nunca pudo diseñar una política que abriera su horizonte hacia los siglos venideros; siempre se diseñaron políticas para paliar algo, para defenderse de algo, para contrarrestar un desastre ocasionado por los mismos vicios que el poder deja a su paso. En Perú nunca se camina con la mente y luego con los pies, los políticos siempre fueron golosos y amaestrados por la conveniencia, el desdén, y la ignorancia.
¿Cómo en estas condiciones, bajo el espectro de esta continua apatía y cobardía histórica podía diseñarse una moral esplendente, hacedora y transformadora?
El individuo tenía obligatoriamente que campear con la mediocridad, preparar su hábitat para la pobreza y oscuridad; a su alma para la vileza, para el vicio, la mofa, la mentira, el desprestigio. Ante estas condiciones humillantes, claro está, el individuo peruano debe atenerse a un destino desalentador y siempre adverso, a un destino lleno de trampas y trabas, a campear con la viveza y con la competencia irresponsable y fratricida.
Por eso el individuo peruano, el latinoamericano, se ofrece ante los ojos del mundo como un ser truculento, detestable, y mentiroso;
como un bufón que es capaz de reírse de su propia desgracia y danzar y hacer música con su tragedia. Por eso el peruano de arriba o de abajo, de la clase A o de la Z, es vicioso e intolerante, diestro en la trampa, en el fraude, en el chiste espeso y degradante; por eso el peruano "normal" es un ser mediocre, religioso y pagano, un renegado ignorante, inclinado a la violencia y al abuso. Por eso el peruano común es soez, diestro en ambages y trucos, goza con su propio desprestigio, vibra con los recursos oscuros y siniestros de su inmoralidad.
Por eso los latinoamericanos, los peruanos especialmente, estamos más predispuestos para la vida fácil, para lo anecdótico de la vida, para sobrevivir bajo leyes básicas de jungla que para la existencia ordenada, planificada, y lúcida: desconocemos esa existencia digna del hombre en el pleno ejercicio de su razón y voluntad.
La vida como ejemplo de voluntad:
Por la critica expuesta en los acápites anteriores sabe Ud., juicioso lector, que no debe preparar su alma para un discurso benigno ni para una bucólica reproducción de la realidad, sino para una real confrontación critica y enjuiciamiento particular de la voluntad racional, de la trágica ética social en la historia peruana.
Al partir, antes de entrar a otras consideraciones, previsivamente y por prudencia, y para calzar a hechos concretos los conceptos vertidos, necesito que el honrado ciudadano responda a estas sencillas, urgentes, cuestiones:
¿Alguna vez Ud., ciudadano peruano, actuó, al margen de cuál fuera ese acto, propiciado por la anuencia general e impelido a contribuir con su parte en el desarrollo de un proyecto nacional conocido, predeterminado?
¿Conoce Ud., de la existencia de uno o de varios proyectos nacionales?
¿Acaso un peruano no nace, padece y muere, sin haber conocido qué el estado, qué la nación peruana, se proponen alcanzar?
¿Alguna vez, Ud. sintió que pertenecía a una colectividad unida, homogénea, y con un espíritu nacional definido?
¿Nunca sintió, porque su trabajo no es suficientemente rentable o seguro, porque su hogar es precario, porque su sustento es azaroso y su salud frágil qué, como ciudadano peruano, está desprotegido y que anda a la deriva y con un futuro amenazante?
¿Alguna vez, al levantarse, al concurrir a su centro de trabajo, sintió que su esfuerzo era necesario porque se sumaba a ese de los demás en la construcción de una sólida nación?
¿Nunca sintió que su nación, a pesar de sus años de trabajo no crecía, que iba de adelante hacia atrás o sin rumbo, como un caballo ciego?
¿Nunca Ud., ciudadano peruano, lloró de fatalidad por el Perú, viendo como su tierra paradisiaca era retaceada y humillada con la deshonra?
¿Nunca dudó, ni le asaltó la desconfianza, que su querida patria era como un proyecto irrealizable y que siempre, en conformidad con la flaqueza y desprecio de su clase dirigente, quedaría inconcluso, a mitad de camino?
¿Nunca preguntó a otro, aunque solamente fuera para intercalar alaridos de desesperación, por qué ha sido imposible construir en doscientos años un estado fuerte que protegiera y cimentara el bienestar económico entre sus ciudadanos?
¿Nunca se preguntó por qué los blancos que siempre manejaron el estado optaron por ponerse a un bando y a mantener a las mayorías nacionales en el otro, como si el poder fuera un
bastión exclusivo de ricos, pero excluyente para los cholos empobrecidos?
¿Entendió y le parece coherente, responsable, la trayectoria moral y política peruana de estas últimas cinco centurias?
¿Estaría dispuesto a respaldar cinco siglos más de dominio blanco, de inercia e inestabilidad política?
Las respuestas a todas estas cruciales cuestiones, como, puede verse, corren desde una obvia decadencia y son emanadas desde una sola fuente: el estado parasitario, el poder político y económico manejados por manos equivocadas, por conciencias erróneas.
Por eso volveré repetidamente para poner bajo su atención al concepto esencial, a la idea capital, que el poder es un instrumento válido de transformación y desarrollo solamente cuando es producto de la voluntad de la mayoría del pueblo y cuando ese pueblo está unificado e impulsado por amor, por su afinidad sanguínea, por la tradición histórica de un pasado común.
EI amor, la invencibilidad del que ama:
Sólo puede, el que ama...
Por eso, si alguien dudara que el mejor producto de la vida es el amor y que en el amor nace la voluntad transformadora de un pueblo, yo le mostraría los escasos logros de estas naciones de América latina. Específicamente de Perú enseñaría que las cosas andan de mal en peor y son críticas porque ningún amor, ningún pensamiento positivo y desprendido de interés, precede la acción política.
Porque si los políticos amaran al Perú como yo lo amo, por ejemplo, no querrían haber llevado a Perú hasta los extremos de deshonra en que cayó: ante el mundo civilizado, hoy en día, el peruano común y corriente es un hombre de tercera categoría, un ser renuente al retroceso y practicante del peor canibalismo político.
Pues, repito, para llevar a otra dimensión esta crítica, que sólo el amor es capaz de generar un poder real y movilizar todas las conciencias y las pasiones hacia un único objetivo.
El amor, todos debemos saberlo, no solo genera moral, sino poder real; porque si no se ama, nada bueno nos impele al trabajo, nada nos conmina al cambio. Si no amamos no sentimos que la vida, que la bondad de la existencia, propician y respaldan nuestras acciones.
El amor a lo que se es, esa identidad indiscutible de ser así, de querer ser como somos, nos lleva a unirnos, a no disgregarnos, a formar una sola fuerza, una unidad para vencer cualquier reto, material o inmaterial.
Hago estas afirmaciones retóricas para colocar a la distancia necesitada a 500 años de historia peruana, a su trayectoria política "anormal". Nada trasciende desde el pasado remoto ni del pasado próximo, que me haga creer que el amor ha sido un objetivo concreto de la acción política del estado, nada recto me lleva a entender esta carencia; ningún elemento que se haya cernido en la conciencia del país me hace concluir que alguna vez el estado peruano, regido, primero por españoles y después por sus vástagos americanos, estuvo orientado a amar esencialmente a toda su gente o a consolidar una red de solidaridad, esencial en la construcción física y espiritual de la nación.
El estado, el poder político, porque estuvo controlado por castas, clases y clanes, de otra raza que la raza chola, mayoritaria y dominante, nunca entendió la necesidad de infundir amor y solidaridad; nunca comprendió el valor del amor y del entendimiento cívico, de la camaradería y de la alianza en torno a objetivos comunes y trascendentales. El poder político rehusó
cualquier indicio de unidad, rechazó cualquier forma de libertad e independencia y no asumió la democracia naturalmente, espontáneamente. La democracia misma, como concepto rector de igualdad, de distribución equitativa de derechos y deberes, aparece como inaparente y como una necesidad extranjera impuesta, indeseada.
Hasta hoy la democracia no puede ser operativa y funcional en Perú, porque aquí, quienes aman de verdad a su tierra no tienen el control del poder. Porque aquí, los que gobiernan mal este país aún creen que se debe seguir utilizando al cholo bruto, barato, y debilitado.
¡Señores abanderados parlamentarios, ministros, doctores y magistrados, preclaros e insignes académicos, esto debe acabarse!
¡Señores y señoras comunes de esta tierra!
¡Perú ya no puede resistir que la inmoralidad (civil o estatal) sea ley y principio!
Lo digo con respeto, con amor abundante al Perú.
Quiero anticipar mi voz alerta, invicta de injusticia, a los que confían que el Perú es más grande y eterno que los intereses temporales de un individuo o de grupo humano.
¡Hablo del futuro que empieza hoy, cuando ese cholo ha comido su sándwich de pan y camote con las muelas que le sobran de tanta pobreza y se escupe las manos para reconstruir este sagrado país, definitivamente!
Moral política y desarrollo económico:
Nadie ya, entonces, a partir de los conceptos desplegados, estará en condición de soslayar el valor del amor en la moral y el valor sustancial de la moral en el poder. Cuando el amor es incluido en cualquier acto político sus resultantes son necesariamente democráticas y sus efectos discernibles como progreso material y libertad individual.
Verán, por otra parte, que machaconamente voy señalando estos conceptos con la intención de volver sobre sus efectos. Pero, repito, igualmente, que esos efectos sólo serán plausibles y materializables en la condición que el poder mismo no sea una fuente de irracionales disputas entre ese grupo minoritario que maneja mal y desgraciadamente al país y la mayoría nacional de cholos que nunca pudieron gobernar su nación. Tiene que entenderse que el traspaso pacífico del poder a las mayorías nacionales es el medio más práctico, racional, y directo para el desarrollo ulterior del país. Debe asumirse, idénticamente, como irrevocable, la necesidad que el estado debe recomponerse, que la sociedad debe ser remecida por una completa limpieza y orden; debe internalizarse en la sociedad peruana la necesidad que el cholo, no otro, está obligado moralmente a asumir el control de la economía y de la política.
El cholo peruano por amor, por absoluto amor a su tierra, a su pasado, necesita unirse y fundirse en el deseo desinteresado de construir ese estado monolítico para gobernar al unísono, apropiadamente, su país.
Para lograrlo el cholo tiene que aprender a organizarse, empezar a hacer alianzas, aprender a establecer redes de influencia económica, a segregar de sus fines a todo aquello que no coadyuve a su propio poder. Los cholos deben aprender a fundar y manejar bancos propios, a manejar con destreza el capital individual y a reunirlo con exclusión y con miras a solventar sus propuestas de poder y para asegurar su dominio económico y supremacía política.
Ello, a grandes rasgos, en lo que a la economía concierne (el capital nacional circulante, el valor de la riqueza real, no debe olvidarse, es producido, diariamente, por el cholo).
En el aspecto político los cholos deben asumir el liderazgo de la nación, deben fundar y asumir la dirección de todos los partidos y
ser conscientes de su predominio para exigir el liderazgo de todas las instituciones nacionales o privadas. El cholo debe luchar para revertir la creencia racista y nefasta para la autonomía y amor propio de los peruanos que un "gerente, presidente, o mandamás blanco, vende y gobierna mejor".
En el Perú cholo (no debe negarse jamás que el Perú es eminentemente cholo), en el Perú libre y no atávico, el gerente de una zapatería, de un restaurante, de un hotel, de un club, de un banco; el presidente del país, el comandante del ejército, el jefe de la iglesia, el presidente de una asociación cualquiera, un diplomático, el rector de una Universidad, tiene que ser un cholo. Es vital y de extrema importancia para la unidad nacional, para el desarrollo del espíritu nacional, que el Perú sea gobernado exclusivamente por la mayoría chola.
Todos entenderán, así mismo, que como todavía no se ha efectuado este traspaso, y como seguramente no se dará de manera espontánea, que Perú, algunas décadas más, estará expuesto a numerosas catástrofes económicas y afrentas políticas. Pero, el cholo, para contrarrestar estos últimos visos de la decadencia de su patria, debe empezar a practicar esta nueva moral política que diseño y debe proponerse incluir respeto a sí mismo (solidaridad racial) e incluir amor ancestral en todo lo que ejecute.
Esta sagrada condición, cuando sea cumplida al pie de la letra, permitirá al Perú consolidar ese esencial espíritu nacional, esa red de amor y pasión y hacer que ese desordenado y retrasado desarrollo nacional sea un conjunto dinámico de hechos planificados, coordinados y pensados, en todas sus fases y niveles.
El predominio moral y la fragilidad de la política:
Aunque la existencia del individuo es frágil no lo es, de modo alguno, la existencia y la acción de todos los individuos. Esta aseveración, planteada así, no será de utilidad si no se la coteja al fracaso de cualquier resultado político que hemos obtenido de la nación en el pasado y si no se entiende que sólo la común voluntad de un pueblo hace que las humanas empresas sean reales y eternas.
En el Perú ningún proyecto extendió su influencia de un siglo a otro, ni se planificó algo con el propósito que se perpetrara en la conciencia de sus habitantes. Las deficiencias fehacientes del estado, entendidas a la luz del enunciado anterior, nos demuestran que se desconoció la necesidad de construir un espíritu nacional y la necesidad de involucrar a todos los individuos en un proyecto determinado y explícito.
En el Perú todo proyecto propiciado por la política parece nacido para fenecer en un año o en una década, a lo sumo. El estado Peruano ha sido incapaz de convocar por un tiempo duradero y transformador a su pueblo hacia objetivos económicos o espirituales, duraderos y únicos. Todo lo que comprometía los intereses de la nación y concernía a su fundamentación, fue decidido a puerta cerrada, y con artes nunca claras ni ventajosas. Todo lo que ha tocado el estado lo ha destruido o inutilizado. Todo, lo que el estado se ha propuesto ha sido defenestrado por el tiempo o por la inercia de la historia misma.
Las políticas interior y exterior siempre fueron desastrosas; los diplomáticos, blancos todos, mondos y lirondos, de apellidos compuestos y pronunciados, cargados con medallas y recompensas, incapaces fueron de vender una cuchara de palo o una papa nativa.
Así mismo, los que manejaron la economía, blancos siempre, expeditos aliados y supeditados al capital extranjero, ejercieron de capataces y gerentes para esclavizar y canjear por un espejo, una manzana y un huevo, el honor, las riquezas naturales, y el trabajo de los cholos.
Nunca se administró al estado en la creencia, en la cerrada convicción que los habitantes son lo más importante y la prioridad
número uno de los intereses de la nación. EI cholo, el valor humano del cholo, ni siquiera fue incluido en su salario; lo que gana un cholo y un zambo en un año lo gana un blanco en un mes o en una semana.
Por ello, para abrir ese espectro amplio en que cualquiera pueda vislumbrar directamente a la moralidad y a su acción benigna sobre la política se debe, creo yo, indudablemente, desbrozar una serie de contravalores domesticados a la fuerza y naturalizados a expensas de menoscabar la calidad de la existencia de los ciudadanos. El estado, peruano siempre camufló los directos intereses del individuo en los ambiguos intereses de una patria en ciernes, cuyo horizonte era indefinible y pertenecía a la bruma del deseo de una minoría ahíta de riquezas pero sin fantasía, sin amor, y deshonesta.
La eternidad de la voluntad:
Cuando el espíritu humano traza una raya de deseo, como límite opcional de su perspectiva histórica, no la traza en la tierra, la traza en su moral, en su memoria colectiva, en su sed de bienestar, de asaltar primero que nadie lo desconocido y nuevo; ello es así en cualquier latitud, en cualquier actividad humana.
¿Por qué en Perú, entonces, nadie parece proyectar su deseo hacia el futuro?
¿Cuál fuerza inhibe al hombre peruano a no proyectar su deseo en el tiempo?
¿Por qué el Peruano tiene que podar su voluntad hacedora y reducir su acción al día, a la caducidad inmediata del tiempo?
¿Por qué no avanzamos, por qué hasta hoy no pudimos aliarnos y consolidar un gran país?
¿Dónde está el epicentro de esa fuerza que nos detiene, que nos hace retroceder?
¿Ningún peruano está moralmente, hoy día, preparado para habitar y señorear en la tierra?
¿Todos parecen arrepentidos de existir?
¿Todos caminan con tristeza y apabullados por problemas más fáciles de resolver y que otras naciones menos privilegiadas por la naturaleza ya resolvieron?
El problema no es la calidad del hombre, el problema es la calidad de leyes, la calidad de la moral política de aquellos que tratan de gobernarnos.
El problema (nunca debe considerarse a la violencia como su solución) se reduce finalmente a un hecho de lógica racional, imperativa: cambiar pacíficamente, deshacerse del lastre pasado, proponerse asumir una tarea moral especifica que debe cumplirse y transitar por allí hasta que ese curso sinuoso sea amplio y llano.
Poco a poco, como ven, voy desentrañando la madeja que nos tiene ahorcados e inmovilizados, que nos enreda y que no nos deja poner los pies en tierra iluminada y firme. El cholo tiene que salir airoso de esta exigente necesidad y para hacerlo con suficiencia, con verdadero designio y espíritu nacional, debe asumir la disciplina, el trabajo, y la honra. Eso puede lograrse con rapidez pero con movimientos coordinados y con voluntad inflexible.
Por ejemplo, cuando los cholos disciplinadamente decidan votar solamente por candidatos de su raza: ¿no caerá irremediablemente cualquier conglomerado tradicional de poder y de política por los suelos?
Cuando los cholos reconozcan que su ser, su raza, es la única unidad material posible a alcanzarse en este país: ¿no serán barridos cualquier dominio y opción de poder de las minorías en la política nacional? (No digo, ni está contenido en mi amor a la paz verdadera, que el cholo debe enfrentarse físicamente a las minorías raciales; digo, solamente, que las minorías raciales deben aceptar el rol predeterminado por la real política y adecuarse a las decisiones de las mayorías. Ello que es correcto en la matemática tiene que ser inobjetable y adecuado para la justicia, indudablemente.
La voluntad de poder, la voluntad racional:
El ejercicio neto del poder, obviamente, desdice una serie de aspectos connaturales a la libertad y a la razón.
Ejercer el poder significa ejercitar la imposición de una clase de voluntad sobre muchas otras o sobre una determinada.
Ejercer el poder, tal cual se presenta para la fuerza, es una opción directa, poco racional y prudente, pero más recurrente (esta forma de poder no requiere ningún tipo de consenso, pero sus efectos no son ni duraderos ni válidos).
El poder y la voluntad de poder, no son facultades que cualquier hombre parcialmente adquiere de modo natural; el poder nace del consenso y la voluntad de poder viene determinado por la composición de fuerzas de este consenso (no debe confundirse poder con gobierno). Por ejemplo, en Perú unos tres cholos fueron gobernantes; ciertamente lo fueron, pero aquellos no gobernaron bajo la magnitud y condición de un poder netamente cholo, aquellos gobernaron porque el poder blanco, su necesidad de subsistir en el poder, así lo requería.
La fuerza militar, que ha pasado a ser el epicentro del poder para los estados latinoamericanos, es un poder de disuasión, pero no de cohesión, una fuerza pensada para destruir pero no para construir; esa clase de fuerza nunca llegará a constituirse en un poder de transformación, en un poder hacedor. Porque, básicamente, el poder en sí nace de la lógica racional, de la necesidad de un orden mental, de una moralidad eficiente, de la prerrogativa natural que consuetudinariamente forja el deseo y la acción de la mayoría (puede decirse con propiedad, sobre este contexto, que el poder físico del trabajo de los cholos, en el Perú, no se ha revertido en un poder político real y hacedor).
Entonces, también, puede decirse que una nación tiene poder cuando el núcleo de su fuerza, que es capaz de crear la voluntad de las mayorías, tiende a concentrarse como energía en un único espíritu nacional y a manifestar su acción positiva en la realidad social. También, desde luego, cuando la dinámica interna de ese núcleo puede emplearse como fuerza motriz de cambios y cuando su uso corresponde, en todos los aspectos, con el interés, la historia, y la razón de ese pueblo.
El único real poder del hombre, en consecuencia, visto objetivamente, será aquel que provenga de la voluntad racional conjunta y no de la fuerza que un grupo haya organizado (el poder militar es un poder aledaño, dependiente de ese otro poder real, pero no el mejor, el más idóneo ni competente para gobernar. Nada bueno ni duradero puede engendrar un gobierno que base su poder en la fuerza de las armas).
El único poder que podemos llamar real y que será usable materialmente y con resultados controlables y benignos será aquel que provenga de la inteligencia y la voluntad de todos. A esta clase de poder, llamamos democracia.
Perú, el estado peruano, carece de ese real poder.
El estado peruano no ha llegado a hacerse con ese núcleo dinámico de poder. Por eso el estado peruano es incapaz de hacer cambios duraderos y de manejar la cosa pública establemente y sin que la calidad de su consenso sea cuestionado.
En el Perú hay un núcleo real de poder y un centro artificial de poder. Estos dos poderes se yuxtaponen pero nunca coincidirán voluntariamente. Uno, el legítimo y más dinámico es ese invisible pero inexorable que la mayoría crea diariamente, en todos los aspectos de la vida económica y espiritual; otro, es ese centro emisor de decretos y leyes, escéptico a compartir decisiones con la ciudadanía e indiferente a las ventajas que pueden extraerse de formar una unidad perfecta, de veras, fuerte: los que gobiernan caminan en una dirección y los gobernados en otra.
Esa clase de tragedia acontece varios siglos en el Perú.
Por eso no será desatinada la afirmación reiterada: que el Perú carece de un poder real; que en el Perú se confunde gobierno con poder. Hay un gobierno, ciertamente lo hay, pero el poder de ese gobierno es exiguo e impotente porque no proviene del consenso, del interés general y no mantiene un derrotero conocido, directo y honesto.
El poder real, nacido de la voluntad racional, que acabo de esgrimir, todavía no se decanta ni se concentra. La mayoría chola, la única raza capaz de generar ese real poder hegemónico aún está dispersa y desorientada y no une su voluntad en un solo pensamiento para ese grandioso, inexorable, propósito.
Embalsamiento de la moral:
La historia política y del poder en el Perú carece de valor trascendente, salvo que el interés se centre en el masoquismo que produce revisar tanta improvisación y desgracia o la risa que causa toparse con personajes farsescos en situaciones tan poco acertadas.
El poder ejercido por los blancos dentro del estado, en la iglesia o en la milicia, a mí, particularmente, me crispa los pelos y avergüenza: en tantos años, no han conseguido nada duradero y de valor y sí, eximamente, han dilapidado tiempo, esfuerzos y recursos, irrecuperables. Por ejemplo, ese poder, tantos siglos manejado, no ha podido consolidar la estructura económica, no ha ampliado el espectro político ni alcanzado las orillas de la democracia; no ha defendido la integridad sagrada de nuestro territorio como era su obligación, porque reciben salario para esa específica tarea; no ha educado con abnegación y desinterés al pueblo. Por el contrario, los han sumido en la ignorancia y los arrinconaron con desprecio y con un racismo incompresible.
La iglesia católica, exempli et gratia, medio milenio ha tratado, por las buenas o por las malas, de embalsamar el espíritu y la moralidad del peruano. La iglesia y sus santos oficios persiguió y destruyó las creencias y la moral del nativo peruano: La iglesia, como institución encargada de vigilar el bienestar espiritual del pueblo, ha sido históricamente la aliada más sofisticada y eficiente que tuvo el estado.
De la moral cristiana que nadie se atreve a discutir, aunque pocas cosas buenas y duraderas hayan realizado en Latinoamérica, proviene gran parte del atraso económico y mental de la población. Los ciudadanos latinoamericanos no salen con buen pie de un cotejamiento con ciudadanos de otras latitudes educados bajo otras normas morales, bajo otros credos religiosos y con éticas más definidas y rectas, como la protestante, que infunden en la población valor y deber, competitividad, auto respeto, orden. La moral católica es una moral que no progresa, que no revisa sus dogmas, es una moral que trata de embalsamar en vida al hombre.
¿Qué sucedió con la destrucción de la moralidad indígena, con ese traspaso "pacífico" hacia otra fe y moralidad cristiana?
¿No habría que responder que fue desastrosa y que aún hoy repercute vivamente en la moralidad de cada cholo?
¿Por qué los ciudadanos peruanos cuentan con un menjurje mental, y una épica chicha es su conciencia moral y cívica?
Siglos y siglos los mestizos americanos deambularon con el resentimiento a flor de piel; siglos de siglos tuvieron que soportar el desprecio en las minas, en las haciendas y en las casas como esclavos, como peones y como sirvientes: nunca se sintieron amos y señores de su propia tierra, nunca gobernaron nada. Otra moral, la moral dominante, la misma moral del poder de ahora, debía ser asumida, otra moral en que estaba contenida la sumisión, la obediencia, la asunción que los blancos eran "superiores" y los mestizos "inferiores".
Siglos de siglos, entonces, el poder blanco del estado, con una moral aparente de bondad e igualdad cristiana, ha camuflado su
origen, se ha mimetizado y ha oficializado su artificial poder en las entrañas de una nación eminentemente chola.
Pero esa imbricación, esa yuxtaposición de intereses, produjo una normalidad disfuncional, un híbrido moral cuya consecuencia, inevitablemente, será la decadencia, la inoperatividad de la clase blanca, dominante.
La moralidad del cholo, producto obvio, producto de esta imhibricación y superposición de morales muestra ser, en su apariencia, un caos completo, un injerto incomprensible, donde leyes, creencias, y códigos éticos irreunibles se reflejan diáfanamente en su arte, en su actitud "chicha" ante el mundo: es amoroso el cholo pero insincero, no es rígido ni apegado a las normas; es trabajador pero no le disgusta el ocio, no ahorra ni planifica, es desordenado y desinteresado; es inteligente pero no es metódico, es responsable pero prefiere no comprometerse; es religioso pero mantiene su dualidad profana y rígida; es gozador, pero más libertino que libre etc.
Con la intención de hacer una bisección de la moral peruana, de ese híbrido de moralidades, y reparar en las interioridades de esos cruces de corrientes en el espíritu nacional, el parágrafo que sucede tratará en una a toda las peculiaridades enumeradas encima: no es sincero, pero es amoroso:
Nadie negará que la sinceridad no es precisamente un valor arraigado en la moral peruana.
Ser insincero y truculento es parte de ese espíritu denominado "criollo". La verdad, la postura individual de la defensa de lo justo, ha sido relegada en importancia para contrarrestar, obviamente, a poderes oprobiosos e injustificados. El peruano medio tenía que recurrir a la criollada para defenderse de obligaciones exigentes e impositivas y justificar su velada oposición eludiendo su responsabilidad directa. Muchas veces la mentira ha tenido que ser un arma valiosa de oposición y evasión, de ahí que se haya compenetrado como valor positivo en todos los actos y niveles de la sociedad y que, al paso del tiempo, se haya trocado en recurso de subsistencia generalizado y como característica que subyace en el espíritu nacional con efectos completamente perniciosos.
La utilidad de este ejemplo, por que no es mi intención hacer un estudio epistemológico de esta teoría, debe encontrarse en que la simple bisección de la moral del ciudadano medio y en correspondencia a aquél, del estado, ofrece a simple vista una gran descomposición, un desorden y alteraciones con dinámicas contraproducentes y obviamente negativas para la política, para el desarrollo económico y para el bienestar individual.
A la luz de este avance, anticipando uno de los principales empleos de mis conclusiones, propongo como ineludible la tarea de revisar conceptualmente y en la práctica, todos los códigos de moralidad y considerar la aplicación de valores obtenibles de comparativas moralidades. Deben estudiarse otras morales, las morales de otras naciones, hacerse paralelos de orden y respeto, de desarrollo y ciencia, de valores sociales probados útiles y benéficos; deben anteponerse al débil espíritu nacional espíritus de otras naciones que han logrado erradicar la pobreza y que han conseguido la estabilidad y paz, como progresar en áreas en que nosotros somos deficientes y estamos a la saga.
¿Qué puede ser moralidad, cómo puede quedar definida? :
Recorre, ciertamente, a través de una sociedad mínimamente organizada, mínimamente establecida y funcional, en correspondencia con la mentalidad interna y con la lógica mundial de democracia e igualdad real, humana, racional, una línea de normalidad que ni el dictador o el partido político más abstruso y tendencioso, trata de sobrepasar sin riesgo de retornar desprestigiantemente, condenatoriamente, a las prácticas poco racionales, poco civilizadas del hombre de las cavernas.
Perdonen, pero acepten las contradicciones que ofrece esta brutal observación. Ejemplo: la comprobación que todo el mundo ve originarse a los problemas más álgidos del país en la pobreza económica, en el deficiente desarrollo de la economía. Específicamente los dirigentes políticos peruanos están empecinados y seguros de resolver todos los problemas nacionales cuando, "resuelvan" aquél principal, económico. No es desatinado este deseo, pero sí necio e irrealizable en estas condiciones políticas y con esta clase de poder. Todos ellos quisieran que el ciudadano peruano, que el cholo habite en ciudades denominadas "modernas", de cemento, con autopistas y todo, pero que su influencia no trascienda de los tugurios o de los pueblos jóvenes; que su aspiración política, hacia el real poder, quede inalterable.
Esta comprobación, como se entenderá, supone otras graves contradicciones y que trataré de desarrollar en varios puntos que son centrales para mi teoría moral de política y que, a su vez, harán de espectro para sucesivas reflexiones que otros deban hacerse sobre sus alcances y aplicaciones. Empero, antes, no debo declinar en la intención de delatar su enorme propósito:
En el Perú, en los 500 años posteriores al gran imperio incaico, se han sucedido infinidad de clases de gobiernos: virreyes, presidentes, presidentes interinos, presidentes vitalicios, juntas, gobiernos de transición triunviratos, vacíos de poder, gobiernos paralelos, revueltas, guerras y revoluciones; es decir, la mar en gamas de gobierno y de alternativas de poder. Pero, se tiene que admitir, que aquello no sucedió porque así suele acontecer en la historia normal de una nación, porque en otros países así ha sucedido. Se tiene que entender, y ya trato esta cuestión en la parte periférica que encierra al núcleo de mi teoría, que aquello aconteció y acontece aún, porque en el Perú el estado nunca fue pensado como producto dinámico, democrático, de toda la colectividad, antes bien, por el contrario, como instrumento exterior, técnico de dominio. Claro es, vale adelantar, que no pudo ser de otra manera porque el estado en el Perú, tradicionalmente, se dedicó a administrar los intereses de una clase dominante blanca y a sustituir un poder real, el poder de la mayoría racial de los cholos, con ese otro poder artificial, virtual, fundado en la fuerza irracional, militar
El estado, también ésta es la otra parte esencial de mi conclusión, no se ha modernizado porque modernizarse significaba asumir los errores, y reconocer su virtual, patética, inoperancia. Entonces, delante de este hecho, optar por la democracia era reconocer su propia caducidad y aceptar que aquella pasa a ser el principal instrumento de poder renovador de los cholos. Significaba, peor aún, que el estado tenía que desembarazarse de su propia clase dominante, de su ineficaz pasado y que aceptaba que la administración y la composición del poder fueran diferentes y opuestos a la tradición política.
Obviamente no me limitaré a señalar el impasse de orden político que ello supone y propondré necesariamente, como solución radical alternativas que me parecen inevitables. Aplicadamente demostraré, en el transcurso de esta argumentación, el alcance y la conmoción que deben ocasionar y cómo particularmente serán aquéllas, qué índole democratizador deben tener y cómo deben oponerse a la violencia natural que suscitan confrontaciones de este tipo.
Pero, subrayo, para que el contexto no salga de los márgenes, que escribo este libro para que sea instrumento teórico, únicamente racional, de política y de poder para los cholos, esa inmensa mayoría nacional cuyas voces y voluntad no fueron adherida a la acción política del estado, inmensa mayoría que fue excluida alevosamente del poder y del control político de su propia patria.
Moralidad política:
Voy a tratar el tema de la moralidad política con la mayor atención, puesto que muchas evidencias que pasaré a exponer me hacen considerar que la ausencia de moralidad en la política peruana refleja explícitamente que, también, en cuáles sean los estratos de nuestra sociedad, la moral no es el componente dinámico y sustancial de la vida racional y volitiva (voluntad).
Esta otra tesis de mi argumentación, en consecuencia con las proyecciones que obtiene de su propio dinamismo, pasará a ser la propuesta central, aunque más problemática, que necesito confrontar hasta resolver en todas sus implicaciones.
Necesariamente, como prerequisito, tiene que ser indagada la procedencia y la finalidad de la moralidad, su origen real, su expansión y, consecuentemente, su influencia positiva o negativa en la construcción o destrucción de una nación, por ejemplo.
En este respecto, cuando deba adelantar un concepto formado, diré que la influencia de la moral del poder de los blancos: aristócratas, plutócratas, civiles o militares, etc., sobre la historia total del Perú, sobre todas las generaciones, ha sido desde anodina hasta nefasta.
La demostración de esta grave aseveración tomará el espacio y el alcance correspondiente al desarrollo de algunos de los otros puntos restantes. No obstante, ciertamente, debe analizarse con prioridad el paralelismo que hay entre historia y moralidad, porque su origen nos llevará a tierra firme y a climas de entendimiento inmejorables para revisar su trayectoria, su manipulación política, y sus desviaciones. Cuando precisemos cuál es la fuente de donde nace natural la moralidad sin que forzamiento alguno la preceda, sin que la necesidad del poder la neutralice o desfigure; cuando las varias máscaras de bondad que el poder usa sean devanadas y cuando el hombre que lo detenta sea perfectamente idéntico en privilegios o en sus desventajas a cualesquier individuo, y cuando ante el mundo se presente "como es", desnudo de protección legal, ileso a cualquier influencia, prebenda o dolo; cuando el valor de su moralidad acumulada sea idéntico al valor de la moralidad que es capaz de emitir cada miembro del pueblo, entonces ese gobernante será inobjetable, su poder será real y ese estado, consolidado.
A mi juicio la moral, ni su ciencia ética, deviene de una clase social, de una clase de poder, ni de un determinado sistema político; la moralidad, por ser el sumum de bondad y maldad que la sociedad logra sintetizar durante su historia, es generada por todos sus miembros. Pero, cuál sea la clase de moralidad o inmoralidad, indudablemente, se acrisola en una clase de poder, bajo condiciones que el poder mismo determina y propicia. La moral y la inmoralidad que subyacen a los pueblos de Latinoamérica provienen de varias fuentes y es una mezcolanza de varias morales sociales que no han logrado compenetrarse y que los estados débiles y marginales no han podido diferenciar y consolidar.
La inmortalidad, por esta causa, es un problema grave y muy real en Perú. La inmoralidad pasa a ser un problema político cuando sobrepuja en predominio al equilibrio que debe tener con la moralidad; cuando el bien, la legalidad, el respeto, el auto control, dejan de ser valores de normalidad entre los ciudadanos; cuando la parte imbenigna de la sociedad domina o se impone a la otra. Cuando el estado en su afán de controlar todas las acciones de la sociedad, todos los pasos que da el individuo, recurre a la ilegalidad.
El problema central de la inmoralidad política y civil campea fundamentalmente con el asunto irresuelto del poder: en Perú los que tienen el poder real no manejan el poder político y quienes tiene el poder político no poseen poder real, alguno. El estado peruano, como ya dije, ostenta un poder artificial: los cholos, aquellos que si generan el real poder, están, desgraciadamente, lejos de controlarlo y vigilarlo. Entonces, en buena cuenta, ni uno ni otro puede rehacer la moralidad. El cholo no podrá porque no
tiene poder político y el estado porque tiene un poder artificial apto para decretar leyes pero impotente para radicales y necesarias transformaciones.
Moral e inteligencia:
¿Hasta cuándo, hasta dónde, el inteligente
debe caminar detrás del necio?...
aforismo MMDXXVI
En el Perú no han habido filósofos netos capaces de encarar el tema ético, el tema del poder y de su composición, con sagacidad y sabiduría; salvo Mariátegui que esbozó algunos trazos sustanciales sobre el poder y de una pléyade de sociólogos y antropólogos, que han tornado subrepticiamente su vista al tema, pero más con fines de historiografía o de crítica temporal que con fines de hacer un deslinde total y de dar una definición teórica, nadie en Perú, pues, esta carencia se debe pregonar a los cuatro vientos, ha tenido la voluntad de resolver las cuestiones elementales de teoría moral y de teoría política, esenciales en la consecución de un estado eficiente y sujeto a derecho y a la legalidad, respetuoso de la libertad irrestricta y de la democracia operativa.
Ningún teórico, hasta la publicación del cholo y el poder, situó a la raíz de todos los problemas nacionales, denominados "irresolubles", en la histórica, absurda, segregación de los cholos del poder. Es decir, a nadie parece interesarle que nuestro país esté compuesto por grupos raciales completamente definidos y opuestos en intereses y procedencia.
¿Nadie ha caído en cuenta que en el Perú nunca hubo un mestizaje político porque los blancos se negaron a eximirse del poder o a compartirlo solamente?
Parece, ciertamente, que nunca nadie entendió que en el Perú no ha habido una cholificación del poder, como necesario era para su completa unificación.
El estado, la clase dominante, expresamente, para marginar a los cholos del poder y actuar de espaldas a la realidad, estuvieron obligados a usar otros medios y otras armas que las que ofrecen la razón y la coherencia para aplicar sin tardanza los elementales principios democráticos.
En el Perú nadie parece haber entendido la importancia, la necesidad inapelable, elemental, que hegemonía racial y poder son una misma cosa; que masa, número, y acción política, son un mismo fenómeno. En fin, no se ha entendido que la composición del poder en concordancia con el número de los miembros de un grupo racial es vital para la consolidación de un espíritu nacional, para la conformación de un objetivo trascendental y para consolidar la construcción democrática del estado.
En el Perú, el poder es artificial y artificioso, porque es practicado expresamente para marginalizar al cholo del estado, del control económico y de las estructuras del poder aglutinadas dentro del estado. El poder del estado es superpuesto y extraño a la propia dinámica social y a la dinámica natural del pueblo (el poder en el Perú, el poder del estado, lo entendemos ahora, proviene de otras fuentes que de esa legítima voluntad de la mayoría). He aquí la brecha que, indiscutiblemente, el estado nunca ha podido sobrepasar; he aquí la impotencia histórica manifiesta en la incapacidad del poder del estado para desarrollar de modo integral la economía y de hacer del Perú una nacionalidad unificada.
Estas afirmaciones no están tomadas a la ligera, ni las hago para agraviar gratuitamente, provienen de la evidencia que nos dan los resultados macro y micro económicos, de la calidad de vida del peruano medio, de los signos inocultables de una descomposición
moral y política acrecentada peligrosamente en estas tres últimas décadas.
Pero, obviamente, el estado es un ente abstracto y lo único concreto localizable es la persona que lo encarna y la clase de personas que lo conforman y defienden; hablo de sus fuerzas auxiliares y supeditadas, de sus teóricos y jurisconsultos, de todos aquellos que desde sus puestos públicos o privados hacen que el Perú siga funcionando de una determinada manera y con un determinado resultado.
Los intelectuales peruanos, por ejemplo, han sido incapaces de imponerse satisfactoriamente a la necesidad que supuso desarrollar una teoría política, una teoría moral, en anticipo y como fundamento de una pragmática correcta de gobierno. Todos lo hicieron inversamente; primero se gobernó este país al tuntún, al prosiacaso, al cayó, cayó y después, ajetreados y contritos los teóricos, los lúdicos intelectuales, los constitucionalistas y criminalistas, volvían a revisar los despojos materiales, las ruinas que dejaban los gobernantes: dixit, para "entender" cuál era la traba, qué hubo de incorrecto e irresoluble, cuáles habían sido los nudos gordianos, los puntos de tensión; dónde hubo desequilibrio y por dónde había que enmendar y parchar para evitar el derrumbamiento completo.
Ningún teórico, como repito, se anticipó y forzó otra clase de acontecimientos proponiendo un análisis pensado y lógico, concordante con las condiciones materiales, históricas y espirituales, que movilizan al país; todos actuaron con retrospección y abulia, al tanteo, cuando los desgraciados hechos ya habían sido consumados. Descubro, allí, por eso, que gran parte del pensamiento de estos últimos dos siglos ha sido netamente académico, pasivo e historicista y alejado de la práctica política; descubro en el comportamiento de los intelectuales peruanos una impotencia racional similar a la impotencia política del estado; ni uno ni otro sabe a qué atenerse, ambos desconocen cuál es el rumbo cierto, amplio y seguro, para el país. Por ello, quizá, al pensamiento de los intelectuales de estas dos centurias pasadas, a la actividad del estado, puede catalogarse como trivial, intrascendente, anecdótico y desechable.
Este breve pero grave comentario, que es periférico aún y diseñado para incidir verticalmente sobre los mismos hechos, hace posible ahora, exceptuándome de todas las reverencias conceptuales, de los abalorios mentales y de los ritos academicistas, conducirlos a vislumbrar objetivamente el núcleo del asunto que, de una buena vez, debe ser resuelto:
¿Por qué el Perú está, otra vez, al borde del caos moral y político más abrumador?
¿Por qué los peruanos no asumen la responsabilidad de construir algo sólido, conocido, aprobado y bueno?
¿Por qué el peruano tiene que ser un chambón en la vida diaria y en la política?
¿Por qué su moral social tiene que ser vista como un problema de desarrollo mental, humano?
Porque, entre otras cosas, como se entenderá luego de leer este libro, en Perú se postergó el nacimiento de un pensamiento auténtico; porque en Perú se propició lo extraño, lejano, a lo cercano, nacional. Porque en Perú la burguesía criolla, blanca, teme a los verdaderos, reales, productos de la inteligencia, como la iglesia temerá que alguien, algún día, contradiga y puerilice su pecado original.
Por eso nadie habló abiertamente de las razas en Perú; todos acercaron sus narices intelectuales hasta el cerco racial y vieron que los cholos podía seguir acorralados allí, en el redil nacional, seguros y protegidos por la providencia del estado blanco, cinco siglos más.
Pero se olvidaron que la naturaleza suele concebir criaturas totales, aún en las peores condiciones históricas, a hombres honestos,
inteligentes y desinteresados, para que hagan de redentores de su nación.
¡500 años ha rotado el mundo para parir a uno de esos seres impolutos, libre de degradación, libre de rencor y terror, para orientar a su nación hacia lo bueno y cierto!
Ya nació ese hombre, ese homúnculo incorruptible, es pensador diestro, libre de compromisos y corrupción, exento de prebendas y de obligaciones de obediencia y que está dispuesto y en estado de revisar los valores morales de toda esta simple y enredada sociedad y de reorganizar, desde las bases, definitivamente, el caos mental y a todo el pandemónium teórico que se cierne 50 décadas cruentas sobre cada individuo de esta patria incomprensiblemente dilapidada y reducida a una chacra de camotes y simios.
Sé, sin embargo, que muchos teóricos querrán oponer su voluntarismo teórico y atravesarse físicamente a mis concepciones: he notado que el intelectual peruano esta premunido de un bagaje teórico, de una armadura conceptual irreductible e indescifrable y que cada uno aspira a ser ese paquidermo consagrado que rumia continuo, con deleite, las flores de esta insólita decadencia. Porque no explico de otro modo que en Perú sea patética, llana, la voluntad de consolidar un estado cuyo poder siempre fue incongruente con los intereses nacionales y siempre provisto de una despreciable moralidad jurídica y política.
Es tiempo señores, sacrificados esclavos de ese proyecto irrealizable que llamamos PERÚ, contritos padres de la patria, patricios y santificados varones de la moral cristiana; pontificados juristas y jurisconsultos de la legalidad y la inercia mental; es tiempo, la historia no puede contener una página más de desastre, de sobrepasar la inercia mental, de conducir al Perú a un curso de progreso digno de nuestra inteligencia y digno de la memoria de nuestros antepasados.
Hasta ahora la ciega y desorientada colectividad, por interés pecuniario, por puro interés que caduca en la vida de un solo hombre, ha legitimado una política azarosa y mantenido vivo a un poder parasitario. Pero es tiempo que ese rumbo erróneo sea corregido y detenida esa trayectoria de zozobra. Perú es demasiado rico (Perú puede alimentar y vestir dignamente a toda su gente, Perú es suficientemente rico para curar las muelas de cada uno de sus ciudadanos, Perú es demasiado bello, demasiado sagrado como para que su nombre sea mancillado, para que el honor del cholo sea estropeado).
¡La voluntad racional, la voluntad de arbitrar el bien entre los hombres, tiene que aunarse al espíritu de este racional proyecto nacional!
No tiene que verse al Perú como un proyecto lejano, irreparable y extraño a la necesidad individual.
¡Si el estado blanco, no pudo; si las fuerzas que actúan dentro del estado son ineficaces, corruptas o inválidas; repón tu espíritu nacional ejerciendo tu voluntad cívica en cada paso que deba dar el Perú!
¡Tú, cholo, eres el Perú!
¡Lo más perfecto que Perú puede ser, debe nacer de tu voluntad!
En el Perú el ciudadano común, el real individual nacional, nunca ha valido nada; su valor ha sido anecdótico, electoral, virtual, pero no real.
¿No es ésta una clara demostración de la decadente política del estado?.
¿No demuestra esta perversión que el poder, cuando no proviene del consenso inútil es, y que inocua es su influencia cuando procede a actuar en la sociedad?
En el Perú y en Latinoamérica el ciudadano real, el cholo latinoamericano mayoritario, nunca tuvo poder alguno: el estado, el
poder del estado, siempre fue distante y opuesto a sus intereses y voluntad.
¿No nos explica ello todo lo que hay que entender del desarrollo de los estados y de las sociedades latinoamericanas?
La inmoralidad empieza cuando la actividad
racional concluye, cuando la voluntad
de los individuos se adormece o agota...
aforismo MMDCI
Libertad, poder, y moral:
¿Qué es, pues, para un peruano la libertad, el poder, y la moral?
¿Son tres cosas irreconciliables?
Estas cuestiones, planteadas sin premisas, desconectadas de contexto, que suavicen sus propósitos son agraviantes y se ofrecen como una implícita crítica que equivale a afirmar, a sostener, que los que gobiernan este país, que los ciudadanos todos, desconocen la necesidad básica que la libertad, la moral y el poder, suponen ser en la racionalidad y en la convivencia social humana.
También, lógicamente, supone otro presupuesto crítico, aquél que demuestra que en Perú nadie aplica y hace extensiva la libertad como componente orgánico de la democracia, del correcto gobierno civil, porque desconoce el origen que tiene el auténtico poder, veamos porqué:
Primero, obviamente, tiene que aceptarse la necesidad que el poder emana naturalmente de la democracia y que la democracia, a su vez, se forma en las entrañas de la mayoría nacional y no de la voluntad de poder, de la tradición de poder de un grupo minoritario.
Segundo, que la libertad como componente necesario del poder, como fuerza democratizadora, nace del pueblo. Por "pueblo" debe reconocerse a aquellos hombres y mujeres de la raza mayoritaria y hegemónica de un territorio: bronceados por el sol del equinoccio, medianos, de pelo negro y lacio, de rostro afable y bello; aptos para amar, diestros para el trabajo, fieles, inteligentes y honestos.
Tercero, como la democracia es un producto racional, lógico, obtenido de la coordinación de la acción mental y física del hombre, y no un producto espontáneo, debe esperarse que el Perú, por la experiencia de todos estos siglos malogrados por dictaduras y atropellos de la fuerza bruta, sea capaz de decantar en este tercer milenio libertad y democracia como bienes finales.
Cuarto, en Perú ya se ensayaron muchas formas de gobierno, muchas maneras de gobernar, pero una democracia real con poder de los cholos, amplia, ha sido rehuida. El Poder blanco ha recurrido a muchas argucias y violencia para gobernar este país y ha fallado en todos los intentos:
¡Recuerden que en los albores de la República, los abuelos de los que hasta hoy directa o indirectamente nos gobiernan, quisieron traer un reyesuelo de Europa!
Quinto, ¿Cuándo se apeló a la posibilidad de democratizar el país en correspondencia con su composición racial?
¿Cuándo se apeló a la verdadera opción que el cholo debería ser el gobernante natural, el único autorizado por el pasado, por su inmensa mayoría, por la gloria de su pueblo?
¿Cuándo se tomó en cuenta que este país no podría salir de su inercia histórica o de su franco retroceso si racionalmente, planificadamente, no se apelaba a la construcción de un
homogéneo espíritu nacional nacido de un poder exclusivamente cholo?
Sexto, para contrarrestar esta continua decadencia, este desprestigio completo, para asumir conscientemente el gobierno del Perú y para conducir al pueblo peruano a la estabilidad, a la paz y el bienestar, deben asumirse como ineludibles los siguientes, forzosos, pasos:
a.- indiscutiblemente los cholos, representando a un universo del 90% de la población peruana, deben exigir la presidencia de la república, los ministerios, los parlamentos y los puestos claves en la estructura del poder del estado.
b.- el ciudadano de otra raza, democráticamente, racionalmente, a semejanza de otras naciones en el mundo, donde las mayorías naturales gobiernan sus estados, debe aceptar sencillamente que el poder político pertenece a los cholos y, en consecuencia, atenerse a tanto poder como corresponda a la relación con su cantidad de miembros.
c.- debe asumirse como democrático y como gran herramienta de transformación el respeto de los derechos de todas las personas: en Perú impera la intolerancia, el individuo se burla y mofa de otro individuo, del color de su piel y de su belleza. El estado, por recíproca influencia, en su aspecto superlativo, sobrepasa impunemente el derecho de la persona humana y coacta las libertades individuales exacerbando sus facultades hasta más allá que el propio ámbito de las leyes determina par sus funciones específicas.
d.- debe recomponerse la estructura del estado en poderes paralelos y ampliarse horizontalmente su influencia: lo peor que le ha pasado a Perú es haber sido gobernado por una minoría y que esa minoría haya construido un estado sobredimensionado en tamaño pero inválido en eficacia.
e.- en el Perú el estado no debe gastar ningún dinero en reprimir las libertades individuales; más bien a exaltar la libertad personal, los logros reales alcanzados por el individuo (hay que invertir la tendencia coactiva del estado). El individuo debe controlar al estado y no el estado al individuo; tienen que haber mecanismos legales y jurídicos para que esto sea posible.
El estado tiene que convertirse en mero administrador económico, en intermediario de la voluntad racional del individuo con la sociedad, en veedor de los intereses del Perú en el ámbito internacional, etc. Pero no en la Meca del enriquecimiento, de la impunidad, y la prebenda política.
El estado debe reducirse a proporciones que el individuo común pueda acceder y velar; el estado peruano tiene que aspirar a restringir su acción, a desaparecer. Como en las naciones industrializadas el estado asume roles secundarios, diversificados y poco relacionados a la vida privada de la persona humana y sí, más bien, con el gobierno de la macroeconomía, de la representación política.
Particularmente, concerniente con los planteamientos anteriores, el estado peruano en cuanto órgano jurídico, en cuanto ente jurídico y sujeto a las leyes internacionales, tiene que respetar y propiciar la democratización de la sociedad (ante las leyes internas e internacionales, ante cualquier fuero, estado e individuo, tienen que ser indiferenciables).
No pueden coexistir un poder político inmune al juicio individual o universal ni, tampoco, un solo individuo que se sustraiga al poder general; no tienen que ser justificables ninguna impunidad, dolo, descuido, o inmoralidad. Tanto el estado y el individuo deben someterse a las leyes estrictas que deben ser respetadas y que tienen que ser inmodificables: en Latinoamérica la suavidad y ductilidad jurídica, juntamente con la condescendencia e indiferencia de su población, fueron razones que propiciaban a los
gobiernos a cometer cualquier clase de atropello y que contaran con impunidad. Pues, es sabido que la modificación e interpretación antojadiza de las leyes ha sido una gustosa alternativa para escapar al veredicto popular. Pero, esa ductilidad jurídica, ese domamiento de la población, es ahora causante de insolubles problemas: la inmoralidad, la ineficacia del poder político, la pérdida de confianza a las instituciones, el caos moral y la pobreza mental de los ciudadanos y todos estos aspectos negativos, como se ve, no han servido para desarrollar normalmente a Latinoamérica y no han servido para construir en Perú un tangible y apropiado nacionalismo.
f.- no existe aún en Perú ese oasis de armonía que una sociedad medianamente civilizada, que una patria la mitad de pobre en recursos, siglos ha, ya construyó para su población. Perú es rico en materia pero pobre en recursos morales; esta es una verdad afrentosa pero real, que desdice el valor histórico de nuestra clase dirigente, de la calidad espiritual de sus individuos que giran en el poder o en torno a él.
¿Entonces, correctivamente, no debe ser rehecha nuestra moral?
¿No debemos proponernos un cambio de mentalidad, una revisión de nuestro pasado y arrancar de raíz esas fuentes de inmoralidad y de irrespeto?
g.- millones se han gastado en educación; cientos de generaciones han salido de las universidades privadas o públicas y no estuvieron en disposición de resolver el elemental problema del poder, ni de asumir la validez de la democracia y de la libertad política:
¿Por qué?
Digo yo, a ciencia cierta, aconsejado por el amor que todos mis antepasados dejaron en mi país que quién sea aquél que gobierne la nación, una empresa, una institución, necesitará estar subido unos pasos más arriba que los impedimentos que se crucen en su camino; ése deberá ver antes que otro qué puede suceder, cuáles serán las consecuencias acarreadas cuando su acción es deshonrosa o incorrecta.
Cuál cholo fuera aquél que en lo sucesivo gobierne su patria, debe hacerlo porque lo ama bien y porque su amor intrínseco lo lleva más allá que su beneficio o su encumbramiento.
h.- como podrían ser innumerables estos pasos a dar para no caminar en falso, para llevar al Perú hasta el apogeo, quiero perentoriamente finalizar en éste, conminatorio: la moral peruana tiene que ser fundada y fundida en un solo ánimo. Cuando esté desperdigada, cuando no esté definida, y cuando no sea aceptada la verdad que la democracia sólo puede nacer en el momento en que el cholo asuma el poder de su país, este Perú seguirá a la deriva, los habitantes querrán abandonar el país, refugiarse con horror en otras patrias avergonzados de su idiosincrasia, de su vieja gloria.
La moral del gobernante:
La esencia real de la moral, sin duda alguna, es el amor.
La esencia del poder, como valor racional y de conciencia, tiene que ser el amor.
Del poder, y de todo aquello que tiene que ver con la conducción del hombre hacia el bien, entonces, será la honestidad y la moral en su trayectoria más pura.
En efecto, cuando nada se ama, ni siquiera gobernar un carruaje será posible. El hombre actúa con interés y corrección, cuando actúa con un propósito implícito en el amor.
El Perú ha ingresado en un completo desastre moral, el Perú frisa hoy un momento de lógica podredumbre histórica: compra y venta de parlamentarios, mercado negro de influencia política, incautación de los medios informativos, fraude y restricciones elementales de libertad individual, son solamente los puntos tope de ese enorme iceberg que del poder emergen.
¿No piensan como yo pienso, que hemos alcanzado el máximo punto de degradación, de incesto y onanismo político?
¿Cholos, hermanos míos, no se dan cuenta que quieren hacernos gozar con una indeseable autodestrucción, con una decadencia que compromete a nuestros hijos?
Felizmente, no necesito que repetir las causas de este hecho vergonzoso, pero sí analizar por qué se dieron aquellas y por qué nos llevaron a los puntos más bajos de degradación.
Mi conclusión directa no se desprende de la política o de los intereses económicos; mi conclusión es más íntima, en consecuencia, más flagrante: los presidentes que gobiernan y que gobernaron siempre nuestro país no han sido cholos natos y, por lo tanto, no aman como un cholo puede amar a su país, no lo aman de la misma manera. Porque si los presidentes amaran a su país como yo lo amo, porque soy un cholo, la moral, la imagen antes gloriosa, imperial del Perú, no sería ahora la sombra de un desastre incontrolable.
De repente los presidentes amaron al Perú, pero no lo amaron apasionadamente, con fanatismo, como yo lo amo, porque soy un cholo.
Porque un cholo, cuando come un choclo, cuando sopla su coca, cuando escupe en sus manos antes de empezar su trabajo, lo hace por amor, por ese amor incalculable a esa tierra milenaria que gratifica su existencia con su sol, con los frutos de mar y tierra.
Por eso digo que el gobernante de Perú tiene que ser aquél que ame bien y respete la integridad de su patria. Por eso digo que el auténtico gobernante de Perú sólo puede ser un cholo, ése que piense en extenderlo y no en reducirlo, que recuerde que nosotros hemos sido un imperio de inmensas proporciones y que aquél fue reducido y repartido; que recuerde, al mismo tiempo, que esos territorios nos pertenecen y que no declinamos de extender nuestro dominio hasta allá, como en horas de intangibles días, de intangibles poder, poseíamos.
Como aclaración, sin embargo, debo exponer que no hago esta epopeya con fines proselitistas, sino con fines de absoluta voluntad racional, con fines de devolver a mi pueblo a las corrientes de grandiosidad moral, de política trascendental. Debo añadir, además, que Perú necesita una calzada, un tarugo físico que le saque de la inercia y que le disuada de la caída sin fin hacia el desastre.
Por eso escribo este libro, lo escribo para levantar el animo nacional, para columbrar al cholo hasta su real posición. Desgraciadamente, como señalé antes, porque los cholos no gobernaron desde el comienzo, hemos inculcado bajas pasiones, las bajas pasiones han dominado nuestra patria. Pero es hora de resarcirse de esa influencia imbenigna; es hora de arremangarse las mangas, de colgar armas y sotanas, de construir un país acorde con la inteligencia, apropiado para la razón.
El fenómeno Fujimori:
En ningún país del mundo, en ninguna tribu, en ningún ridículo imperio ha sucedido antes que un extraño, uno de otra raza, de otra etnia, de otra cultura, asuma tan fácilmente y con impunidad el poder. El asunto, en sí, es curioso y se ofrece a varias desprestigiantes especulaciones:
Una, la más obvia, quizá sea ésa que los cholos están físicamente hastiados de la felicidad artificiosa de los pitucos, hastiados de la burguesía criolla "blanca", aquélla que en doscientos años no pudo vencer uno solo de los retos tendidos por la miseria.
Otra, indirecta, pero no menos obvia y crítica es, que, como los cholos aún no están cívicamente organizados en torno al poder, como su innegable poder económico no se traduce aún en poder político, y como aún desconocen la prudencia y trascendencia que
un cholo los represente, tenían que escoger el más benigno de los males: este benéfico mal menor, resultó encarnarlo el Ing. Fujimori.
El Sr. Fujimori, salió victorioso en una contienda electoral que sometía a la nación a una real encrucijada política, pues confrontaba al pueblo con el dilema de su poder y de su representatividad: elegir a Vargas Llosa o a Fujimori, continuar eligiendo a un blanco inoperante, o a uno que no es cholo, pero que no es muy diferente que un cholo (los negros, chinos y japoneses, vinieron como braceros y esclavos, sufrieron la explotación, la humillación y la pobreza).
El pueblo, alerta de los trucos históricos en los que la burguesía era diestra y ducha, se inclinó por el buen Fujimori, un japonés pequeño y feo, empobrecido y ridiculizado por la burguesía. Vargas Llosa, el escritor de novelas, al que los cholos nunca leen con agrado, no era el candidato que la burguesía podía imponer al pueblo; en esa primera encrucijada política, donde el real poder del cholo quedó manifiesto, la burguesía criolla salió maltrecha y apuntillada.
El Sr. Fujimori ganó ampliamente esa contienda, porque la contienda pasó a ser un plebiscito racial, un ultimátum implícito que los cholos hacían a los blancos. El Sr. Fujimori, pues, en este consenso pasó a ser el virtual cholo, el encubierto abanderado de su tremendo poder y representaba, subconscientemente, el puente, el último nexo, del poder de otra raza en su patria.
La elección del Sr. Fujimori representa veladamente la transición inevitable del poder mismo a las manos de los cholos.
El puntillazo de gracia que dio el pueblo a los blancos, a la continuidad de su hegemonía, solo puede representar una cosa; que el cholo, finalmente, ya entendió que esta patria tiene dos corrientes y que no corren paralelas al desarrollo nacional: una rica minúscula y bien educada y otra numerosa, pobre y abandonada; que el poder político de los cholos es fundamental para futuras transformaciones y logros.
El cholo ya entendió que su propio ser social, el valor de su contribución a la vida económica, tiene que evaluarse y debe traducirse en su bienestar como real acción política del estado.
Agenda política, futura:
(Es hora que la burguesía blanca, que esa burguesía que no miró más allá que el trasero de sus vacas lecheras, que ahora se arranca los pelos, que ahora se lamenta que un chino haya suplantado su posición omnímoda y que no tiene poder para detener la avalancha de cholos hacia el poder, renuncie a su predominio político).
1.- ya señalé la necesidad prioritaria de proponerse racionalmente estructurar un poder nacional, eminentemente cholo.
Todos los cholos saben que si se proponen, en un par de meses, pueden recomponer la economía y la esencia cívica y moral del poder en el Perú.
2.- los individuos deberán determinar democráticamente cuál será la influencia y acción del poder del estado y, consecuentemente, el estado no será aquel ente abstracto que determina a la distancia cual debe ser la función del individuo (de este trastrocamiento y contradicción de funciones proviene la incierta moralidad política y los escasos escrúpulos morales del estado y de sus gobernantes).
3.- se deberá estudiar con verdadera acuciosidad la moral individual, luego la moral política del universo de individuos o ciudadanos, digamos de cada raza a un conspicuo ejemplar, para ver quién con respecto al poder, con respecto a la historia, es más idóneo para gobernar el país. Cualquier juicio que se haga sobre moralidad política debe partir del previo análisis de la composición racial del poder, antes de elegirse a un candidato tiene que estudiarse su idoneidad racial.
4.- la moralidad política no debe escindirse de cualquier otra moralidad y que cualquier otra moralidad, digamos esa que proviene de la iglesia o de las religiones, deben situarse supeditadas y concernientes con la moralidad política.
5.- tienen que fortalecerse los derechos ciudadanos por encima del poder del estado. De cada individuo debe nacer el poder y la moralidad para el estado. Revertir la creencia que el estado es el ente ejecutor de la voluntad del ciudadano, que el estado representa la moral y encarna el correcto gobierno. Revertir la creencia que el estado tiene que manejar todos los aspectos de la vida humana.
6.- reducir al estado a una mínima expresión, convertirlo en mero aparato de ejecución y de administración económica, pero no de moral o de política. La Política la hace el ciudadano, no el estado. La moral debe emanar, natural, del pueblo, no del estado.
7.- convertir a ese sobredimensionado poder que adquiere un solo hombre, el gobernante, en poderes adyacentes y paralelos. Descentralizar el poder que tiene una persona y repartirlo en muchas personas, regiones e instituciones.
8.- los ciudadanos, en búsqueda de bienestar, de seguridad, no tienen que mirar mucho hacia esa Meca ilusoria que es el estado. Los ciudadanos no tienen que ver al presidente, al estado, o al poder, como centros mágicos de donde emana legitimidad, libertad o democracia.
Los ciudadanos tienen que aprender a ver al presidente como a un hombre más del pueblo, a un hombre elegido por todos porque es capaz de administrar la economía, la macropolítica, pero no la legitimidad, ni la libertad, ni la moral del pueblo.
R. P. Vassallo
bueno ...
ReplyDeletecomo no te gusta la palabra cholo
ahora va a ser
peruano caucasico?
peruano nordico?
no naa ke ver
cholos nomas y no wevees
cholo = peruano
eso significa la palabra cholo en estos tiempos, y Xoloitzcuintli es perro sin pelo
no es lo mismo ni es igual
.....
CHOLO KULIAO RESENTIDO....
ANDA A BAÑARTE Y ANDA A BUSCAR CHAMBA (JAJAJAJA) FEO KULIAO EDIONDO...
ATTE
CISTOBAL MARTINIC.
PUNTA ARENAS CHILE
Hola! llege a tu blog porque Siul Relav de El Asterisko 22 me dio este link como fuente de información para refutar un post que escribi acerca del cholo Fano en el último partido de Perú.
ReplyDeleteYa esta mas que comentado sobre la palabra cholo, lo que quiero resaltar es la connotación de la palabra, lejos de su origen o de lo que signifique desde el aspecto sociologico de nuestra sociedad, slo interesa el tono de la palabra y adonde va dirijido. Me trato así con mis amigos de una manera amable y como se su doble contexto, a alguien que recien conozco no se lo digo, porque ya es exceciva confianza. Pero olvidemonos de su fuente u origen y solo centremonos en su connotación y valor positivo para nuestras costumbres andinas.
Hola Frank Michael
ReplyDeleteLas razas y el color de la piel de las personas deberían ser irrelevantes en un país donde todos los ciudadanos son respetados por igual, sin importar la apariencia física.
Pero como Perú es un país racista, es bueno de vez en cuando mencionar las razas de las personas, para promover el orgullo racial que los peruanos necesitamos urgentemente. Los peruanos somos de origen indígena en gran mayoría, aun así seamos mezclados con otras razas, lo nativo es el árbol principal de nuestras herencias.
Pero es muy diferente esa costumbre muy peruana (y de otros países de las Américas) de tratar a otras personas mencionando su raza, es una horrible tradición. Nunca he conocido de otros países donde se salude “hola amarillo Juan, rojo Pedro, blanca Luisa, negro Raúl” Es terrible!
Creo que no hay necesidad de usar la palabra cholo. Menos aun sabiendo que es un insulto racista, tanto en el siglo XVI como hoy. Es una ofensa que no cambia con el tono de la voz por más que queramos mentirnos a nosotros mismos. Es como insultar con cariño.
Johan Fano no es un perro, que es lo que cholo significa. Fano es un indígena huanuqueño, un hombre nativo, un deportista admirable, un peruano exitoso. Por cierto, tengo familiares en la hermosa ciudad de Huánuco.
Saludos!
Es muy interesante ver como todos los que escribimos en estos comentarios somos afectados de una u otra manera por el tema. A ninguno le es indiferente para nada. De otro modo ni siquiera hubiera leido el articulo. Lo mas probable es que todos alguna vez hemos sido victimas o victimarios de esta discriminacion, mas de una vez hemos usado este argumento para avasallar a alguien, para lanzarle nuestro desprecio, y casi normalmente con alguien muy semejante a nosotros. Ahi se verifica que en el fondo ese termino manifiesta la autoconciencia negativa de nosotros mismos. Poco orgullo nacional. Mejor no usemos esa palabra.
ReplyDeleteNo entiendo el motivo de querer convertir un insulto en un elogio. Hay que ser masoquistas...
ReplyDeleteSobre este tema es algo innegable que la palabra cholo es usada para algunos como insulto y otros lo usan como trato amigable, como dicen algunos comentarios en el Perú y yo lo he visto, hay personas que tienen falta de identidad, dicen "como no nací gringo", todos somos iguales, todos valemos lo mismo, todos valemos la sangre de Cristo, ninguno puede decir yo valgo más, eso es soberbia y orgullo, y a Dios detesta a estas personas, hace falta en el Perú y en el mundo que haya personas comprometidas en servir en sus comunidades, a las familas, de orientarlas a buscar su verdadera realización y felicidad, que sólo se encuentra en Dios, ya que los valores del Reino de Dios que Jesús nos enseña en sus Evangelios, nos enseñana a como ser felices, Bienaventurados, y ya las familias que sabrían que hacer para no vivir en el desamor, lo que hace falta a la humanidad es el AMOR , porque hay vulgaridad, racismo (que es justamente lo que ocasiona que algunas personas quieran decir como insulto "cholo" a alguien) la violencia familiar, alcoholismo, drogas, pandillaje, sexo libre, si uno tiene compasión de esas personas que sufren, y tiene dolor por que no conocen a Dios, porque si a esas personas que a sus padres de sus padres nunca les han dicho "Dios te ama", que tu puedes ser felíz, que Dios te quiere ayudar a serlo, estoy seguro que esas personas dejarían de hacer lo malo y se volverían a Dios, sólo está de parte de cada uno de nosotros, hablar en nuestro trabajo, estudios, familia,a nuestros amigos, de Dios de que si vivimos aparte de Él no somos felices, medite cada uno su vida y se dará cuenta de esto. El ser humano viene de Dios y a Dios vá, un FELÍZ AÑO 2009 LLENO DE ALEGRÍAS EN ELS EL SEÑOR PARA TODOS USTEDES
ReplyDeletePrimero. Cholo no es lo mismo que chola, la chola es un personaje que se caracteriza por su vestimenta, un complemento de tradiciones indígenas altiplánicas con vestimentas netamente españolas. La chola es orgullosa de lo que es, busque en google cholita o chola.
ReplyDeleteSegundo. Cholo en Bolivia se usa para una clase social urbana que pretende desligarse de su pasado indígena, pero que tampoco encaja en las clases urbanas del todo, por lo que genera odio tanto a sus pasados indios como a sus mediáticos vecinos burgueses.
En dias pasados,un ministro aleman,muy amigo de la presidnete de dicho pais y protegido por las cupulas alemanas.
ReplyDeletelanzo un insulto a los suizos como personas,
usando el adjetivo" indio"
da lomismo decir indigena .
aqui se dice a ambos indianer.
si dices inca o aymara lo dices en general como indianer que es indio en castellano.
los suizos indignados por tal comparacion en lugar de reclamar por usar esa palabra dirigida a una raza como ofensa.
con lo de cholo estamos de acuerdo es algo en verdad denigrante derrotista.
Pero discrepo,en peru no son respetados todos por igual.
el de lima capitalino disque criollo.
humilla cada que puede al poblador andino, y hace burla de nuestro verdadero idioma materno.
si decimos de lo que lima se lleva en dinero ,de los que en realidad le pertenece a otras regiones,ya hablamos de discriminacion.
elegir un presidente asiatico,luego uno agringado ,luego un conocido aseisno refugiado en europa ,bajo la porteccion de los sistemas criminales de dichos paises.
no ensenar el quechua como idioma oficial.
que los pobres puedan acceder a las ramas mas bajas del ejercit cachaco y nada mas.
mientras que en la marina de oficiales solo entran blancos de apellido extranjero y etc.
respeto en peru? no existe ,muchos solo quieren agua para su propio molino y es mas ,la gran mayoria no se considera un verdadero indigena.
su cultura es el regeton la salsa el perreo.
triste realidad.
racismo discrinacion? la religio catolica hasta el dia de hoy lo sigue haciendo,como muchos cristianos,como todos los politicos.
y lo peor indigenas acomplejados que se vendieron como la arpasi la ves que mostro ante la tv que ingreso a la uni catolica.
gran mentira y verguenza a de darles.
Yo naci en peru,pero no me identificare jamas con lo que peru representa.
para afuera si la cultura milenaria d elos incas,pero adentro en el poder,desde judios hasta los gringos.
y el mismo pueblo se desfasa adorando a sus dioses blancos y de cabello rubio.
que somos? seres humanos ,yo soy Runa otro sera aymara otro sera coya o huanca o chanca o ashaninka.
y cada cual tiene derecho a tener educacion en su lengua y ensenar su historia verdadera y obtener beneficios de sus tierras.
pero eso jamas sucedera en peru y cada ves esta mas lejos.
han sido alienados transculturizados deformados por el sistema.
la ignorancia es atrevida,pero pudiendo obtener conocimeintos y no hacerlo es un crimen.
y otros aqui opinan que tal cosa en quechua significa otra cosa.
en fin sopa de letras rotas.no hablan el quechua real y quieren darnos clases de que chulu es cholo que significa maiz de cierto tipo.
por eso yo evito a ese tipod e gente a esos peruanos.
los detesto
llevo mucho tiempo fuera de peru ,por europa y hasta el dia de hoy por motivos de fuerza e tenido que cruzar palabras con dos peruanos,pero jamas lo haria a no ser que sea alguien libre de cadenas.
como final dejo dicho,un chileno con un peruano en un foro llamado warianos dejaron comentarios contra mi concepto de cholo que es el tuyo tanbien.
el chileno dijo;
si me dicen roto me siento orgulloso porque es parte de mi cultura chilena milenaria.
el peruano dijo lo mismo.
que si le dicen cholo esta orgulloso,porque es de los incas y machujalapichu
y ollantaytambo que cholo es de milenios.
sabes cosas como esas me hacen creer que la revolucion es solo una ilucion ,que jamas canbiara peru para mejor.
si la raiz esta podrida es solo cosa de tiempo para que el arbol muera y eso es peru hoy.
No importa tanto como te llamen, sino que o como eres.
ReplyDeleteY en cuanto a etimologias, "puta" viene de budza, sabiduría en griego clásico. Asi cambian de sentido las palabras con el tiempo.
Ni HiPóCrItA nI dEsVeRgOnZaDo
elCesar21, no importan como te llamen, pero si importa mucho como TU te definas a ti mismo, tu identidad, tu herencia.
ReplyDeleteSaludos.
Siempre tendré esperanzas en mi patria ¿Si fuimos capaces de levantar el Grandioso Imperio del TawaIntiSuyu en poco mas de 80 años?, ¿no podremos hacerlo de nuevo?. Solo es cosa que nos lo propongamos.
ReplyDeleteEl que espera la muerte no la obtendrá, tendrá que conformarse como disfrutan la vida los que la aman.
Jallalla TawaIntiSuyu
Amaru Uscamaita
es LARC_o"
ReplyDeleteme olvide de acercarte este dato.
y esto va a justificar a los espanioles que colonizaron, un poco en su origen, pero no tanto porque igual esa palabra llevaba un desprecio. los espanioles llamaban a todos perros, si un espaniol era judia, le llamaban perro judio, a otro perro araba, otro perro cristiano. creo que es como ahora aveces en la sub cultura se le llama a las mujerer de caracter bitches y antes se les llamaba witches, otra forma, cunt or ass
smart ass :que viene de smart asshole: y sabes los significados.
ya en eso entramos a linguistica y para eso tendriamos que hablar con la Tia Marta Hildebrant o Marco Aurelio DeNegri. Los chilos ofencivos que serian perros araucanos? con el debido respeto de los araucanos, la gente que entra a insultar subsetibilidades "bullies"
sufren mucho, no pertenecen a ningun lugar, solo a sus mentes basuras de ego. Los chilenos son tan mestizos como los peruanos. y por que existan indios andinos y amazonicos, eso no los hace ser superiores, si el alma la tienen de basura, viva el peru, y chile lindo gracias a Neruda y Jara
Estaba buscando por Google algún enlace buscando algún grupo de danzas o cultura peruana en Miami (donde actualmente resido), y me encontré con este blog interesante y polémico a la vez.
ReplyDeleteComo diría un amigo mío: "Las cosas hay que tomarlas de donde o de quien vienen". Así, la palabra "cholo" ha desatado pasiones y polarizado a los que han opinado hasta el momento, y personalmente, yo no lo veo más como algo ofensivo; al menos ya no la utilizo de manera despectiva como anteriormente confieso sí lo he hecho.
Coincido sobre todo con la opinión de "LARC_o", quien nos ha ilustrado un uso muy común de la palabra "perro", ergo, la desvirtuación de la palabra "cholo". Los españoles, sobre todo los de baja estofa (de la que lamentablemente descendemos más del 70% de nuestro Perú, sea legítima o ilegítimamente), debido a su escasa instrucción y gran ignorancia, trataban de lo peor a quienes no eran como ellos, ya que hay que recordar que estos otrora ladrones, vagos, criminales, gracias a la conquista y subyugación de una majestuosa y por lo menos casi ideal civilización como fue la Inca, crearon con todo lo que saquearon, una clase seudonoble, autoproclamándose virreyes, condes, y demás títulos imaginables, dominando a quienes antes fueron nobles a su vez, volviéndolos esclavos y tratándolos como a perros sarnosos.
Recordemos tan sólo en las Tradiciones Peruanas de Ricardo Palma, cómo los españoles trataban a quienes no eran de su etnia ni nacionalidad! El Virrey Amat, quien tuvo de amante a una actriz teatral mestiza, Micaela Villegas, la llamaba "perra chola!", tanto de cariño como cuando estaba enojado o celoso. Todos la conocemos como "La Perricholi" y así quedó en la Historia del Perú per secula seculorum.
Ahora díganme todos: Alguna vez han visto a algún andino de pelo en pecho o velludo como un lobo? Verdad que no? Entonces el término CHOLO es válido si lo vemos en ese aspecto, porque físicamente no tienen vellosidad como la tendría un europeo o incluso mediterráneo, árabe o de Medio Oriente.
Yo soy mestiza, negra sacalagua por parte materna (mi abuela es negra y mi abuelo era mestizo-criollo), y chola andina serrana por parte de mis abuelos paternos (mi abuela era de Aija, parienta de los Antúnez de Mayolo, y mi abuelo era de Huaraz), y no me averguenzo de ninguna de mis raíces.
Lo que me indigna es de la doble moral que aún existe en mi país, la falta de oportunidades para gente verdaderamente talentosa y que podría hacer mucho por la nación, no necesariamente en lo político, sino en todos los aspectos. Por ello se van a probar suerte donde sí los valoren verdaderamente.
Me molesta que mis compatriotas solo vivan acostumbrados a hacer lo malo y no lo bueno, al pesimismo en vez de tener una mente positiva, a creer que tan solo con odios y resentimientos se podrá salir adelante y se podrá progresar.
Ahora, acá se ofenden mucho por lo "cholo"... y qué pasa con los afroperuanos? Acaso no son víctimas de la discriminación también? Y creo que mucho más que los andinos.
Claro, si a tí te llaman cholo de la forma más despectiva y humillante, sí te doy la razón por enojarte, como a mí me llamaban "negra" de la misma manera. Pero si ambas palabras vienen con cariño, pues hay que recibirlas con cariño. De lo contrario, ignóralos. Como diría el Quijote: "Ladran, Sancho, es señal que avanzamos"
Felicito a Uscamaita por emplear palabras en nuestro idioma Quechua-Runa Simi, que realmente es hermoso escucharlo y que lamentablemente nuestros compatriotas se averguenzan de usarlo ni bien llegan a la capital. Es entendible. Sería bueno hacer campañas para concientizar sobre todo a los limeños que nuestra lengua heredada del Incario (y aún más atrás) es lo más bello que hay, y que ser cholo o mestizo no es ni delito ni pecado.
Recuerden: El enemigo de un peruano es otro peruano. Si seguimos así, el Perú quedará desierto!
Te cito Carlos:
ReplyDelete"Los peruanos como sociedad diversa, debemos evitar usar insultos racistas en todo lugar. No debemos promover la ofensa disimulada en nuestra cultura, medios, libros, películas, música, etc. Debemos recordar que existe una relación directa entre el orgullo nacional y el progreso de los pueblos, por eso podemos fomentar nuestra nacionalidad usando un insulto racista"
(este post)
Y acá, te vuelvo a citar:
"Mi nuevo canal es PeruanistaBlog. En la lucha, Peruanista el racista reverso."
(http://grancomboclub.com/2009/07/youtube-suspende-cuenta-a-bloguero-peruano.html#comments)
Total... ¿en qué quedamos?
Es simpático escribir posts cómodamente viviendo en las entrañas del Imperio y hablando inglés, mientras acá en el país nos fajamos para sacarlo adelante. No veo absolutamente nada malo en emigrar en busca de superación, pero no me parece coherente o consecuente el hacerlo a un país al cual dices despreciar.
Y también es fácil decir que debemos evitar usar insultos racistas y de ahí firmar comentarios como "el racista reverso".
Adelante peruanista, sigue educando con la verdad y harás libre a millones de peruanos.
ReplyDeleteUn hermano
Las palabras cambian de significado. Si se puede coger una palabra con orígenes ofensivos, y darle un nuevo uso y connotación, entonces no veo cuál es el problema.
ReplyDeleteHola,la palabra cholo es usada de diferentes maneras: cuando la usas para insultar a alguien;cuando lo usas para hablar sobre la raza o para explicar cual es la alienacion de un campesino de la sierra, cuando viene gente de la sierra y va adquieriendo costumbres limeñas esta en una proceso de choloficacion, por eso se les llama cholos.
ReplyDeleteSi, definitivamente se trata de evolucionar, recuerdo de niño haber usado esta palabra en forma ofensiva hasta arrancar lágrimas a una trabajadora del hogar, y también recuerdo haber sido discriminado en una discoteca en Barranco allá por los años noventa. En mi experiencia es fea la palabra y por eso decidí desaparecerla de mi experiencia personal.
ReplyDeleteDe otro lado es cierto lo que dicen que las razas no existe, y bueno decirles que en menos de 2 años se demostrará que las culturas de los andes son la combinación de todas las etnias y culturas de todas partes del mundo desde que el hombre existe. Si, el hombre andino es un hombre sin raza, sin color, su forma es la forma del barro de las montañas y las estrellas es todas culturas en un solo hombre; y esto que no nos asuste que en muy poco tiempo (menos de 2 años)se demostrará por si solo sola
Ya basta de cholos bagres y cholos comunistas y cholos "patriotas", basta de "Omala precedente", de cholas amorfas, achoradas y machonas ...¿Qué es peor que la choledad? => Ser cholo y gay.
ReplyDeleteHola, para el peruano que escribió el aclarador mensaje anterior y que imagino tiene sangre aria pura (de lo contrario sería desprecio propio) le doy un fuerte: Heil Hitler!!!.
ReplyDeleteEn cuanto al tema: la palabra cholo es invento colonialista español, es decir, de foráneos ladrones y genocidas. ¿Tan poca dignidad tenemos los peruanos para aceptar que esos u otros nos pongan pseudónimos como si animales o plantas fuésemos? ¿es que seguimos siendo esclavos de algún rey del otro lado del océano o de sus neosúbditos los cipayos vernáculos?
Aborígenes saludos.
YO CREO QUE AQUI LOS MAS DUEÑOS DE ESTE PAIS PERU SON A LOS QUE LE LLAMAN CHOLOS Y SERRANOS Y DE ESOS CHOLOS Y SERRANOS VIVEN MUCHA GENTE QUE SE AVERGUANZA DE SU LINAJE Y SI NO ESTAN CONTENTOS DE VIVIR EN UN PAIS QUE ES HERENCIA DE LOS INCAS QUE DEJARON PARA SUS HIJOS QUE SON LOS SERRANOS, SELVATICOS Y PARA LOS QUE CON ORGULLO ACEPTAN DE DONDE VIENEN :) PUEDEN IRSE DE DONDE CREEN QUESON :)LAS PUERTAS DE LA CASA DE MI PADRE ESTAN ABIERTAS PARA EL QUE QUIERA SALIR Y ENTRAR, PERO CON RESPETO A SUS HIJOS..EL PERU TIENE QUE CAMBIAR DECIMOS SOMOS LIBRES PERO SIN EMBARGO MUCHOS QUE NI TIENEN SANGRE INCA SIGUEN OPRIMIENDO A LA RAZA PRIVILEGIADA QUE SON LOS HIJOS DIRECTAMENTE DE LOS INCAS Y DESCARADAMENTE LO HACEN EN SU PROPIA CASA..BASTA YA DE TANTO MALTRATO Y RACISMO TENEMOS QUE ENTREGARLES SU IDENTIDAD A NUESTROS HERMANOS QUE CON AMOR COMPARTEN CON NOSOTROS LA HERENCIA QUE DEJO SU PADRE EL INCA.
ReplyDeleteSOY DESCENDIENTE DE INCA Y NO SOY CHOLO NI INDIO, INDIOS SON LOS DE LA INDIA...SOY INCA Y PERUANA AMO MI RAZA Y A MI GENTE.. GENTE ACOMPLEJADA NO NECESITA MI PAIS....
Rescatemos nuestra identidad ya no somos esclavos de los españoles y no somos esclavos de los que nos cholean, este pais es de mis ancestros y nos dejaron de herencia a los que sabemos de donde venimos y donde vamos, yo tengo identidad y tu de donde vienes?, te crees español u otra raza?, te apestan los incas? las puertas estan abiertas puedes irte. mis hermanos serranos, selvaTICOS pueden caminar por DONDE ELLOS QUIERAN, porque esta es su casa, NO TE GUSTA PUES PUEDES IR A DONDE CREES QUE TU PERTENECES...
ReplyDeleteSI MIS HERMANOS ESTAN COMO ESTAN ES PORQUE AUN EXISTE LA MARGINACION DEPARTE DE LOS COSTEÑOS DICEN QUE SON OTRA RAZA Y QUE HACEN EN LA CASA DE MI PADRE? NO TINES CASA? SI NO TINES CASA PUES TENDRAS QUE AGUANTARNOS EN SILENCIO, PERU ES HERENCIA DE INCAS NO DE ESPAÑOLES EUROPEOS..la gran mayoria de costeños mesclados con otras razas son acomplejados y se sienten menos y se sienten mas ante la raza inca, me da lastima de esas personas porque parecen monos y su vida esTA LLENO DE COMPLEJOS..aqui les dejare a un español que le gusta nuestra cultura, para que se den cuenta que todo esto es complejo de si mismo..
A LA gente de otros paises les gusta nuestra cultura y nuestros hombres con rasgos incas, pero aqui somos marginados por unos cuantos acomplejados... graCIAS MIKI GONZALES POR TU AMOR A MI PATRIA..http://www.youtube.com/watch?v=ShY771-ohKg
"si queremos q no nos traten de CHOLOS pues adoptemos la costumbres de lo costeño" ???? eso quiere decir que el costeño es el unico lindo?? que la variedad y riqueza de la sierra y selva es feo?? ...que alienado!!
ReplyDeletesoy de tez blanca con algun razgo mestizo, y me siento tan CHOLO como la persona que vive en las alturas y tan CHOLO como un costeño, APRENDAMOS A VALORARNOS A NOSOTROS A LO QUE SOMOS A VALORAR NUESTRA CULTURA, SENTIRNOS ORGULLOSOS DE SER PERUANOS Y ORGULLOSOS DE LA GRAN DIVERSIDAD DE ETNIAS QUE HAY EN NUESTRO HERMOSO PAIS ... ES LA UNICA MANERA DE CRECER.
ORGULLOSISIMO DE SER PERUANO/CHOLO/SERRANO/COSTEÑO/SELVATICO/
ORGULLOSISIMO SE MI MACHUPICCHU/MISTI/CAÑON DEL COLCA/AMAZONAS/DE LOS BARRIOS LIMEÑOS/DE MI OSEANO PACIFICO
CARAJO VALOREMOS LO QUE SOMOS ... SOLO ESO NOS VA A HACER LIBRES Y MEJORES .....
GRACIAS A DIOS QUE NACI EN PERU TIERRA DE LOS INKAS CON PASADO, CON DIVERSIDAD Y CON MUCHA GARRA !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
NO CAMBIARIA EL SER PERUANO POR NADA EN ESTE MUNDO
"si queremos q no nos traten de CHOLOS pues adoptemos la costumbres de lo costeño" ???? eso quiere decir que el costeño es el unico lindo?? que la variedad y riqueza de la sierra y selva es feo?? ...que alienado!!
ReplyDeletesoy de tez blanca con algun razgo mestizo, y me siento tan CHOLO como la persona que vive en las alturas y tan CHOLO como un costeño, APRENDAMOS A VALORARNOS A NOSOTROS A LO QUE SOMOS A VALORAR NUESTRA CULTURA, SENTIRNOS ORGULLOSOS DE SER PERUANOS Y ORGULLOSOS DE LA GRAN DIVERSIDAD DE ETNIAS QUE HAY EN NUESTRO HERMOSO PAIS ... ES LA UNICA MANERA DE CRECER.
ORGULLOSISIMO DE SER PERUANO/CHOLO/SERRANO/COSTEÑO/SELVATICO/
ORGULLOSISIMO SE MI MACHUPICCHU/MISTI/CAÑON DEL COLCA/AMAZONAS/DE LOS BARRIOS LIMEÑOS/DE MI OSEANO PACIFICO
CARAJO VALOREMOS LO QUE SOMOS ... SOLO ESO NOS VA A HACER LIBRES Y MEJORES .....
GRACIAS A DIOS QUE NACI EN PERU TIERRA DE LOS INKAS CON PASADO, CON DIVERSIDAD Y CON MUCHA GARRA !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
NO CAMBIARIA EL SER PERUANO POR NADA EN ESTE MUNDO
La palabra cholo la puede seguir usando el que quiera en cualquier sentido que deseen, pero identificar lo peruano con lo cholo, me parece ABSURDO, antes de ser chinos, blancos, negros, indios, mestizos,etc. somos peruanos, eso es lo que nos une, identifiquémonos como tales, por que utilizar una palabra que tiene una connotación mayormente negativa. No somos cholos, somos PERUANOS y punto.
ReplyDeletede Luis
ReplyDeletePeruanista te felicito por tu blog, ya antes tambien habia oido en la radio RPP, el argumento que cholo significaba perro chusco, por ese motivo no me agrada usar esa palabra con cualquiera de mis compatriotas, ya que tiene un origen racista y ademas varias personas lo usan con desden hacia las personas
peruanista te invito a participar en un foro que habla sobre "¿si los peruanos somos racistas?"
el link es:
http://www.forosperu.net/showthread.php?t=134518&page=11
o este otro foro donde se habla sobre el racismo en los comerciales de tv abierta:
http://www.forosperu.net/showthread.php?t=116941&page=62
La palabra cholo la puede seguir usando el que quiera en cualquier sentido que deseen, pero identificar lo peruano con lo cholo, me parece ABSURDO
ReplyDeleteEs duro para mi aceptar que cholo sea algo despectivo. Vivo en Francia poco mas de año y medio y sigo reinvindicando el significado de cholo como mezcla y queyo me siento chola pues soy mestiza, que en Perú somos todos cholos, asi no lo quieran.En mi casa utilizabamos cholo con orgullo, mis cholos, mis hijos o la gente que quiero y puedo comprar; cholita; como decir nenita, y en fin para dar muestra de cariño y familiaridad. Luego en la universidad me di cuenta que efectivamente hay gente que piensa que es malo. Yo seguire con el uso positivo que se daba en mi casa. :D me causa orgullo sentirme chola; como me decían mis papis. Nadiux.
ReplyDeletemmm q uses la palabra cholo como algo bueno y no sepas q sea malo es k nunca te han dicho seguro cuando has hecho algo malo..y te dicen..cholo de m..tenias q ser..entons te daras cuenta de q tan despectivo es esa palabra...
ReplyDeleteqe_21mus
las definiciones dependen del contexto tanto de tiempo y lugar, pero yo pienso que sí, los peruanos somos cholos porque somos una mezcla de todas las etnias, no hay autenticidad somos una fusion de todas las culturas y eso nos hace ricos, como dice el dicho el que no tiene de inga lo tiene de mandinga y esa es la verdad. lo feo es cuando un cholo insulta a otro cholo, valgan verdades, quién en mi Perú puede decir que es castizo. El hecho que uno tenga un bonito apellido o que tenga plata o tenga un color clarito no es más que parte del azar de este mundo, en seres superiores como nosotros la raza no existe solo la especie y que quede claro que sólo existe una y sentirnos orgullosos de nuestra naturaleza con todos los defectos que es ser de la especie humana.
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